Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE MAYO DE 1659
(Número 397)

He podido demostrar que hay ratas que valen más que algunos humanos.
Alain de la Débâcle

GACETA MILITAR

LLAMADA A LAS ARMAS

Tras el éxito de la pasada campaña de verano, que ha acabado de llevar al Reino de España a la mesa de negociaciones, el Ministerio de la Guerra convoca las siguientes unidades para acabar de convencer a los enemigos del Reino de Francia de que no les conviene seguir siéndolo:

  • Brigada de Guardias
  • Brigada Montada
  • Brigada Pesada
  • Brigada de Dragones
  • Primera, segunda, tercera y cuarta Brigadas de a Pie

Como siempre, el Mariscal de Francia dará los datos sobre su despliegue y organización.

En nombre de Su Cristianísima Majestad Louis XIV:

Renné, Conde Nade, Ministro de la Guerra

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

El tiempo pasa lentamente para Alain de la Débâcle y Renné Gade. El Gobernador Militar de París, consciente de ello, les ha permitido reunirse un rato por las tardes, ya en la celda de uno, ya en la del otro, para jugar interminables partidas de ajedrez. Cuando éstas terminan, Alain De La Débacle enseña nuevos trucos a Nickel y De Haro, las dos ratas de las que se ha hecho amigo y que aparecen sin falta cada noche a buscar su parte de la cena que Alain recibe puntualmente.

* * *

El sargento La Mouche abrió con cuidado la puerta de la buhardilla de De la Débacle. A las primeras luces del alba, la estancia ya se veía cálida e iluminada.

-Es una habitación con mucho sol, mi teniente. Cuando no está nublado -la elocuencia del veterano sargento siempre hacía sonreír a François Fronsac-.

-Ya veo, no como la mía, que sólo tiene un ventanuco que da a un patio interior. Qué le vamos a hacer, al menos no tiene goteras -dijo Fronsac con resignación-.

El cuarto de Alain era muy austero, muy militar. Olía a cuero, sebo y tinta. Su cama estaba hecha de manera meticulosa y lisa. Sobre ella descansaba una espada, herencia familiar, un espadín para los actos sociales y un rapier con no pocas estocadas en la cazoleta. Su uniforme de Mayor de los Dragones del Gran Duque Maximiliano de Valois estaba también extendido sobre la cama. Sin una sola arruga.

Junto a la única ventana del cuarto, estaba la maceta con la siempreviva.

-No necesita mucho riego en esta época del año, pero sí mucha luz -comentó La Mouche mientras comprobaba si la planta estaba bien-.

-Cierto sargento. Parece que sabe de plantas...

-No siempre fui soldado, mi teniente -dijo con una franca sonrisa-.

-Me llamo François, La Mouche. Cuando estemos a solas o con el mayor puede saltarse las formalidades.

-A sus órdenes mi... François -dijo el veterano un poco azorado pero con una tímida sonrisa-.

La planta estaba en perfecto estado. Era una variedad de las montañas del sur de Europa. François las conocía de su tierra. Al igual que La Mouche, el joven teniente era de origen campesino. Aun así, el veterano comprobó que la tierra de la maceta no estuviera seca.

Mientras, François se acercó a la mesita de noche para echar un vistazo a tres libros que parecían ser las lecturas de cabecera de Alain.

-La siempreviva está más viva que nunca -dijo La Mouche satisfecho-.

-El Mayor estará contento -dijo François, mientras hojeaba uno de los libros-. Es muy cuidadoso con la planta. Creo que se trata de un regalo de una persona importante.

La Mouche dejó la planta y se acercó a François con el semblante serio.

-No sé yo, con esto del juicio. ¿Cree que todo irá bien? -dijo La Mouche sinceramente afectado-.

-Yo siempre he confiado en la Justicia de Dios y del Rey. Son los que la aplican los que me preocupan. Los hombres con mucho poder y ambición pueden hacer tanto el mal como el bien, según les interese... -François cerró el libro-. Conozco bien al Mayor y la única ambición que le mueve a él es la misma que nos mueve a nosotros: servir al Rey y a Francia.

-Intentando, dentro de lo posible, no morir en el intento -añadió el sargento, guiñándole un ojo al teniente-.

François no pudo contener la carcajada.

-La Mouche -dijo el joven teniente mientras cerraba la puerta de la estancia al salir-, -Creo que éste es el inicio de una buena amistad.

-Por cierto mi teniente -justo en ese momento se acercaban un par de Dragones y La Mouche volvió a las formalidades del rango-. ¿Qué libros tenía el Mayor en la cabecera de su cama?

François alzó la vista pensativo.

-Una Biblia, el Maneige Royal de De Pluvinel y las Meditaciones de Marco Aurelio. Sin duda el Mayor aceptará su destino como lo que es: un caballero.

* * *

A primera hora de la mañana, con las incipientes luces del alba, Charles Batz-Castelmore, escoltado por varios de los mejores hombres del Mayor de los Mosqueteros del Rey, condujo al Cirujano Claude François Félix de Tassy y a Marie Dupont como auxiliar hasta las dependencias donde se encontraba Olivier Montoya. Por temor de que aquellos que atentaron contra el herido volvieran a aparecer y quisieran acabar con la vida del Mayor Montoya, los mosqueteros tomaron posiciones e inspeccionaron los aledaños. El cirujano y su ayudante examinaron al Mayor Montoya y realizaron las curas necesarias.

Tras los cuidados al Mayor, se pudo acreditar que: "Las heridas de Montoya son claramente fruto de una paliza de varios, y son lo bastante graves como para pensar que alguien ha intentado acabar con él de manera definitiva, y se ha salvado por los pelos. Nadie se autoinflige tal daño, ni siquiera por encargo. Podría haber muerto si no lo hubieran encontrado a tiempo".

Charles habló con Olivier y le presentó sus respetos:

-Tengo que seros sincero, y esperaba que hubierais exagerado sobre la gravedad de vuestras heridas. Albergaba la pueril idea de que sois como un trovador, con la tendencia a sobreactuar para darle siempre ese toque dramático a vuestras actuaciones. Había contratado los servicios del cirujano para que os atienda todo este mes, y los que fueran menester hasta que os recuperéis plenamente. Si necesitáis un lugar mejor para recuperaros, y con más seguridad para evitar otros ataques, hacedmelo saber.

Esa misma tarde, mientras Charles practicaba en la galería de esgrima de su palacete con su maestro Le Perche du Coudray, le propuso a éste su ayuda para el Salón Literario de la tercera semana:

-Me gustaría que nos ayudarais a dar unas pequeñas nociones de esgrima a las damas que lo deseen, y celebrar una especie de torneo con armas sin filo y con punta roma para aquellas que tengan apetencia de probar.

El maestro de esgrima aprobó la idea y dio al Vizconde una sorprendente información:

-Sabed que tengo varias damas entre mis mejores alumnas; de hecho, la mejor de mis alumnas es una dama distinguida y supera con creces las habilidades de los mejores esgrimistas del país. Las mujeres tienen mucha más flexibilidad, son hábiles, y gustan más del dominio de la técnica y la táctica que de la fuerza... Su capacidad de concentración es más elevada y no se confían. Vuestra esposa es un ejemplo; es una gran espadachina.

El Vizconde de Castelmore dio un respingo que le hizo perder la posición al oír la referencia a su esposa.

-¿Ingrid?, exclamó con gran sorpresa.

-¿Acaso tenéis otra esposa? -rió Le Perche divertido ante el sobresalto del noble, y aprovechó el desconcierto de éste para atacar la defensa desprotegida de su alumno.

-Lo que más me sorprendió fue la respuesta de la vizcondesa, cuando me pidió que le diera clases y yo le pregunté a qué se debía su interés y qué buscaba lograr: "Si matan a mi marido, quiero ser capaz de vengarlo y acabar con su rival".

* * *

A eso del mediodía, Le Comte de Parrot había salido a la gran terraza de su palacete para descansar tras sus múltiples quehaceres matinales. Un momento perfecto para fumar en pipa mientras dejaba vagar su mente en la distante contemplación del Viejo Puerto de Marsella en bullente actividad, los rayos de sol que relampagueaban sobre la superficie del agua y lanzaban destellos en las embarcaciones, más el arrullante bullicio de un pandemonium de voces lejanas, que parecían cantar, procedentes de los muelles.

Tan apacible momento de holganza fue interrumpido de manera abrupta por una serie de rebuznos espeluznantes, lo que obligaría al conde a asomarse al parapeto de la terraza a fin de descubrir el misterioso origen de semejante escandalera, pues aquellos tremebundos roznidos parecían provenir de algún lugar cercano dentro de los límites de la finca. ¿Y no escuchaba también los iracundos berridos de Gastón, una octava más agudos, de fondo, casi imperceptibles? Bastó con inclinarse sobre la balaustrada para localizar inmediatamente a su criado que, en efecto, estaba dando voces y gesticulaba con los brazos en alto frente al arco de entrada a los jardines de la mansión. Al otro lado de la entrada se encontraba el responsable de los rebuznos, y a horcajadas del asno iba sentado un hombre que llevaba una manta abigarrada de lentejuelas sobre los hombros y parecía tocar una flauta de pan despreocupadamente. Si los ojos del conde no le mentían, a pesar de la distancia, aquel hombre sujetaba la zampoña con sus pies desnudos. Junto a ellos un zagal de aspecto harapiento, no mucho mayor que sus vástagos, bailaba algo parecido a una zarabanda.

Para cuando le Comte Parrot terminara de examinar, desde lo alto de su baluarte, las cataduras de los forasteros, el bueno de Gastón atravesaba raudo los jardines de regreso a la casa, con paso desairado, hablando consigo mismo.

El conde aprovechó la circunstancia para darle una chupada introspectiva a la boquilla de cuerno de su elegante pipa, sumido en la expectación, cuando una voz inequívocamente femenina, graznó trémula y dulcemente: "¡bonjour!" a sus espaldas, provocando que se tragara la bocanada y el humo le saliera por la nariz. Al girarse y voltear la vista sobre su cabeza, vio que una corneja negra se contoneaba en el alero del tejado y le miraba con aire divertido.

-¡Bonjour, querido! -graznó de nuevo el pajarraco con voz de señora, y de un salto alzó el vuelo en un corto aleteo, para descender planeando hasta posarse con suavidad en el hombro del joven que un momento antes bailaba junto al borrico y que ahora deambulaba por el jardín seguido por el hombre sin brazos y su asno, camino de la mansión. Para cuando Gastón encontró al conde Parrot en el mirador, los extraños visitantes ya habían visto al señor conde y le hacían señas desde abajo mientras se acercaban a la casa.

-No he podido detenerles, señor-intentaba explicarse Gastón-. Son gitanos, de la familia Dulac, padre e hijo, o eso dicen. El padre afirma haber servido a vuestras órdenes en el ejército de Su Majestad, pero quién puede fiarse de los gitanos... Quieren que les...-antes de que el lacayo del conde terminara la frase, una voz retumbó a los pies de la atalaya.

-¡Se presenta el subalterno Dulac del Tercer Batallón de los Cadetes de la Gascuña, Compañía E! Os ruego que me disculpéis por no saludaros como mandan las ordenanzas, mi coronel, mas como podéis ver....-clamó el patriarca, encogiéndose de hombros al tiempo que mostraba los muñones de sendos brazos.

-¿Qué son esas voces, mi querido tío? ¿Alguien ha mencionado a los Cadetes de la Gascuña?

Del interior del palacete salió a la terraza la sobrina del Comte, Dominique Valmont, Marquise de la Garrigue, con un bebé en el regazo. Monsieur Le Comte Parrot besó a su sobrina en la frente.

-Así es, mi querida Dominique. Dejad a la criatura en la cuna al cuidado de vuestra aya, y reuniros con nosotros en el salón si tan deseosa estáis de escuchar las mismas viejas historias que vuestro difunto padre os contara cuando todavía erais una niña-respondió el conde atajando la curiosidad de su sobrina, al tiempo que volvía a inclinarse sobre la balaustrada del mirador para decirles a los de abajo:

-Monsieur Dulac, os recibiré en la entrada principal. ¿Ese asno es vuestro? Diré que lo lleven a las caballerizas y que le den un buen baño mientras hablamos.

Una vez se hubiera ido su sobrina, Le Comte, dirigiéndose a Gastón, quien aún resoplaba detrás suyo un tanto malhumorado, añadió, a sotto voce:

-Gastón, id a buscar al sinsustancia de su esposo, puede que también quiera unirse a tan inesperada visita. Sosegaos, amigo mío, creo que conozco a ese hombre... Y después de haberos sosegado-prosiguió el noble caballero, ya camino de las escaleras a la planta baja- acercaos por la bodega y traednos un par de botellas de nuestra mejor añada. Estos viajeros estarán sedientos.

Mientras aguardaban en la entrada del palacete la aparición del señor de la casa, padre e hijo parecían despedirse.

-No puedo quedarme, padre.-decía Malartic-Debo regresar a Paris cuanto antes, la vida del Capitán Montoya corre serio peligro... es un largo viaje, y el tiempo apremia.

-Lo comprendo, Malartic, pero tu madre, tu hermano mayor y tus hermanas, y todos en la familia, se llevarán un gran disgusto cuando me vean llegar a Saintes Maries de la Mer sin tí- respondió el patriarca con una sonrisa benévola en su atezado rostro, sus dientes de oro centellearon bajo los rayos del sol del mediodía.

-Cuando lleguéis, ofrendad esta cruz a mis santas patronas y hacedme el favor de pedirles que protejan a quien me la confió-respondió el muchacho al tiempo que ajustaba al cuello de su padre la cadena del crucifijo que le había dado el Mayor de los Cadetes, la última vez que le viera, antes de emprender el viaje.

En ese momento, el conde Parrot se presentó ante ellos con majestuoso porte y la humeante pipa.

-Monsieur Dulac.

-Excelencia. Os presento a mi hijo, Malartic, quien ha querido acompañarme en este viaje para conocer a mi antiguo coronel en persona-le informó el mentado con una ligera reverencia. El muchacho hizo lo propio como respetuoso saludo y, tras abrazar a su padre, partió de inmediato, con la misteriosa corneja todavía en su hombro, quien se despidió burlonamente de un par de pequeños gatos monteses africanos que retozaban en los jardines y la miraron de reojo al pasar, con otra sonora carcajada.

-¡Bonjour, querido! Ja Ja Ja... ¡Bonjour! ¡Bonjour! Ja Ja JaJa -repetía sin cesar hasta que les perdieron de vista. Dukker Dulac se volvió a su ilustre anfitrión:

-Ah, Malartic, Malartic.... Es un buen muchacho, y dice querer seguir mis pasos, pero su camino es otro muy distinto al mío. ¡Un espíritu libre, mi Coronel! ...tal vez demasiado para servir en el ejército, aunque fuera en los Cadetes de la Gascuña. Por cierto, el burro se llama Mazarín y es un obsequio para vos.

Ante esta última revelación, el Comte casi se atraganta otra vez con el humo de la pipa y no pudo reprimir la risa más que unos segundos antes de estallar.

-¡Magnífico! Una lástima que vuestro hijo no pueda quedarse. En fin, ¿Así que el subalterno Dulac del Tercer Batallón? Decidme ¿perdisteis los dos brazos en campaña? -quiso saber el señor conde mientras ambos entraban al palacete.

-En la del 38, en el paso de Roncesvalles, mi Coronel.

-¡Qué tiempos aquéllos! Los mejores años de nuestra vida.

-Si vos los decís, mi Coronel... Sí que lo fueron. Mas no volverán.

El Comte Parrot asintió.

-Seguidme, charlaremos más cómodos en el salón. ¡Qué alegría! No siempre tengo ocasión de recibir en esta apartada villa a un viejo soldado como yo, y aún más raro que haya combatido bajo mi mando hace tantos años... -ya se le antojaba al señor conde que se había despertado con una inexplicable sensación de nostalgia que le había acompañado toda la mañana- Así que conversemos, Monsieur Dulac. ¡Y bebamos!... ¡Gastón! ¡¿Dónde están esas botellas de vino?!

-Enseguida vienen, Excelencia -se oyó la respuesta desde la bodega-. Estaba acomodando a Mazarín.

Desde las cuadras, como si lo hubiera oído, Malherbe rebuznó. Bueno, el nuevo lugar no estaba mal, y mientras la comida no faltase, el cambio de nombre era lo de menos...

* * *

Segunda semana

La semana comenzó con una velada en L'Epée D'Or en la que participaron Léo Hardy le Castel con Catherine Dubois, Phillipe Le Clothes Du Lacoste con Anne Lefèvre y Thibaut Cul-de-sac con Madeleine Dubois. Obviamente el tema de charla fue el juicio que había de celebrarse en un par de días: conjeturas, pronósticos, opiniones... Los dos encausados fueron juzgados, condenados y absueltos varias veces a lo largo de la conversación, hasta que el encargado del club les recordó amablemente que era hora de cerrar. Tan metidos estaban en el asunto que el anuncio de la hora les sorprendió sobremanera. Las tres parejas se recogieron dispuestas a esperar acontecimientos.

* * *

Finalmente llegó el día en que Su Excelencia el Ministro de Estado juzgaría los delitos de traición presentados por el nuevo Teniente General de la Policía. La sala estaba llena a rebosar de testigos, familiares de los acusados, y simples curiosos. Tras la entrada de Cael de Rouen y las formalidades de rigor, el Ministro dio la sesión por iniciada.

André du Guerrier, en calidad de Teniente General de la Policía, se puso en pie y se acercó al estrado. Tras una breve reverencia al Tribunal, comenzó su alegato:

-Excelencia:

»Como sabéis, en aras de salvaguardar la estabilidad de la Corona y la integridad de nuestras fronteras, tomé la decisión de proceder a la detención formal de Renné Gade, Conde de Nadé, así como de un cómplice de baja ralea, Alain de la Débâcle.

»No obstante, Excelencia, permitidme hablaros con la franqueza que mi nuevo cargo y nuestra común devoción al Reino me imponen. Somos conocedores de que la ambición del Conde de Nadé ha crecido en los últimos meses de manera desmedida, llegando a proyectar sombras que pretendían oscurecer vuestra propia labor como Ministro de Estado. Su conducta no sólo ha sido errática en lo militar, sino potencialmente amenazante para la jerarquía institucional que vos representáis. Para que quede constancia en las actas, doy lectura al pliego de cargos que en su día os remití:

»HECHOS IMPUTADOS:

»El Ministro dicta y firma un Edicto Ministerial ordenando el arresto inmediato de Olivier Montoya (capitán de los Cadetes de Gascuña), imputándole deslealtad y posible infiltración.

»Dicha orden no llega a ejecutarse materialmente, pero produce diversos efectos operativos directos:

  1. »Paralización de las misiones de inteligencia en frontera
  2. »Degradación y apartamiento funcional del agente
  3. »Pérdida temporal de flujo informativo estratégico sobre movimientos españoles

»En ese momento existía una operación encubierta altamente sensible en el frente pirenaico, cuyo éxito dependía de la cobertura religiosa de Montoya como hermano lego.

»La operación había sido mantenida en secreto por riesgo de filtraciones en la Corte y por sospecha de la presencia de espías.

»A pesar de algunas aclaraciones sobre el valor militar y el control de la misión, el Ministro persistió en su postura y sostuvo el arresto.

»La conducta ministerial impidió temporalmente una capacidad de inteligencia imprescindible en contexto de guerra activa contra España.

»Por lo anteriormente expuesto, se pide a este Tribunal que se imponga al acusado Renné, conde Nade, la pena siguiente:

  • »Declaración de culpabilidad por traición funcional y abuso grave de cargo.
  • »Privación de oficio, honores y capacidad de mando.
  • »Pena ejemplar conforme a prácticas del reino (destierro, prisión perpetua o pena capital, según severidad que considere oportuna este Tribunal).
  • »Reparación institucional: restitución del honor y grado de servicio de los agentes perjudicados por el edicto.

Adicionalmente y sin relación directa con la sentencia, esta Acusación sugiere la creación de un protocolo reservado para operaciones encubiertas en frontera, con el fin de evitar que posibles actos de traición futuros puedan excusarse pretextando falta de información.

»Eso es todo en cuanto al conde Nade se refiere, Excelencia. Con vuestra venia, paso a exponer los cargos que se imputan al acusado Alain de la Débâcle:

»En los Pirineos, una patrulla al mando de Alain de la Débâcle interceptó a una comitiva de jesuitas españoles. Tras registrar sus pertenencias, el acusado se apropió de 1.000 coronas contenidas en un cofre. La sustracción se produjo bajo intimidación armada, pues el acusado admite que la resistencia de un jesuita cesó al verse encañonado por pistolas. El propio acusado reconoce por escrito que esa cantidad fue "incautada" y repartida: él conservó 600 coronas y el resto las distribuyó entre sus hombres.

»Pese a requerimientos posteriores de devolución, no restituyó voluntariamente la suma en tiempo y forma.

»Por consiguiente, esta Acusación solicita al Tribunal lo siguiente:

  1. »Declarar a Alain de la Débâcle culpable del robo agravado de 1.000 coronas contra eclesiásticos.
  2. »Ordenar la restitución íntegra de lo robado.
  3. »Imponer una sanción acorde al tono de la campaña: destierro, galeras, servicio en un Regimiento fronterizo, u otra pena que el tribunal considere.

»Sin embargo, su condición de soldado herido y su lealtad previa merecen clemencia. Por ello, mantenemos la propuesta de una pena leve pero firme: restitución íntegra de los fondos sustraídos y destierro temporal de París para enfriar los ánimos de las facciones implicadas. La ley del Rey debe imperar sobre las disputas privadas de frontera.

»Eso es todo, Excelencia.

Tras lo cual, a una señal del Ministro de Estado, Le comte de Gade se levantó para defenderse de los cargos:

-Caballero du Guerrier:

»Aceptando la posibilidad de que mi edicto, dictado tras que el (entonces) Capitán Montoya revelara haber entrado en su regimiento con engaños, pudiera entorpecer una misión como la que contáis, sería imputable mi persona por dictarlo o quien no informó al Ministro, máxima autoridad en temas de política militar, de su existencia?

»Para poner un ejemplo, si yo mismo montara una operación en París para detener a un traidor sin informaros a vos (como TGP) y vos, con vuestros actos, entorpecierais o frustrarais tal misión, quién sería imputable por ello? Vos por frustrarla en el cumplimiento de vuestro deber y sin saber que mi misión estaba en marcha, o yo, por no informaros? O acaso nadie, puesto que el riesgo a que eso ocurra es implícito al secreto de la misión?

»Personalmente descartaría la primera opción, puesto que, pese a que fueran vuestros actos los que la entorpecieran o frustraran, no se os puede culpar de lo que no se os ha informado.

»Igualmente pasó con la misión a la que hacéis referencia, no se me puede culpar de que para corregir una entrada bajo engaño en un regimiento (y evitar que otros hagan lo mismo), interfiriera en algo de lo que no se me había informado.

»Si alguien debe ser culpable de ello es el propio Mayor Montoya, por bocazas y presumir de su engaño.

»¿O debe el Ministro de la Guerra permitir esas acciones por si son parte de un plan secreto?

»En cuanto a ser advertido de ello, en el mismo momento en que Vos lo hicisteis me desentendí del caso, confiando en vuestra palabra, e incluso aguantando e ignorando su chanza (si no directo desafío) respecto a no haber sido arrestado.

»Es por todo ello que, tras haberos sugerido previamente retirar las acusaciones contra mi y considerar que todo ha sido un malentendido ya resuelto tras mi arresto e interrogatorio, y ante vuestra negativa a hacerlo, apelo a la lógica y a la capacidad de raciocinio de Su Excelencia el Ministro de Estado para que me absuelva de los cargos que se me imputan.

Acto seguido fue el turno de defensa de Alain De La Débacle:

-Excelencia:

»El Teniente General de la Policía, mayor Du Guerrier, de la Guardia del Cardenal, ordenó mi detención y me acusa de robo de 1000 coronas a unos jesuitas españoles. Debo manifestar mi sorpresa por el hecho de que sea ahora que se me acusa de algo que sucedió hace año y medio. También me sorprende que, ya que el Teniente General de la Policía ha tenido a bien escarbar en acontecimientos del pasado, no haya hecho lo propio con otros acontecimientos que siguieron al que aquí nos ocupa, y que están directamente relacionados con él, y en los que, casualidad, yo soy el principal perjudicado. Pero permitidme que vaya paso a paso:

»He aquí mi versión de los hechos, que acontecieron en febrero de 1658, en el frente de los Pirineos, donde me encontraba destacado con los Dragones del Gran Duque Maximiliano de Valois. La situación en dicho frente era caótica, porque se realizaban continuas incursiones desde el lado español a territorio francés. A ello había que añadir un floreciente negocio de contrabando. Por lo tanto, el coronel de mi regimiento, siguiendo órdenes superiores, decidió que patrulláramos todo nuestro sector en busca de partidas de españoles. Fue así que mi patrulla se encontró con una pequeña caravana integrada por jesuitas españoles. Dicha caravana contaba con una pequeña escolta armada, que se dio a la fuga en cuanto vio que los dragones les superábamos en número.

»Procedí a interrogar al que me pareció el líder de aquel grupo. No contaba con ningún salvoconducto que le permitiera entrar en Francia desde España. Dada la situación de guerra abierta, estaba muy claro que pretendían introducirse en el Reino sin conocimiento ni permiso del gobierno de Sa Majesté. Por lo tanto, procedimos a revisar las alforjas de las acémilas que les acompañaban y es cierto que me incauté 1000 coronas, que como botín de guerra, compartí con mis soldados. Dadas las circunstancias descritas, en modo alguno se trata de un robo. A saber en qué iba a emplearse ese dinero, una vez aquel grupo hubiera conseguido su objetivo de infiltrarse en el reino.

»Pero la cosa no termina aquí. Dos meses después, y estando yo de regreso en París, fui asaltado en las calles cercanas al Sena por un grupo de cuatro encapuchados. No pude resistirme puesto que me encañonaron con sus pistolas. Y me arrebataron 350 coronas, poco más de la mitad de lo que yo me quedé del dinero incautado a los jesuitas. Y el que estaba al mando me espetó: 'Lo que el Señor os dio, el Señor os arrebata'. Al alejarse, su capa se abrió un tanto y pude ver claramente que vestía el habito religioso.

»Vino después la campaña de verano de 1658, en la que fui herido de gravedad. En otoño, se presenta en París Olivier Montoya, de quien Su Excelencia debe conocer las andanzas y tropelías. Este hermano lego de los jesuitas comenzó a mandarme absurdos mensajes en el sentido de que yo me había apoderado de una reliquia (que, según pude averiguar, se encontraba a buen recaudo en Génova). El personaje fue subiendo de tono sus amenazas, aunque yo había decidido ignorarle. Y llegamos a noviembre de 1658, mes en el que mi fiel criado Jean Luc Pottard desaparece. ¿Por qué no decirlo llanamente? Jean Luc es secuestrado y yo recibo varios anónimos amenazadores relacionados con su desaparición. He de decir que el anterior Teniente General de la Policía no investigó esa desaparición en ningún momento. Yo elaboré un pequeño documento con una descripción de mi criado y lo hice circular por la ciudad, en la esperanza de que alguien pudiera darme alguna pista. Lo único que recibí fue primero una cita en el Pont Neuf (en diciembre de 1658), para un supuesto ¿canje? de mi criado. No se presentó nadie y luego recibí otro anónimo diciendo que como había gente merodeando ya se pondrían en contacto conmigo cuando lo estimaran conveniente. Esa gente era una patrulla de la Guardia del Cardenal y yo pensé que eran ellos lo que querían verse conmigo. En enero de 1659, un nuevo anónimo habla de alguien que podría ser mi criado y que vagaba por las cercanías de las catacumbas de París. De nuevo una pista falsa, aunque encontré a un pobre desgraciado al que acompañé a un hospicio para que se hicieran cargo de él.

»Para no cansar a Su Excelencia, recibí otros tres anónimos:

»El primero en febrero de 1659 con el título 'Lo que el Señor os dio, el Señor os arrebata'. Decía textualmente: 'No os perdonamos lo que habéis hecho. El Señor os arrebato a vuestra amiga y con vuestra última afrenta acabáis de sentenciar otra vida.'

»Es evidente que esa amiga es la malograda Hyazinthe Cornamusa.

»El segundo en marzo de 1659, con el mismo título que el anterior. Decía simplemente 'El Señor se da por satisfecho'.

»Este anónimo me hace pensar que lo peor puede haberle sucedido a mi fiel Jean Luc.

»El tercero es de abril de 1659. Título: '¿La siempreviva se convertirá en siempremuerta? Y el texto era el siguiente: 'No tiene el caballero buena fama de conservar con vida aquello que aprecia.'

»Esto es una referencia a una anécdota personal recogida en mi diario. ¿Quién lee esas páginas?

»Ya sé que circulan anónimos a diario por la ciudad, pero lo que tienen de especial todos los que he citado aquí es que fueron dirigidos a mí personalmente. No han sido repartidos para que los lean otros caballeros.

»Con ello llego a mi conclusión, y agradezco la paciencia de Su Excelencia que ha de juzgarme: me considero inocente de las acusaciones, puesto que actué como es normal y corriente en tiempos de guerra y ante el enemigo. Pero esta claro que alguien dentro de la orden de los Jesuitas se consideró especialmente afectado por lo que hice y de ahí se han sucedido toda una serie de acontecimientos que, en mi opinión, sí que deberían ser investigados, puesto que al fin y al cabo, yo soy un fiel servidor de Su Majestad, como demuestra mi historial en los Dragones del Gran Duque y mis menciones en la orden cuando he estado en el frente. Me reitero en lo que dicen los Evangelios: 'Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios'. Me temo que ciertos religiosos creen que su reino sí es de este mundo y que ellos están por encima de la autoridad de nuestro Rey, que es al único al que yo debo ciega obediencia. Mis creencias religiosas, que son firmes, no entran en esa ecuación.

Tras lo cual desfilaron como testigos los soldados que acompañaron a Alain De La Débacle en la patrulla, que manifestaron que el grupo de jesuitas les había parecido "sospechoso", y por otra parte Olivier Montoya, quien había asistido escoltado por cuatro hombres, probablemente Cadetes de la Gascuña de su confianza. Se dirigió al estrado apoyándose en muletas y andando trabajosamente. Comenzó gritando "¡Quisieron asesinarme para que no pudiera testificar, pero aquí estoy!", pero se moderó ante la advertencia del Ministro de Estado. Relató su versión de los hechos y esencialmente dio a entender que en todo momento se le trató con respeto y corrección, declaración que a primera vista puede parecer favorable para el acusado pero en realidad es un arma de doble filo: si le trató con respeto, cabe suponer que no dudaba de su condición de eclesiástico, o de lo contrario lo habría golpeado e insultado como a un vulgar contrabandista.

Tras la declaración de los testigos se produjo un tenso silencio. El Ministro de Estado, como presidente del Tribunal, se retiró a deliberar y al cabo de un rato que a los acusados les pareció eterno reapareció. Se sentó y dio comienzo a la lectura de la sentencia:

-Tras haber examinado los hechos, pruebas y testimonios, en nombre de Su Cristianísima Majestad el Rey Luis XIV, este Tribunal considera lo siguiente:

»En el momento de dar la orden que implicó la neutralización de Olivier Montoya como agente de inteligencia en activo, el acusado desconocía la misión de éste, por lo que se puede descartar la intención inicial de perjudicar a los servicios de inteligencia de la Corona. Cuando posteriormente fue informado del caso, se vio obligado a sopesar qué acción correctora podía tomar, si aún estaba a tiempo de ello o ya se había perjudicado irremediablemente el resultado de la misión, y la naturaleza exacta de dicha acción. Las consecuencias de la decisión tomada, así como de su oportunidad en el tiempo, son algo que desde su posición y con la información disponible no podía ser previsto por él de manera fiable, y por tanto se considera que, aunque pudiera haber tomado una decisión equivocada, ésta puede atribuirse a la falta de información o incluso podría discutirse si a la incompetencia, pero en modo alguno puede atribuirse a mala fe o a intención de perjudicar a la Corona de Francia.

»POR TANTO: Se absuelve a Su Excelencia el Ministro de la Guerra, Renné Gade, Conde de Nadé, de todos los cargos contra él presentados.

»En cuanto al acusado Alain de la Débâcle, ha presentado un detallado memorial de agravios personales para desviar la atención del núcleo del proceso. Sostiene que las 1.000 coronas fueron un "botín de guerra" legítimo ante la falta de salvoconducto de unos religiosos españoles.

»Dicha tesis es jurídicamente insostenible. Un oficial del Rey no es un tribunal de Aduanas ni un corsario de tierra firme. El botín legítimo se captura al enemigo armado en combate, no al clero en tránsito. Además, el propio acusado admite que no reportó el hallazgo a las arcas reales, sino que procedió a un reparto privado. Eso no es servicio al Rey; es enriquecimiento personal ilícito bajo intimidación armada.

»Respecto a la presunta campaña de acoso jesuita, secuestros y anónimos que el acusado detalla, este Tribunal no niega que de aquellos hechos de 1658 surgieran lodos posteriores. Pero la venganza de terceros no exime el delito original. Si los jesuitas u otros agentes han operado al margen de la ley en París, se abrirá pieza separada. Hoy juzgamos el robo confeso de las 1.000 coronas.

»Sin embargo se tienen en cuenta, tal como la acusación ha solicitado, los servicios pasados y la probada lealtad a la Corona del acusado, por lo que se le condena a la restitución del daño causado, es decir, a la devolución de las 1.000 coronas, y a servir en un Regimiento fronterizo por un período de seis meses a partir del primer día del mes siguiente al corriente.

»Con esto, se levanta la ses...

Un chillido de alegría interrumpió la última frase del Ministro de Estado. Eléonor d'Yberville saltó literalmente de su asiento e intentó abalanzarse sobre su esposo, cosa que le impidió la barandilla que separaba a los asistentes de la escena del juicio. El conde intentó mantener la compostura, pero no pudo ocultar una sonrisa de felicidad. Saludó al Tribunal con una profunda reverencia, pronunció un par de frases de agradecimiento, y abandonó la sala, no sin antes ofrecer su brazo a su exaltada esposa.

Una vez fuera, Le comte de Gade respiró aliviado. Pese a todo, no estaba del todo contento con como se había desarrollado toda la situación, así que, cuando la gente se estaba retirando, llamó a le comte de Rouen y du Guerrier.

-Perdonen, Excelencias, pero creo que deberíamos hablar un momento sobre todo el caso -les dijo, llevándoles a un rincón apartado.

-Creo que puede salir algo bueno de todo eso -les dijo-. Pese a todo, está claro que, sin mala intención por ninguna parte, nos hemos estado pisoteando en nuestras acciones por desconocimiento de ellas, demostrando un fiasco en la coordinación...

»Todos entendemos que las misiones secretas deben serlo, pero eso mismo las hace vulnerables a esos pisotones, por lo que, siendo nosotros, por nuestras responsabilidades en el Gobierno, Ejercito y Seguridad, los que más probablemente podamos organizar ese tipo de misiones, creo que deberíamos nombrar a un coordinador que pueda avisarnos en caso de poder interferir en alguna misión de otro departamento" explicó.

»¿Les parece la idea digna de consideración? Personalmente propondría designar o bien a uno de nuestros ministerios o al Mariscal para esa coordinación, informar que cualquier misión de ese tipo debe ser comunicada si quiere ser considerada oficial, y consultar con tal coordinador cualquier acción que creyéramos puede interferir en tales acciones, o, en el caso del coordinador, avisar a cualquiera que estuviera interfiriendo. Incluso podríamos incluir cualquier misión de rescate de prisioneros, para evitar que varios grupos a la vez intenten liberar a los mismos cautivos y se molesten entre ellos...

En cuanto a De la Débacle, pareció tomárselo con una moderada indignación no exenta de filosofía. Se encogió de hombros y, sin siquiera mirar al Ministro de Estado, hizo gesto de abandonar la sala, ante lo cual los dos soldados que lo custodiaban se colocaron de inmediato a su lado para conducirlo de vuelta a su celda en la Bastilla.

En la salida de los testigos llamó la atención que Olivier Montoya esperó en su asiento hasta que aparecieron los cuatro escoltas que lo habían acompañado a su llegada. Sin demorarse más, el grupo salió y se reunió con otro grupo más numeroso y visiblemente armado que les esperaba en la puerta del palacio.

* * *

Tercera semana

Nuevamente como hombre libre, el Conde Nade llegó a l'Epée d'Or junto con su bella esposa Eléonor.

-Esperamos al Capitán le Prestre -le dijo el conde al portero-. Por favor, hacedlo pasar a nuestro reservado en cuanto llegue.

Al poco llego el citado capitán, acompañado de una joven, y el portero les hizo acompañar al citado reservado.

-Sed bienvenido, Capitán -le saludó Le comte de Gade -. Entenderéis los motivos por los que tuve que posponer nuestra charla pendiente, y os agradezco haber podido venir con tan poco tiempo, pero primero tomemos un refrigerio, no todo tiene que ser trabajo...

-Cuando el Ministro de la Guerra le convoca a uno, es difícil no acudir, y pocos están dispuestos a escuchar mis disquisiciones... -contestó le Prestre-. Permitidme presentaros a Mademoiselle Jeanne d'Osnay, mi prima e hija del barón d'Epiry -presentó a su acompañante, mientras la joven hacía una reverencia al Conde.

-Un honor conocerla, mademoiselle -respondió Le comte de Gade a la joven, tras lo cual se volvió otra vez hacia le Prestre-. Son precisamente vuestras disquisiciones las que me interesan, capitán, pues creo que puedo aprender de ellas. Entiendo que me falta por aprender, y espero que la experiencia me ayude en ello, pero los consejos son siempre bienvenidos, si pueden ayudar a mis hombres a volver victoriosos.

El Conde y le Prestre estuvieron hablando un buen rato, mientras las respectivas damas conversaban de otros temas. Aburridas y ligeramente sofocadas por el calor que emanaba de la chimenea que, por alguna razón, seguía encendida en pleno mayo, salieron un momento a tomar el aire. En ese momento pasaban por la calle Léo Hardy le Castel y Catherine Dubois, y Eléonor saludó a su conocida.

-¿Finalmente fuisteis al Théatre Royale? ¿Qué tal estuvo la obra?

-Bueno, interesante sin lugar a dudas -fue la respuesta-, pero no te has perdido gran cosa por no poder asistir. Entiendo que no estabas de humor para ir al teatro, pero imagino que a partir de ahora volverás a frecuentarlo, ¿no es así?

Finalmente, el Conde Nade y el capitán le Prestre aparecieron en la puerta del club.

-¿Dónde os habíais metido?

-Hemos salido a tomar el aire. ¡No entiendo por qué está la chimenea encendida! -fue la respuesta.

-Bueno, no os preocupéis. Podemos irnos a casa. Ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar... por hoy -dijo el conde haciendo una señal a su cochero.

* * *

El Salón Literario de Ingrid Svensson, la Viscondesa de Castelmore, y Anne Lefèvre, Condesa de Dusel, tuvo una sorpresa especial ese mes. Solo los más allegados sabían de la representación teatral que iba a haber lugar. La compañía de Poquelin representaría una obra de teatro singular.

Entre los asistentes ya habituales destacaban el escritor y poeta Gédéon Tallemant des Réaux, el ilustrado Robert Arnauld d'Andilly, el marqués Simon Arnauld de Pomponne, la novelista Madeleine de Scudéry y su hermano Georges de Scudéry, el poeta y dramaturgo Jean Desmarets de Saint-Sorlin, el literato Valentin Conrart, el escritor Jean Chapelain, Honorat de Bueil de Racan, pintores como Charles Le Brun, Nicolas Robert, y otras personalidades como los embajadores de varios países, su Excma. Sra. Cristina de Suecia. Estuvieron el ministro de Exteriores con su esposa, el ministro de Justicia con su dama, y el cirujano Claude François Félix de Tassy, quien acompañaba a Marie Dupont.

Además de los fieles colaboradores, el Chevalier d'Honneur Hércule Delaveau con su esposa Anne Gramme, y el mayor Bernille Nienau con Élise Leclerc, también acudieron el ministro de Estado y Conde de Rouen con Laurélie Hagopian, el barón de Broglia con su esposa Claire Lagaine, el ministro de Guerra y Vizconde de Gade con su esposa Eléonor d'Yberville, el Chevalier d'Honneur André du Guerrier con su esposa Christine Daé, acompañando a la joven y bella Maria Mancini, y Su Excelencia el Cardenal Mazarino, el par de Francia y miembro de la Académie Française César d'Estrées, Philippe Le Clothes Du Lacoste y su hermana Lucille Brigitte, y François Fronsac junto a su dama Magdalène Vien.

La representación teatral fue un adelanto y, según la aceptación que tuvo entre los asistentes, se decidió su estreno para el mes de octubre en el Teatre Royal.

La obra "La vengadora de las mujeres" de Lope de Vega fue una comedia en tres actos en la que Laura, la princesa de Bohemia, una erudita de gran intelecto, creó en su palacio una facultad para formar a las mujeres y demostrar su superioridad intelectual y física frente a los hombres. La trama comenzó cuando la princesa Laura, cansada de los engaños y de la literatura que denigraba a las mujeres, tomó una decisión radical: rechazó a todos sus pretendientes y decidió vengarse del trato injusto que los hombres habían dado históricamente a las mujeres. Para ello, cuestionó el orden establecido, invirtió los roles tradicionales del cortejo y puso a prueba la inteligencia de los hombres que la rodeaban. No solo reta intelectualmente a los hombres ganándolos, sino también físicamente, en duelo de esgrima derrotándolos a todos. Finalmente, el amor venció y la princesa se enamoró creyendo en la igualdad y en la no supremacía de ningún género sobre el otro.

La actriz que interpretó a la princesa Laura realmente tuvo una técnica magistral en la esgrima que incluso asombró al Vizconde y actual mejor espada de Francia. Tanto llamó la atención el nivel que el propio maestro Le Perche du Coudray sonrió al cruzar la mirada con su discípulo Charles, y lo asintió con la cabeza, admitiendo que era una de sus alumnas.

Tras finalizar la representación, los aplausos fueron unánimes y prolongados; las damas estaban entusiasmadas. Era tal el clímax existente, que ante el anuncio, por parte de los anfitriones, de la posibilidad de que las damas que desearan practicaran esgrima en la galería del palacete bajo la tutela del maestro Le Perche du Coudray, desató un clamor y un entusiasmo desbordados. Los rapiers eran sin filo y con puntas romas para evitar heridas. Todas las damas quisieron probar. Tras varias probaturas y breves nociones impartidas por el maestro a modo general, se hizo evidente que varias mademoiselles ya eran avezadas en el arte de la esgrima. Otras, como Élise Leclerc, que tomó un rapier por primera vez, mostraron un don natural para la práctica.

Se propuso organizar un pequeño torneo totalmente improvisado entre las que desearon participar. Casi todas las presentes se apuntaron, incluyendo a la propia ex-reina Cristina de Suecia y a la novelista Madeleine de Scudéry.

Maria Mancini destacó con su maestría y llegó a semifinales contra otra de las más diestras: Su Majestad Cristina de Suecia. Élise Leclerc ganó un par de duelos, pero perdió en su cruce con Madeleine de Scudéry. Eléonor d'Yberville y Christine Daé mostraron tener grandes nociones y práctica, pero ambas fueron derrotadas fácilmente por una duelista muy experimentada, la vizcondesa Ingrid Svensson. La final tuvo mucho nivel: Maria Mancini, que había derrotado a la ex-reina de Suecia, y una brillante Ingrid Svensson que había vencido a Madeleine de Scudéry en la semifinal. Ambas duelistas fueron la admiración de todos los presentes. El mismísimo André du Guerrier estaba perplejo.

-¿La habéis adiestrado vos?

A lo que le Viscomte de Castelmore le contestó totalmente embobado en los lances del duelo de su mujer:

-En absoluto. Es la primera vez que la veo con un rapier en la mano, y os juro que no sé si sería capaz de vencerla si fuera mi contrincante. Es técnicamente sublime.

Jean-Baptiste Poquelin, Molière, quedó maravillado y no dejó de tomar apuntes sobre el lance. Situado junto al maestro Le Perche du Coudray, le iba preguntando sobre las estocadas y las poses de las duelistas.

-¿Cómo creéis que se podría definir la esgrima en palabras? ¿Se trata del "arte de tocar sin ser tocado" antes de apuntar que la particularidad de tener que evitar los golpes del tirador rival hace "que, al ojo que ve y advierte, a la mente que analiza y decide, y a la mano que ejecuta, es necesario añadir precisión y velocidad para darle vida a la espada?

El maestro sonrió al dramaturgo y asintió:

-Así es, mi querido Molière. Habéis acertado, una muy buena definición; espero leerla en alguna de vuestras próximas obras...

Ambos se miraron con complicidad. Finalmente Ingrid Svensson fue declarada la ganadora del torneo y a todas las participantes se les hizo entrega de una medalla, réplica de la que se entregará en el Torneo de esgrima de la cuarta semana.

La expectación despertada por el torneo permitió que Batz-Castelmore se llevase por unos momentos a el Mayor con el pretexto de invitarle a probar dos nuevos rapiers que había comprado... Aunque ya sabemos la verdadera razón de su momentánea desaparición. También Phillipe Le Clothes Du Lacoste y le comte de Rouen pidieron al anfitrión, de forma sumamente discreta, que les permitiese probar los rapiers...

Tras un receso para que las damas se aseasen y acicalasen de nuevo, se celebró el banquete y el baile con todos los invitados.

* * *

Del diario de Alain de la Débâcle:

La Bastille, 21 de mayo de 1659

Todo el hermoso mes de mayo retenido en La Bastilla. En la segunda semana del mes tuvo lugar mi juicio. El Ministro de Estado se mostró serio y distante (creo que no le hace gracia tener problemas con los jesuitas por culpa de un segundón de provincias como yo). Resultado: se me declara culpable y se me obliga a pagar, que no a devolver (desde mi punto de vista) 1000 coronas a esos patibularios vestidos de negro y luego a servir seis meses con los fronterizos.

Bonito ejemplo de una frase que leí hace años en Cherburgo, en una extraña novela, escrita por un español, y traducida a nuestro idioma de manera ejemplar por César Oudin: 'Con la iglesia hemos topado'.

Bueno, yo me he topado con la pata más dura de la silla de San Pedro. Quizá debería haber hecho caso de un veterano dragón (antiguo hugonote), que por desgracia falleció en el combate del pasado verano en el que yo mismo resulté gravemente herido. Pierre Mécontent se llamaba (o se hacía llamar) y el día de autos hace ya casi un año y medio, cuando nos topamos con aquellos españoles "soldados de Cristo" me susurró al oído 'Chitón, con semejante calaña mejor disparar primero y darles el alto después'. Primera lección aprendida.

La segunda lección es que en adelante seré más discreto con lo que escribo en este diario, porque sospecho que alguien lee las intimidades que en él vierto y luego las utiliza en mi contra. De manera que estoy contento con mi estancia en La Bastilla, porque como creo que ya dije, mi celda es más acogedora que mi buhardilla. Y Nickel y De Haro me visitan cada noche. He de decir que Nickel siempre se queda la mejor tajada de las sobras de la cena que les arrojo. De Haro incluso se lleva algunas veces un mordisco en el hocico si intenta plantar cara. Penitencia impuesta por Nickel, que ya sabemos de qué pie calza y dónde esconde el rosario.

* * *

Cuarta semana

La organización del Torneo de esgrima Memorial Julius Kern ha preparado unas gradas bien asentadas frente a la plaza delante de la catedral de Notre Dame. Unas carpas preparadas para la celebración y comida tras el torneo ya están dispuestas y bien decoradas con banderines de colores. Los Mosqueteros del Rey son los encargados de acordonar y asegurar la zona y alrededores pues es posible la asistencia del Cardenal o del propio Monarca. Entre los organizadores del evento se encuentran François Fronsac y Charles Batz-Castelmore.

Al iniciarse el torneo se producen varias protestas y quejas entre los participantes. Los organizadores tuvieron que intervenir:

-Al parecer Cole Campbell se ha presentado con un mandoble cuando se había explicado que todos los inscritos participarían con la misma arma, rapiers sin filo y con punta roma para evitar heridas (para que todos puedan estar disponibles para la campaña de verano). Que tan sólo la técnica fuera la que contara. Hemos cometido un grave error de organización. Contábamos con que con comentar las normas bastaba, pero es cierto que no editamos el reglamento, sólo lo comentamos y no se ha publicado por escrito las normas, por lo que no podemos descalificar al Mayor Cole Campbell si insiste en participar con un mandoble. Para el próximo año, aprendiendo de nuestro error, editaremos las normas por escrito y las haremos firmar en el momento de inscribirse al torneo para evitar estos inconvenientes. Debemos asumir nuestro error en la organización aunque desmerezca la celebración. Así pues, se dio por iniciado el torneo, que se vio deslucido por la desigualdad y la poca calidad técnica exhibida por el torpe aunque eficaz uso del mandoble. El luchar contra un gigantón dotado de un arma de tal peso y longitud hizo que cada combate fuese tremendamente desigual.

Para la primera fase se formaron dos grupos de cinco participantes cada uno, de modo que cada participante libró cuatro combates. Los dos mejores de cada grupo pasaron a semifinales, para las que se hizo sorteo cruzado. En caso de empate en un grupo, pasó el ganador del combate entre los dos empatados.

GRUPO 1:

Cole Campbell: 4 puntos

Armand Beaufort: 3 puntos

Bernille Nienau: 1 punto

le Viscomte de Castelmore: 1 punto

Alain Derrengué: 0 puntos

 

GRUPO 2:

Malartic Dulac: 3 puntos

Le Clothes du Lacoste: 3 puntos

Le comte de Gade: 2 puntos

Hércule Delaveau: 1 punto

le comte de Rouen: 0 puntos

 

SEMIFINALES:

le Viscomte de Castelmore vs. El gaillonés --> Ganador Batz-Castelmore

Cole Campbell vs. Malartic Dulac --> Ganador Cole Campbell

 

FINAL:

le Viscomte de Castelmore vs. Cole Campbell --> GANADOR Cole Campbell

 

La verdad es que el torneo resultó una farsa. El hecho de que uno de los participantes utilizase un mandoble, además siendo alguien con una fuerza excepcional, lo desequilibró gravemente y provocó numerosas heridas y contusiones que podrían haberse evitado. Incluso Marcel du Calais, que asistía como espectador, se mostró desagradablemente sorprendido por la violencia de algunos lances, y eso que el buen presbítero es ex-soldado. Esperamos que el próximo año las reglas queden bien definidas y sólo se permita participar con rapiers o, en todo caso, con el arma regimental de cada uno, cosa que excluiría el mandoble.

Al final del torneo el maestro de esgrima Le Perche du Coudray se acercó al Viscomte de Castelmore para animarle ante el deslucido torneo:

-Ha sido muy poco edificante y fuera del espíritu que se deseaba, la técnica y la maestría se ha visto deslucida y solo ha sido una demostración de fuerza bruta carente de arte y calidad. Sin duda alguna el verdadero torneo de esgrima se celebró la tercera semana en la galería de vuestro palacete: allí sí pudimos disfrutar del noble arte de la esgrima.

* * *

EL CABALLERO DEL MES

El título de Caballero del mes corresponde a:
 

Charles Batz-Castelmore
Por su generoso impulso de las artes y las letras

EL PATÁN DEL MES

El título de Patán del mes corresponde a:
 

Olivier Montoya
Por costumbre o, mejor dicho, por haberse convertido en el sujeto al que está de moda odiar

* * *

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

  • Este mes no ha habido nombramientos.

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ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

  • Charles Batz-Castelmore anuncia que se presentará a Ministro de Ciencias (C05)
  • Francesco Maria Broglia anuncia que se presentará a Ministro de Ciencias (C05)

* * *

------------ Inicio de la estación de VERANO ------------


CARGOS PARA EL MES DE JUNIO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Ciencias Brigadier o Baron 10 Min.Estado
Tte. Coronel Capellán Obispo 11 Coronel

 

CARGOS PARA EL MES DE JULIO
Durante este mes se renuevan los rangos religiosos (consultar reglas).

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AGRADECIMIENTOS

  • A David, por los textos para las cuatro semanas: el Salón Literario, el torneo de esgrima, la visita del cirujano, y por un brevísimo fragmento de la segunda semana que no he llegado a publicar porque bastante larga me ha quedado ya 😅
  • A Joaquín, por el fragmento de la visita de François Fronsac y el sargento a cuidar de la siempreviva.
  • A José, como siempre por el fragmento de diario.
  • A Lluís, por la entrevista con Vauban.
  • A Kike, por la visita a Marsella con el cameo de Jean Parrot (que ha contado con el acuerdo de Enric).
  • A Ezequiel, Lluís, José y Víctor, por toooodo el desarrollo del juicio y el material que han generado durante la preparación de sus turnos, que me ha servido para ensamblarlo en un (larguísimo) relato.

NOTAS DE LOS REALES SECRETARIOS

¡Bufff! ¡Vaya turno! Bueno, ya podéis ver en la crónica que el juicio ha dado tela. El cruce de mensajes entre jugadores ha sido intenso. Al final me he dedicado principalmente, como tantas otras veces, a consolidar y organizar fragmentos, pero esta vez la gracia es que fueron escritos antes de saber el desenlace, así que he tenido que hacer algunos cambios de última hora para adaptar la historia. Sinceramente, me da miedo que penséis "vaya peñazo de crónica", pero es que la acción ha sido eminentemente judicial, y es lo que hay. No me habría quedado satisfecho con simplemente decir "culpable" o "inocente" en un párrafo de cuatro líneas y ya está, con todo el trabajo que ha habido detrás por parte de los implicados. Todo ese esfuerzo había que compartirlo. Incluso redactar documentos con ayuda de una IA (como mi olfato me hace intuir que alguno ha hecho) requiere un esfuerzo de preparación y pulido; y si no, recordad mis primeros experimentos.

Otro tema que podría traer cola: el torneo de esgrima. Al no ser organizado por la Corona ni por una institución "del juego" sino por los propios jugadores, he preferido no intervenir en el tema de las reglas, condiciones y todo eso, y dejar que las consecuencias surgiesen por sí mismas; después de todo, que las cosas salgan mal por errores humanos de organización es real como la vida misma. De todas formas espero que el año que viene se restrinjan las armas de alguna manera (cosa que yo no pienso hacer por iniciativa propia), aunque hay que decir que la enorme fortaleza física de Cole Campbell lo convierte en un oponente temible incluso con un simple florete, y contra eso poco se puede hacer...

* * *

FECHA LÍMITE PARA EL PRÓXIMO TURNO

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 3 de julio de 2026, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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