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REAL CRÓNICA DE MARZO DE 1659 (Número 395)
GACETA MILITAR
En el cuartel de los Cadetes de la Gascuña, el Teniente Coronel fue llamado por su superior para discutir los nuevos ingresos a la oficialidad del regimiento.
-¡¿Olivier Montoya?! ¿En serio, mi Coronel?
-Pues sí, y tengo que regañarle por haberse deshecho de él por esa tontería de su condición de hermano lego. ¿No ha visto lo útil que fue para espiar a los españoles?
-Pero si fue usted quien me ordenó que...
-¿Está acaso insinuando que fue culpa mía?
-Pero mi Coronel...
-Ni mi Coronel ni gaitas. El Coronel Perrau se ha llevado las felicitaciones del alto mando, cuando podríamos haberlas recibido nosotros, que buena falta que nos hace distinguirnos un poco entre los regimientos. El ahora ya Mayor Montoya obtuvo su mención en la Orden por esa hazaña, ha pagado todos los trámites para acceder al rango y comprado los caballos. Aunque no sé muy bien de dónde ha sacado el dinero porque es bien conocido que no tiene ni una corona. Y por si fuera poco, he recibido una carta del abad Delano Blanc, del Colegio de Jesuitas de Pau, asegurándome que, cumpliendo con la palabra dada, monsieur Montoya ya no es más hermano lego de la orden, así que todo ese lío farragoso del derecho canónico ya no nos compete y si hiciera falta le aplicamos el régimen militar y Santas Pascuas. ¿Alguna objeción?
-Ninguna, mi Coronel. Sólo una observación: que si yo no le hubiera expulsado de los Cadetes y castigado con la agregación al Quinto Regimiento, se hubiera vuelto a París con nosotros y no habría habido ocasión de espiar a los españoles...
El Coronel se quedó pensativo un rato, sopesando la lógica de la puntualización de su subordinado. Una sonrisa de satisfacción se esbozó en su rostro.
-Cierto, cierto, mi Teniente Coronel. ¡Pero qué buena idea tuve expulsándolo para meterlo en los fronterizos! Si ya sabía yo que ese muchacho prometía y había que aprovecharlo. ¿Acaso no se había infiltrado antes en el Colegio de Graus siendo cadete? Se lo recordaré al Ministro la próxima vez que lo vea.
-Pero mi Cor...
-¡Puede retirarse! Vaya a ver qué está haciendo ese Montoya.
* * *
Olivier Montoya se encontraba de avanzadilla inspeccionando el terreno. Una densa niebla apenas dejaba ver más allá de unos metros. Sus compañeros se habían quedado atrás, guarecidos tras un saliente de la roca desde el cual podrían cubrir a Montoya si tuviera que volver por patas.
El vasco continuó avanzando colina abajo, paso a paso, cautelosamente, deseando no encontrarse con ninguna patrulla de españoles que estuviera de exploración, como él pero en mayor número. Cada vez se alejaba más del punto de partida, pero el Coronel Perrau había insistido que era crucial averiguar si había soldados enemigos en las colinas cercanas que pudieran advertir del ataque por sorpresa que había planeando. Y como nuevo subalterno del Quinto Regimiento de Fronterizos, le tocaba a él.
Entonces la sangre se le heló. En la colina de enfrente apareció, como si nada, la figura de un misterioso jinete que cabalgaba al galope descendiendo por la pendiente. Directamente hacia él. Con las manos temblorosas intentó recoger su mosquete, pero este se le cayó al suelo. Tal cual si el Ángel de la Muerte se hubiera ataviado con ropajes y armadura de caballero, pues de un jinete pálido se trataba, su montura, nívea como la escarcha que cubría el parral, vestía igualmente barda protectora y gualdrapa del mismo color, como argentina era la coraza del jinete, así como el yelmo coronado con astas de ciervo, todo en ese demonio irradiaba blancura a excepción del emblema de una cruz con una rosa en su centro, ambas de un rojo intenso, destacándose notablemente en mitad del pecho. Corrió subiendo de nuevo por la misma colina por la que había descendido, corrió en busca de sus compañeros, corrió pidiendo auxilio, pero por mucho que corriera, el jinete pálido se aproximaba con mayor celeridad. Oyó, detrás suyo, una tenebrosa carcajada y el sonido de una enorme espada girando al viento, momento en el que tropezó y cayó de bruces mientras oía el aterrador grito de la tenebrosa aparición:
-¡LAS MEJORES LECHUGAS! ¡VENGA, GUAPAS, QUE ME LAS QUITAN DE LAS MANOS!
Montoya despertó en el jergón de su nueva buhardilla parisiense, empapado de un sudor frío y febril, mientras las verduleras del mercado cercano voceaban a grito pelado sus mercancías.
ECOS DE SOCIEDAD
Primera semana
La audiencia con su Majestad el Rey fue breve pero muy satisfactoria: tras entregar personalmente la invitación para asistir al Salón Literario de Ingrid Svensson, la Viscomtesse de Castelmore y la Comtesse de Dusel de la cuarta semana, Charles Batz-Castelmore pudo conversar con el monarca de diversos temas.
Seguidamente acudió a la audiencia con su Eminencia el Cardenal Mazarino. Fue algo más larga de lo habitual, quizás porque el Cardenal disfruta de las ya habituales galletas con las que el Viscomte le obsequia, quizás porque las propuestas del Ministro de Humanidades mantienen distraída (y más alejada del Monarca) a su sobrina María Mancini o quizás por las ideas siempre interesantes que le propone. Esta vez además de entregarle la invitación para él y su sobrina Maria Mancini para asistir al Salón Literario de Ingrid Svensson, la Viscomtesse de Castelmore, y Anne Lefèvre, Comtesse de Dusel, ha incluido la invitación a la asistencia, durante la segunda semana, a la cena de gala y de conmemoración en el club L'Epée d'Or. Como Padrino del Ministro de Estado, el Viscomte, ha organizado tal celebración en la que Le Comte de Rouen anuncie su proximo enlace con Laurélie Hagopian. El Cardenal ha dado su visto bueno para que sea el Mayor de su guardia André du Guerrier con su esposa Christine Daé quien acompañen a su sobrina en ambos eventos.
Al salir de la audiencia, el Real Secretario ha felicitado al Viscomte por su nuevo cargo como Ministro del Bienestar. El propio Charles Batz-Castelmore ha tenido que aclararle el malentendido: si bien había anunciado su presentación al cargo, en el último momento decidió no ser candidato, dado que está contento de seguir como Ministro de Humanidades y le queda mucho por hacer según le han oído comentar con los Secretarios Reales antes de marchar a organizar la celebración de la segunda semana.
* * *

Sabemos que su Excelencia Le Comte de Rouen dedicó la semana a despachar en sus dependencias de Le Louvre. Se le ha visto tras montañas de papeles, libros y documentos que, al parecer, lo mantuvieron atado a la mesa mientras atendía múltiples asuntos de Estado. Uno de sus secretarios le oyó maldecir en más de una ocasión, refiriendo que hubiera preferido acabar empapado otra vez de vino u otros líquidos en L’Eppe d’Or a tener que tratar con más caballeros como el insistente embajador español don Jorge Raposo de Pereira, con quien negoció hasta el último y más nimio detalle de la llegada de la delegación española para tratar el difícil asunto de la paz que debía firmarse entre España y Francia tras décadas de guerra continuada. ¡Aquel hombre era increíble! Negociaba todas las disquisiciones como si España hubiera salido victoriosa de la batalla de las Dunas. ¿Pero es que no saben que Francia es ya la nueva potencia europea? ¿No se han enterado de que perdieron en Dunkerque? Si no fuera por el tono irónico que acompañaba a cada uno de sus comentarios, lo hubiera mandado de vuelta a la embajada ipso-facto. Según nos comentó el secretario, en el fondo es bastante probable que a nuestro Ministro de Estado le divertiera su desparpajo, recordándole quizás a cierto personajillo parisiense del que todos echan pestes, pero en este caso... bien vestido.
* * *
La Bastilla. Despacho del nuevo Teniente General de la Policía, André du Guerrier, Chevalier d'Honneur. El cardenalista repasaba una y otra vez los expedientes del anterior Comisionado de Seguridad Pública, corrigiendo fechas, redacciones, firmas y diversos matices documentales. «¿Pero esto qué es?», repetía regularmente. «Qué despropósito, cuanta ineficacia», pensaba cada dos por tres. Los diferentes legajos estaban desordenados, o al menos no veía una regla lógica de clasificación. Encontró, por ejemplo, uno debajo de un montón de papeles datados en 1642 que deberían estar varios años antes. Se quedó con el título que había en el frontal del cartapacio: «Memorias y archivos de Denis Lavoisier, Comte d'Ille». Un buen material de lectura para la noche, para despejarse de los asuntos de Estado.
Más su sorpresa llegó con un papel que se encontraba metido dentro de unos pagarés de los gastos de la Bastilla, olvidado de la mano de Dios y que no le encontraba ningún sentido por su trascendencia y significado. «¡Demonios! ¿Qué demonios es esto? ¡Demonios! ¡Demonios! ¡Demonios!» gritó de tal forma que debieron de oírle hasta en los sótanos más profundos de la fortaleza. Leyó incrédulo el arrugado documento. Varias veces de arriba a abajo. ¿Quién habría sido el lumbreras que no le habría dado importancia a esto? ¿Sería un documento verídico? ¿Lo habrían autentificado? Desde luego que los sellos parecían correctos, pero esto merecería, sin duda, una especial atención. Aunque sólo sea para descartarlo como auténtico. Si fuera falso, rodarían cabezas. Y si fuera cierto... También.
Estaba profundamente ensimismado cuando llamaron a la puerta, con insistencia. No debió de oír los primeros golpes, pero al rato se percató del sonido y dio la voz de que entraran. Uno de sus hombres le decía que había venido un tal Olivier Montoya a entregarse.
-¿A entregarse ha dicho usted?
-Sí, señor.
-Hágalo pasar. Despachemos esto rápido.
Olivier Montoya entró en el despacho del Teniente General de la Policía, hizo una burda reverencia y ajustándose el raído jubón, se presentó:
-Buenos días, su Excelencia. Estoy aquí para ahorrarle el trabajo de detenerme en el caso de que quisiera meter en la celda a un impresentable como yo. Son tantos los condes y vizcondes que me quieren mal, o vizcondes reconvertidos en condes, que igual se lo han pedido y no quisiera yo faltar a sus deseos. Soy su más humilde servidor.
-«Capitán», si lo que quiere es dormir en una celda calentito no tiene más que dirigirse al Gobernador Militar de París, que no es otro que el Ministro de Estado, y confesar, si fuera el caso, algún timo, estafa o cualquier asunto parecido en el que pudiera estar metido, que es lo único en lo que me lo pudiera imaginar si vuestra merced hubiera transgredido alguna norma. Aquí tratamos asuntos de la Corona, no trapicheos.
Durante unos segundos André Du Guerrier posó sus ojos de nuevo en el documento que tenía entre sus manos, alternando la mirada entre Montoya y el papel, incrédulo. Una vocecilla interna, una intuición sobrenatural o un instinto visceral le introdujo el extraño pensamiento de que ese documento y el gascón tenían algún tipo de relación entre sí. Más descartó tal tontería ante la evidencia de que en la fecha del documento Montoya no era más que el dolor de cabeza del abad de Pau. Con un gesto displicente indicó a Montoya que abandonara su despacho, la Bastilla y, si Dios tuviera a bien, París.
* * *
Segunda semana
Las estancias y salones más nobles del Club L'Epée d'Or han sido reservadas y custodiadas por el servicio para que otros miembros del club no puedan interferir ni asistir a la celebración que allí se prepara. Parece ser que es un encuentro ministerial y se rumorea la posible asistencia de su Eminencia el Cardenal Mazarino. Una gran orquesta ocupa uno de los salones para el baile final de la cena de gala.
Ingrid Svensson y su marido el Ministro de Humanidades, Charles Batz-Castelmore, ejercen de anfitriones junto a Anne Lefèvre, Comtesse de Dusel. Reciben al Ministro de la Guerra, el Comte Nadé acompañado por su esposa Eléonor d'Yberville. Llegan a continuación el Ministro de Ciencias Le Baron de Broglie con su esposa Claire Lagaine, quienes saludan a los presentes e inician una entretenida conversación. Pronto llegan el resto de invitados: el mayor André du Guerrier y su esposa Christine Daé acompañan a María Mancini y al mismísimo Cardenal Mazarino. Hércule Delaveau con su esposa Anne Gramme acuden junto a Bernille Nienau y Élise Leclerc. Le Baron du Castel junto a Catherine Dubois, la cual parece entusiasmada con la idea de que haya baile tras la cena. El capitán Thibaut Cul-de-sac hace su llegada con mademoiselle Madeleine Dubois justo cuando el Mayor Alain de la Débâcle parece tener problemas para acceder a la zona reservada; su dama Adèle Féraut parece muy divertida ante el pequeño desconcierto mientras le susurra al oído: "Deben recordarte como el que vomitó sobre el Ministro de Estado sin estar invitado en aquella ocasión". Pero una voz algo rotunda sobresalta a la dama: "A todos nos puede pasar". Es el propio Ministro de Estado, que se halla tras ellos con la bella Laurélie Hagopian agarrada de su brazo. Ambas parejas sonríen y el encargado del Club les pide disculpas por el desconcierto de sus empleados.
Mientras todos se saludan se sirven canapés y vinos dulces y alguno seco a modo de aperitivo. También se ofrecen zumos de frutas que hacen furor entre las damas y también son muy apreciados por el Mayor de la Débâcle que parece preferirlos a los licores y caldos hasta ahora servidos. Mientras, Bernille Nienau y Élise explican las especialidades del Languedoc que ellos han aportado a la fiesta: Bernille ha traído un lote de "fougasses douces". Se trata de un pan tipico de la zona hecho con azúcar, agua de azahar, frutas secas y anís. Es típico en las celebraciones del Languedoc. Élise trae "Oreillettes". Son unas pastas crujientes hechas con masa frita espolvoreadas de azúcar.
Ingrid y Christine se asombran por la desaparición repentina de sus maridos aprovechando el momento de conversaciones distendidas y con la degustación de aperitivos y bebidas, pero Cael y Laurélie las consuelan: "Son grandes amigos aunque se deban al honor del regimiento". "Como niños con sus varas de madera" apostilla Laurélie. Al poco rato, ambos aparecen por una discreta puerta lateral, Du Guerrier sujetándose el brazo con la mano.
Tras sentarse todos para la cena de Gala, Le Viscomte de Castelmore, como anfitrión y padrino de Cael y Laurélie, toma la palabra para elogiar al Ministro de Estado y enumerar todos los logros y acontecimientos que han surgido durante estos últimos tres años. Desde solventar la marcha del Teniente General de la Policía y Coronel de la Guardia Real le Baron de la Touché, la captura como prisionero en el frente durante meses, tener que sofocar una sublevación militar en París mientras todos estaban en el frente... "Todo ello ha impedido o pospuesto las cuestiones personales y ha tenido que priorizar los deberes del Cargo y asuntos del Reino por encima de los deseos y querencias personales. Hace tres años celebramos en este mismo club la despedida de soltero de nuestro amigo Cael, y hoy queremos conmemorar el compromiso firme y sincero con su amada Laurélie Hagopian. Hoy anuncian su tan esperado enlace para la cuarta semana del mes de abril, desean hacerlo entre sus mejores amigos aquí presentes, para compartir su dicha y su felicidad con todos nosotros". Alzando la copa Le Viscomte de Castelmore pide un brindis por la pareja de enamorados y por su enlace matrimonial.
Tras brindar varias veces por la pareja se sirve la cena. El banquete consta de sucesivas oleadas de platos y bebidas, en una línea ascendente en cuanto a sabores e impacto en boca. La música amenizaba la cena de lejos, permitiendo la conversación y el deleite.
Acabada la cena, la pareja de novios inicia el baile y tras los primeros compases el resto de invitados se va añadiendo. María Mancini acompañada por la Comtesse Dusel aprovecha para preguntar sobre el Salón Literario de la cuarta semana. Dado su interés le explican someramente la idea de componer madrigales ya que el tema principal será el amor y los enamorados, contando con la presencia de la pareja que acaba de anunciar su proxima boda. La idea de crear un madrigal con el nombre de una flor para la prometida le ha encantado a la sobrina del Cardenal Mazarino y ha quedado musitando durante un tiempo como si estuviera ya creando mentalmente alguna idea para su poema. Charles, después de bailar con su esposa Ingrid, pide un baile a la prometida y tras el baile con Laurélie, e intercalando bailes con la Viscomtesse Castelmore, hace lo propio con la Comtesse Dusel y con María Mancini que parece disfrutar vivamente de la velada.
Del diario de Alain de la Débâcle:
París, 14 de marzo del año del Señor de 1659
Cena en L'Epée en homenaje a nuestro ministro de Estado y su (comprensiva, paciente, dama extraordinaria) prometida, Mademoiselle Laurelie Hagopian. No sabía yo que el conde de Rouen se prometió hace un par de años ya. En fin, una agradable velada, acompañado por Adèle y con la presencia de (casi) todos los sospechosos habituales, desde nuestro nuevo Teniente General de la Policía hasta el ministro de Humanidades. Cuando acompaño a Adèle de regreso a su casa, nos recibe Babette Duclos, siempre vigilante. Pero algo ha cambiado porque cuando voy a retirarme, me entrega una maceta con una siempreviva. 'Debéis alegrar esa buhardilla en la vivís, monsieur De la Débâcle. Y espero que me mantengáis informada de la buena marcha de esta plantita. No lo toméis como un regalo, sino como un examen.' Lo único que me faltaba, pero más me vale que esta siempreviva no se muera.
* * *
Aunque el invierno está dando sus últimos coletazos, estos días ya se empieza a notar la llegada de la primavera. Aquella mañana el aire de París parecía recién lavado por una lluvia que nunca llegó a caer y los jardines de las Tullerías despertaban con un verdor tímido pero prometedor. Marianne Moreau avanzaba por los senderos de grava acompañada de su doncella, disfrutando ambas de un clima tan suave que parecía un susurro de reconciliación entre el invierno y la vida que renacía. El sol, aún delicado, se filtraba entre las ramas desnudas de los tilos, dibujando sombras móviles que se deslizaban sobre los vestidos de seda y sobre la tierra húmeda. La dama, envuelta en un atuendo color marfil que capturaba la luz como si fuera un tesoro, caminaba con paso sereno, aspirando el aroma fresco de los brotes nuevos y de las flores tempranas que los jardineros reales habían dispuesto con precisión casi ceremonial. Marianne, el espíritu alegre y la mirada despierta. Sin embargo, en un momento dado decidió desviarse por un sendero menos transitado, atraída por la promesa de un rincón más silencioso donde contemplar los cerezos ornamentales que empezaban a florecer.
-¿Nos desviamos del camino, señora? -preguntó la dama de compañía.
-Sólo un poco, Ermengarde -respondió Marianne-. Quiero ver unos cerezos que hay ahí detrás.
A medida que avanzaron por el sendero, la atmósfera cambió de forma imperceptible pero inquietante. La luz se volvió más fría, el viento más áspero, y hasta los pájaros callaron, como si la naturaleza contuviera el aliento. Fue entonces cuando Marianne, que caminaba un paso por delante, se detuvo en seco. Su cuerpo entero se tensó, y un estremecimiento le recorrió la espalda. La dama de compañía, sorprendida por la brusquedad del gesto, avanzó para preguntar qué ocurría, pero Marianne levantó una mano temblorosa, suplicando silencio. Sus ojos, abiertos de par en par, estaban fijos en un punto entre los arbustos, un punto que parecía absorber toda la luz y toda la serenidad del día. Dio un paso atrás, luego otro, llevando una mano al pecho como si necesitara contener un grito. Finalmente, el agudísimo chillido salió de su garganta con una potencia ensordecedora. Ermengarde intentó seguir la dirección de su mirada, pero Marianne, pálida como la cera, le rogó que no lo hiciera, que se apartara, que no mirara aquello que yacía oculto entre las sombras. Pero la curiosidad pudo más, y la visión la dejó tan horrorizada como a su ama: de uno de los cerezos cubiertos de una nube de flores rosadas colgaba un cadáver. Pasado el primer impacto, Marianne reconoció al difunto, que no era otro que Jean Ross. En algún nomento este caballero había hecho una referencia velada a alguna tragedia que había sacudido su familia, pero si alguien intentaba indagar discretamente, él rápidamente cambiaba de tema. Fuese cual fuese su secreto, se lo ha llevado a la tumba.
* * *
Tercera semana
Como es sabido, el Conde y la condesa Nadé organizaron una fiesta en su palacete para celebrar la festividad de San José. Asistieron André du Guerrier con Christine Daé, Cael de Rouen con Laurélie Hagopian, Hércule Delaveau con Anne Gramme y Léo Hardy le Castel con Catherine Dubois, además obviamente de los anfitriones.
¿Qué podemos decir de la fiesta que no sepamos ya, conociendo el excelente gusto de los condes? Lujo por doquier, exquisitos manjares y vinos traídos de todos los rincones de Francia, una pequeña orquesta que en principio tenía que ambientar la cena pero que acabó sirviendo para innumerables bailes... En resumen, los invitados quedaron maravillados con la hospitalidad de los organizadores.
* * *
Fray Marcel du Calais entró en Phillippe le Rouge con la intención de ver si podía ayudar en algo para la fiesta de regreso a París de Olivier Montoya. Su sorpresa fue encontrarse al homenajeado jugando una partida de ajedrez con Thibaut Cul-de-sac. El gascón miró a la puerta cuando entró el padre y lo saludó con un gesto. Al parecer habían llegado pronto para tener tiempo de jugar antes de que los invitados aparecieran, así que dejó que la partida continuara. También vio a un par de músicos y unas bailarinas preparando su actuación, más una hermosa señora sentada en una mesa circular en un rincón del club. Todos ellos gitanos, lo que le sorprendió. Un poco más tarde entró un nuevo caballero recién llegado a la ciudad, Malartic Dulac. Montoya volvió a observar quien entraba, mientras que Thibaut estaba mucho más centrado en la partida. El recién llegado saludó brevemente y se fue a hablar con los músicos. Debían de estar preparando algún espectáculo.
-¡Jaque mate! -exclamó Thibaut Cul-de-sac-. De todas formas, mon ami, no acabo de quedar satisfecho con mi victoria: durante toda la partida he tenido la impresión de que algún pensamiento muy profundo os distraía.
-A fe que no andáis desencaminado -respondió el aludido-, pero no puedo daros detalles, al menos por ahora. ¿Tendré mi revancha cuando mi mente esté más despejada?
-Por supuesto, contad con ello.
En ese momento entraron a la vez Alain Derrengué, Bernille Nienau y Cole Campbell, coincidiendo en la puerta de la entrada. El padre Marcel fue a saludar a cada uno de ellos y se sumaron Thibaut y Montoya, pero el último preguntó si no venía nadie más detrás de ellos, a lo que respondieron negativamente, encogiéndose de hombros. Pareciendo que estaban ya todos los invitados, al menos por el momento, un par de criados se ocuparon de traer el famoso barril de oricios del que tanto se había hablado, provenientes de la lonja de El Havre, que hizo las delicias de los presentes. Para poder acompañarlos apropiadamente, Malartic trajo los primeros caldos de vino, los cuales, curiosamente, fueron rechazados por Olivier.
-Pero hombre, ¿acabáis de volver de cinco meses en el frente y no vais a beber? -preguntó Derrengué.
-Esta noche me voy a moderar. Espero a una invitada muy especial -respondió el gascón con una sonrisa nerviosa, señalando hacia cierto lugar.
Había un reservado en el ala oeste del club con una mesa bellamente adornada, unos cubiertos ya dispuestos, unas rosas rojas repartidas en bonitos jarrones dispuestos en pedestales alrededor de la mesa y unas velas encendidas que daban calidez al discreto rincón. Los camareros estaban dando los últimos retoques.
-¡Maravilloso! -gritó Cole Campbell dando una fuerte palmada en la espalda de Montoya-. ¡Así se hace, campeón!
Todos comenzaron a beber los caldos, bromeando sobre el futuro encuentro romántico, a lo que Olivier, para no seguir siendo el objeto de las chanzas, los interrumpió.
-Mis queridos amigos. No estamos todos los que quisiéramos, pero los que estamos somos los más alegres de espíritu, los menos cortados por el rígido patrón de la sociedad, los más abiertos a la novedad, a la sorpresa, a lo enigmático. Los más dispuestos a arriesgar lo que se tiene. No somos celosos cancerberos de nuestra riqueza, del estatus adquirido, pues si lo hiciéramos nos pondríamos cadenas a nosotros mismos. Como dijo el poeta, «Sólo en sus sueños los hombres pueden ser verdaderamente libres. Siempre fue así, y siempre será así». ¡Qué difícil es escuchar nuestra propia voz ensordecida por el ruido de la vanidad! Por ello, hoy he contratado los servicios de toda una señora quiromante, Kassandra Le Fay, para que os devele vuestra propia voz... O vuestros sueños si tenéis dificultad para recordarlos. Abridle vuestro corazón y vuestra mano. Ella estará allí sentada para quien quiera una lectura privada, pero si no albergáis ningún temor, ¿por qué no abrimos nuestros corazones en presencia de todos?
Montoya hizo una indicación para que la gitana se acercara. Los caballeros se miraron los unos a los otros, dubitativos, excepto Cole Campbell, el cual, alzando la voz, exclamó:
-¡Que sea en público! ¡Nada teme el que nada oculta, jajajaja!
Extendió su enorme mano, lo que pilló desprevenida a la gitana pensando el trabajo que le iba a dar toda esa extensa palma, la cual empezó a estudiar con detenimiento.
-Ay, vida mía, eres un hombre fuerte y valiente -el padre Marcel se rió, incrédulo, dado que era una obviedad, pero la gitana ignoró al cura, el cual se alejó no queriendo participar-. Tu espíritu rebosa del liderazgo varonil propio de Reyes. Eres férreo ante el desafío. No reprimas tus emociones. Vívelas con fortaleza. Tienes gente sabia a tu alrededor. Hay influencias invisibles que te guiarán si sabes escucharlas. Tienes ante ti un rito de paso, como los tenemos nosotras, las gitanas. En el pasado hubo una mujer, ¡una emperatriz!, que consiguió que las cosas crecieran y florecieran para ti. Te costó confiar. Debías estar seguro de que podías fiarte de los demás. Piensas mucho en el éxito, pero debes tener una mayor confianza en ti mismo, debes cumplir con tus compromisos; afronta tus deberes sin evitar los desafíos que suponen y encontrarás tu propio destino. Encuentra tu destino y tu espíritu se verá realizado. Pero ten cuidado: hay una oposición fuerte enfrente tuyo. Bloqueos. Fuerzas contrarias. Necesitarás mayor decisión para superarlas. Veo gastos imprevistos con los que no contabas. Un obstáculo inesperado. Pero en realidad no es un obstáculo, es una nueva puerta que se te abre. Convierte el problema en una oportunidad y haz aliados. No te quedes en lo superficial. Ahonda en lo profundo. Pero ten cuidado -repitió-. Los demás te están despojando. Necesitas una mayor seguridad y vigilancia. Estás realizando sacrificios importantes. ¡Siguiente!
El escocés se hizo a un lado, pensativo. El rostro muy serio. La gitana le sonrió y le acarició la mejilla, dándole confianza. Alain Derrengué, impresionado por las palabras de Kassandra, se adelantó queriendo ser el próximo, apresurándose a extender la mano. La gitana la agarró con fuerza y empezó a repasar las líneas con la punta del dedo índice, emitiendo pequeños sonidos, cortos “¡ajá!” y cambiando la expresión de la cara varias veces. Alain empezaba a ponerse nervioso ante la espera, pero Le Fay finalmente habló:
-Hay una relación amorosa presente, muy viva e intensa -Alain sonrió como un niño con zapatos nuevos-. Estás eligiendo una compañera a la que le eres muy devoto. Ella es sagrada para ti. Está en tu corazón. Amor, mucho amor. ¡Vaya! ¡Cuanto amor! Dejemos esto por el momento porque no es una lectura privada -indagó en otra parte de la palma-. Te vendría bien buscar nuevos amigos para comprender el valor de lo que te ofrecen los demás y lo que puedes ofrecerles tú a ellos. ¡Ah! Pero tu mente está alerta. Demasiado alerta. Hay experiencias importantes que cambian la vida de uno y que sobrevienen sin previo aviso. Sustos y sorpresas repentinas. Tienes la sensación de haber sido traicionado y te culpas por ello, por no haber podido hacer lo que podías... O lo que debías. Estás atrapado en las viejas pautas de siempre. Conspiración... ¿De donde te vienen estos turbios pensamientos? -la gitana siguió la línea de la vida en sentido inverso-. ¡Aquí está! Tuviste que renunciar a algo que creías muy importante, pero a largo plazo era menor comparado con otra de mayor valor. ¡Las vueltas que da la vida son espirales con sentido! Claro, claro, hubo enfrentamiento y peligro. Eso es lo que te marcó. ¡Pero vuelve el amor en tu vida! El amor es muy importante para ti. No permitas que tu propia desazón te retenga. Sé consciente de hasta dónde puedes llegar y de las cadenas que te pones ti mismo. No hundas tu propio barco. Hay gente cerca de ti de los que te tienes que deshacer. Son inadecuados para ti. Aprende a caminar por la vida como los peregrinos y permítete entregarte a ti mismo. Y a ella también, claro -le guiñó un ojo-. Déjate guiar por tu intuición y no hagas caso a tus pensamientos y sentimientos viscerales. Busca tu propia inspiración, que es más elevada. Hazme caso, esto es importante. La inspiración está conectada a los bosques, a los ríos, al mar, a las montañas... ¡Y olvídate del pasado!
-¡Muchas gracias! ¿Y no sabe el nombre de esa mujer? -preguntó Alain.
-Tu ya lo sabes. No me necesitas para eso. ¿Quien viene ahora? Ah, Malartic, ven aquí, dame tu mano...
-Ya me dijiste hace tiempo todo lo que necesitaba saber de mi futuro -contestó con mucha familiaridad.
Kassandra lo miró como si esperara esa respuesta, con una mirada críptica, pero respetó su firmeza. Montoya dio un paso adelante, extendiendo la mano, viendo su momento. La gitana la cogió con cuidado... Y enarcó una ceja al ver sus líneas.
-¿Qué? ¿Qué ocurre? -preguntó Olivier.
-Deme la otra.
El gascón quedó con las dos manos extendidas, palmas arriba, agarrado por las muñecas y la gitana, intrigada y desconcertada a la vez, intercambiada miradas de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Luego, lo miró a los ojos.
-No habrá lectura para usted esta noche.
-¿Cómo? ¿Pero por qué?
-No puedo ver nada -contestó, pero Olivier no la creyó.
-¿Cómo que no puedes ver nada?
-¿Quién viene ahora?
-Oye, que no hemos terminado.
-Sí, hemos terminado. Y allí preguntan por usted.
El cadete se giró y había un mensajero en la puerta del club, preguntando por Olivier Montoya. Se olvidó de la gitana al instante y acudió a ver el mensaje que le traían. Abrió el sello rápidamente. Era una carta perfumada. Leyó atentamente su contenido:
Estimado monsieur Montoya:
Lamentándolo profundamente, no podré acompañarle esta noche como habíamos convenido. En el futuro será mejor que no vuelva a escribirme con tal propósito. Le ruego que no intente averiguar por qué. Tengo mis razones y como el caballero que sé que es, tengo la certeza de que respetará mi petición.
Con humilde respeto,
Lucille Brigitte Le Clothes Du Lacostte Blanche Montfort
A Olivier se le cayó el alma al suelo. Buscó cualquier pista en la carta que pudiera darle alguna otra información: la mancha de una lágrima, un trazo de carmín o cualquier otra señal, pero nada. Tan sólo aquel rechazo firme y cortés.
Al final se le acercó Marcel du Calais, intuyendo qué estaba ocurriendo, invitándolo a reunirse con los amigos. ¡Era su fiesta de regreso a París! ¡Había que celebrarlo! Thibaut Cul-de-sac trajo rápidamente una copa de vino, animándole a beberla de un sólo trago. Malartic hizo una señal para que los músicos tocaran y las bailarinas comenzaran su danza. Cole no se lo pensó dos veces y empezó a bailar un cèilidh de su tierra, tomando a Alain Derrengué como improvisado compañero de baile con tal de que todos se animaran. Thibaut trajo más caldos que Olivier no dudó en ingerir uno tras otro. ¿Y Bernille? ¿Donde estaba Bernille? A monsieur Nienau se le vio dirigirse a la mesa de la gitana para una lectura.
-Ummmh, estás en el momento de encontrar equilibrio en tu vida. La armonía. Pregúntate como puedes alcanzarla. Debes asumir la responsabilidad de tus propios errores en vez de culpar a los demás de lo que te pasa. La buena señal es que la solución puede venir de forma repentina, de manera resolutiva y oportuna, pero siempre que hagas uso de tu poder en la justa medida. En el pasado ganaste tu propia batalla particular, pero tuviste que ganar la paz y asegurarte de que tú y los tuyos gozarais de los beneficios tangibles de la victoria. Para ello hace poco iniciaste una nueva actividad, creando tu propio presente. Tu intuición te proporcionó nuevas ideas con importantes logros. Piensas que hay que trabajar duro, perseverar en tu propósito para recoger la cosecha. Está bien, esfuérzate pero de manera comedida. Sabes que debes aplicarte personalmente en tu misión. En breve aprenderás a manejar tus propias emociones... O deberías aprender. Veo una nueva e importante amistad que deberás trabajar escalón a escalón. Si lo haces, el futuro te sonreirá. Podrás hacer uso de tu creatividad, sabiendo cómo hacer que las cosas crezcan y se desarrollen. Así tendrás prosperidad. En el plano amoroso tu amante es muy intuitiva, pero está marcada por influencias de su pasado. Debe dejarse inspirar más y no hundirse en oscuros pensamientos. Te preocupa tu riqueza... O tu deseo es ganar más dinero. Estás pensando en hacer inversiones importantes. Eres bueno en eso. Elige bien dónde pones tu dinero y moverás grandes sumas.
La mujer observó un cruce de líneas que no pareció agradarle demasiado.
-Ten cuidado. Todo lo que te digo está ahí pero podría derrumbarse estrepitósamente como seas deshonesto. Las casas se construyen sobre cimientos sólidos. Debes ser honrado, sincero y hacer el bien. Mira más por los intereses de aquello en lo que crees que por tus propios intereses. Si eres egoísta todo se caerá como un castillo de naipes.
Una hora más tarde, Olivier, de la borrachera que tenía, estaba vomitando los oricios en el suelo. Se dice que lo dejaron dormir en uno de los reservados del club. El resto continuaron la fiesta sin el anfitrión.
* * *

Mucho más tarde, cuando ya sólo quedaban Malartic Dulac, sus músicos y su adivina recogiendo sus instrumentos y pertenencias, el bodeguero del Phillippe Le Rouge bajó a las bodegas del club, a buscar más vino para reponer el que tenía a mano para servir en el piso principal. Ese tal Montoya se había acabado prácticamente todo lo que había arriba. Bajó las escaleras y, al abrir la puerta, el aire gélido de la noche le golpeó.
-Qué raro, si el portón de descarga debería estar cerr... Ay, ay, ay...
Sus temores se confirmaron en cuanto paseó la antorcha por la estancia: los amplios portones que daban a la calle y permitían entrar las carretas cargadas de vino, hechos de gruesa madera de roble y atrancados desde dentro, estaban abiertos de par en par, y la bodega estaba prácticamente vacía. Le habían robado casi todas sus existencias.
El rostro del bodeguero viró en un bonito espectro de colores, desde el blanco pálido pasando por el violeta fucsia hasta hasta el rojo intenso. Lanzando un bramido, subió las escaleras de cuatro en cuatro hasta llegar al salón, donde en este momento ya sólo quedaba Montoya durmiendo la mona.
-¡DESGRACIADO! ¡¿DÓNDE ESTÁ MI VINO?! ¡¿DÓNDE?!
El pobre Montoya despertó de repente, sacudido fuertemente por el robusto bodeguero. Sintió que la cabeza se le separaba del cuello y caía rodando sobre el suelo, o más bien deseó que así sucediera. Una resaca monumental le impedía pensar con claridad o defenderse del coloso que le vapuleaba sin razón aparente. Finalmente, un joven criado acudió en su ayuda:
-Jefe, si hubiera sido él habría escurrido el bulto y no estaría aquí tan tranquilamente. Además, con el rato que lleva borracho no creo que haya podido abrir él las puertas.
El bodeguero soltó lo que quedaba de Montoya, que cayó al suelo con estrépito como una marioneta sin cuerdas, y se volvió al criado.
-Tienes razón; han tenido que ser esos malditos gitanos. ¡Hay que encontrarlos!
* * *
Del diario de Alain De La Débacle:
París, 21 de marzo del año del Señor de 1659
Otra velada en L'Epée, pero esta vez en pétit comité, con Adèle y el buen Philippe Le Clothes. Philippe estaba de buen humor y sigue risueño ante la perspectiva de enmendar su vida sentimental. Adèle y un servidor le ofrecimos toda nuestra colaboración en la empresa amorosa que teje con más cuidado que cualquiera de las casacas que salen del taller que regenta su hermana Lucille.
* * *
Cuarta semana
El Salón Literario de Ingrid Svensson, la Viscomtesse de Castelmore, y Anne Lefèvre, Comtesse de Dusel se ha convertido poco a poco en todo un evento ineludible en París. Ya son habituales figuras como el escritor Antoine Gombaud, Caballero de Méré, el poeta y dramaturgo Pierre Corneille, el escritor y poeta Gédéon Tallemant des Réaux, el ilustrado Robert Arnauld d'Andilly, el Marqués Simon Arnauld de Pomponne, la novelista Madeleine de Scudéry y su hermano Georges de Scudéry, el poeta y dramaturgo Jean Desmarets de Saint-Sorlin, el literato Valentin Conrart, el escritor Jean Chapelain, Honorat de Bueil de Racan , pintores como Charles Le Brun, Nicolas Robert y otras personalidades como Los embajadores de varios paises, su exMajestad Cristina de Suecia. El ministro de Exteriores con su esposa, el Ministro de Justicia con su dama, el Cirujano Claude François Félix de Tassy que acompaña a Marie Dupont.
Además de los fieles colaboradores habituales el Chevalier d'Honneur Hércule Delaveau con su esposa Anne Gramme y el Mayor Bernille Nienau con Élise Leclerc, también acuden el Ministro de Estado y Comte de Rouen con Laurélie Hagopian, el Baron de Broglia con su esposa Claire Lagaine, el Ministro de Guerra y Viscomte de Gade con su esposa Eléonor d'Yberville, el Chevalier d'Honneur André du Guerrier con su esposa Christine Daé acompañando a la joven y bella Maria Manciniy su Excelencia el Cardenal Mazarino, le Baron du Castel con Catherine Dubois, el Par de Francia y miembro de la Académie Française César d'Estrées, el Mayor Alain de la Débâcle acompañado de su dama Adèle Féraut, Phillipe Le Clothes Du Lacoste y su hermana Lucille Brigitte, el capitán Thibaut Cul-de-sac con su dama Madeleine Dubois, Léo Hardy le Castel con Catherine Dubois y un flamante François Fronsac junto a su dama Magdalène Vien.
El inevitable duelo regimental entre le comte de Rouen y Phillipe Le Clothes Du Lacoste acabó en un impacto simultáneo, pero le comte de Rouen sólo logró rasgar la ropa de su oponente mientras que Phillipe Le Clothes Du Lacoste consiguió infligir un leve rasguño a su rival, por lo que el lance terminó con la victoria de este último.
Esta vez el palacete se ha vuelto a llenar de flores y guirnaldas florales y una estatua de hielo en forma de cupido ha suscitado la admiración de todos los presentes. La temática especial para esta gala extraordinaria es el Amor. La pareja elegida para personificar el tema es la formada por nuestro Ministro de Estado Cael de Rouen y su dama Laurélie Hagopian. Le Comte de Rouen anunció la segunda semana su boda y las anfitrionas del Salón Literario exponen la idea de que los asistentes que lo deseen compongan un poema, un madrigal, inspirado en un tipo de flor y dedicado a la futura Comtesse de Rouen, Laurélie Hagopian. El aplauso es general y la aceptación es unánime ante la propuesta tan creativa. El calígrafo Nicolas Jarry se ofrece a caligrafiar todos los madrigales para crear la obra final. Anne Gramme se compromete a encargarse en su nueva imprenta de la reproducción del libreto. El miniaturista y grabador Nicolas Rober se postula para crear la portada pintando una guirnalda con cada una de las flores citada en cada poema, y nuevos aplausos acogen con gran aceptación tales ofertas.
La violeta es la flor elegida por Jean Desmarets de Saint-Sorlin para su madrigal. Charles Batz-Castelmore elige la petunia para el suyo. Élise Leclerc escoge la "Amapola Amarilla" (Papaver cambricum) que crece a los pies de la montaña de Montsegur, en el llamado "Prat dels Cremats" pues es en donde se ejecutaron en la hoguera a los últimos defensores del castillo el día 16 de marzo de 1244. Tras la explicación tan emotiva y al terminar su poema miembros de la compañía de Molière teatralizan la lectura:

En mis manos temblaba una luz dorada,
de una amapola posada sobre un brocado
y en tus ojos, Laurélie, vi reflejada
la calma de un sol que nunca ha marchitado.
Para Laurélie, cuyo nombre florece,
como estirpe futura de honor y verdad,
esta flor que en silencio protege y mece
lleva calma al alma y suave claridad.
Dicen que cura lo hondo y serena la herida,
que en su oro se esconde un dulce poder,
y así como ella embellece la vida,
tu destino, Laurélie, hará al mundo florecer.
Èlise Léclerc.
Se adelanta en ese momento du Guerrier. Viste un jubón de seda negra con acuchillados en gris acero, sobrio, casi un uniforme civil que ignora las cintas de colores que lucen los cortesanos. Su mano derecha, enguantada, sostiene el ramo como si fuera el pomo de una maza de armas. El contraste es violento: la delicadeza de las flores contra la rigidez de su porte marcial.
El murmullo de los versos se apaga. Las cabezas se giran. El ramo es una estructura imponente, una arquitectura de pétalos que parece haber sido arrancada de un jardín real bajo vigilancia. Los tulipanes de fuego y las coronas imperiales se alzan sobre el resto de las flores como estandartes en un campo de batalla.
Du Guerrier cruza el salón con paso firme, ignorando las miradas laterales y las sonrisas de compromiso. Se detiene frente a la dama, amiga de su esposa, que aguarda con un abanico plegado contra el pecho.
-Señora -su voz, profunda y carente de inflexiones poéticas, corta el silencio del salón-. Los poetas buscan las palabras para describir la primavera. Yo prefiero traérosla entera, con sus espinas y su corona, para que no tengáis que imaginarla.
Extiende el ramo. El peso de la composición obliga a la dama a recibirlo con ambas manos, un gesto que casi parece una rendición. El aroma de los lirios de los valles y las rosas de Damasco estalla en el aire, reclamando el espacio, asfixiando los perfumes artificiales de los invitados.
No hay rima. No hay metáfora. Hay una presencia física, abrumadora, que deja a los hombres de letras con la boca abierta y las plumas secas. Du Guerrier hace una inclinación de cabeza apenas perceptible, una concesión a la etiqueta, y retrocede un paso para situarse al lado de su esposa.
María Mancini suspira emocionada a la vez que aplaude junto al resto de la concurrencia y pide la orquídea para crear su poema. A medida que van surgiendo las flores de cada poema, Nicolas Rober va esbozando la portada con la guirnalda de flores.
Ante la gran acogida de la Guirnalda de Laurélie la homenajeada está sumamente emocionada. Y dado que son muchos los que quieren colaborar se da tiempo para que todo aquel que quiera componer su madrigal lo haga, para que el mes que viene se pueda finalizar la obra que será entregada como regalo de boda a la pareja.
Del diario de Alain de la Débâcle:
París, 28 de marzo del año del Señor de 1659
Otra interesante sesión del Salón Literario en el palacete Svensson/Castelmore. Para mí lo más destacable fue la presencia del teniente Fronsac, de mi amado regimiento, acompañado por Madgaléne Vien. Felicito a Fronsac en un aparte y le deseo lo mejor. Eso sí, le pido que no se ponga celoso si en algún momento requiero la compañía de Magdalène para alguno de mis pequeños conciertos. También le digo que ya estoy pensando en la campaña militar del próximo verano, que veo a nuestros dragones algo oxidados por la larga estancia en París. Luego escucho asombrado los madrigales que algunos participantes han compuesto en honor de la prometida del conde de Rouen. Y me excuso ante el vizconde de Castelmore, que me había animado a participar. 'El día que el Señor repartió el don de la poesía, yo estaba trasegando Calvados' le digo y él sonríe comprensivo. Y reflexiono en que es curioso que sé disponer las notas sobre el papel pautado y transmitir mis sentimientos, pero que si intento una rima mi mejor resultado es un ripio.
Al final, le digo a Adèle que hemos de marcharnos porque tengo que regar mi siempreviva, cortesía de su chaperonne. Adèle me dice 'Más te vale que esa planta siga viva, porque Babette no perdona.'
* * *

Durante todo el mes, las afueras de París han sufrido las molestias y alteraciones del orden provocadas por una horda de gitanos que ha ido llegando poco a poco desde la primera semana, en que eran unos siete carromatos, hasta formar una verdadera multitud acampada no lejos de la puerta de Saint-Antoine. Utilizan los viñedos como caballerizas, y sus incursiones en las calles buscando las peores tabernas y los garitos más sucios han causado verdadero terror a los parisinos. Las quejas se han ido acumulando en el despacho del Gobernador Militar de París quien, por primera vez en su vida, parece dar más importancia a su inminente boda que a los problemas de la Cité. Mucho se le ha criticado por su tardanza en contraer matrimonio, pero parece que esta vez ha dicho basta, tal vez presionado por un posible ultimátum de su prometida. Suponemos que tras la boda, o al menos tras dejarlo todo encarrilado, tomará cartas en el asunto.
Mientras el Ministro de Estado y Gobernador Militar prepara su propia boda, parece que se le han adelantado: la última semana del mes, en el mencionado campamento gitano, que ya ocupa una enorme extensión de terreno y es un bullicio constante, se ha celebrado el matrimonio de un miembro de esa comunidad. La ceremonia, consistente principalmente en comer y beber, ha contado con la presencia del comandante Montoya, al parecer invitado por un tal Malartic Dulac con el que hizo buenas migas la semana anterior en Phillippe Le Rouge.
Terminada la ceremonia propiamente dicha, París entero fue testigo del tremebundo escándalo que se desató en sus calles. Un cortejo a caballo salió del asentamiento y entró en la ciudad lanzando vivas al aire a grito pelado, con las espadas en alto, tras la carreta esplendorosamente engalanada de los novios, precedidos por una procesión interminable de gente notablemente ebria que portaba armas de fuego, a cuya cabeza marchaba tambaleante la efigie de la patrona de los gitanos, la misma virgen negra cuyo santuario fue destruido por André du Guerrier un tiempo atrás. Y al frente de la comparsa iba el orgulloso y sonriente el provenzal, hermano del novio, ataviado de verde de pies a cabeza, portando un paño de batista atado al extremo de un largo palo cual si fuera una bandera. La comitiva recorrió las calles y acabó saliendo por la misma puerta por donde había entrado, dejando a su paso un rastro de caos y desorden.
* * *
EL CABALLERO DEL MES
El título de Caballero del mes corresponde a:
Cael de Rouen
Por finalmente contraer matrimonio
EL PATÁN DEL MES
El título de Patán del mes corresponde a:
Olivier Montoya
Literalmente y según varios caballeros, "por lo de siempre"
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NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES
- Olivier Montoya ha sido nombrado Mayor de los Cadetes de la Gascuña
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ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS
- Cael de Rouen anuncia que se presentará a Mando de la 4ª División (M07D)
- André du Guerrier anuncia que se presentará a Mayor de la Brigada de Guardias (M15A)
- Charles Batz-Castelmore anuncia que se presentará a Mayor de la Brigada de Guardias (M15A)
- Hércule Delaveau anuncia que se presentará a Mayor de la Brigada de Guardias (M15A)
- Renné Gade anuncia que se presentará a Mayor de la Brigada de Guardias (M15A)
- Cole Campbell anuncia que se presentará a Mayor de la Brigada Montada (M15B)
- Alain de la Débâcle anuncia que se presentará a Mayor de la Brigada de Dragones (M15D)
- Olivier Montoya anuncia que se presentará a Mayor de la 4ª Brigada de a Pie (M15H)
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CARGOS PARA EL MES DE ABRIL
| Cargo | Requisitos | N.S. mínimo | Quién nombra |
| Jefes de División | Tte.General o superior | 8 | Aide General |
| Aides de Ejercito | Coronel | 5 | Jefes Ejércitos |
| Mayores de Brigada | Mayor | 3 | Jefes Brigadas |
| Quartermasters | Brigadier General | 6 | Jefes Ejércitos |
| Administrador diocesano | Obispo | 12 | Cardenal |
CARGOS PARA EL MES DE MAYO
| Cargo | Requisitos | N.S. mínimo | Quién nombra |
| Aides de Division | Teniente Coronel | 4 | Jefes Divisiones |
| Ayte. del Cardenal | Obispo | 12 | Cardenal |
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AGRADECIMIENTOS
- A David, por los numerosos fragmentos que ha enviado para las cuatro semanas
- A José, por los fragmentos del diario de Alain de la Débâcle
- A Víctor, por la descripción de la fiesta de la tercera semana (la de los erizos de mar)
- A Kike y a la Biblioteca Virtual Cervantes, por la información relativa a la boda gitana
NOTAS DE LOS REALES SECRETARIOS
Os pido disculpas si encontráis algo a faltar, o si hay algún fallo. Ha sido una semana muy movida (y el fin de semana ha sido todavía peor por culpa de la llegada del buen tiempo), y he tenido que montar la crónica casi a ratos perdidos o robados al sueño. De todas formas, una vez más, estoy en deuda con los que habéis contribuido tan generosamente. Estoy empezando a pensar en "Preux et Audacieux" como un experimento de obra coral... Y me encanta la idea.
¿Y Joan?, os preguntaréis. Pues... últimamente su vida es aún más complicada que la mía. Sigue ayudándome, pero se mantiene más en las sombras y no contribuye tanto a la crónica. Pero ahí está, en la sala de máquinas, haciendo que esto funcione. De hecho estamos trabajando en una reforma interna de la aplicación que casi no notaréis, pero que será muy importante (y es una gran cuenta pendiente): la normalización de la base de datos en lo que respecta a las damas. Actualmente hay una tabla de damas donde se indica quién es el galán o marido de cada una, otra tabla de personajes donde se indica cuál es la dama de cada uno (entre otras cosas, claro), y luego una tabla de relaciones caballero-dama donde se indica qué damas conoce cada uno y qué tipo de relación tienen. Obviamente todas estas indicaciones son redundantes, y a veces hasta se contradicen entre ellas. La idea es que todo se centralice en la tabla de relaciones (es decir, en lo que vosotros veis como la sección "DAMAS A LAS QUE CONOCE" de la ficha). Los que seáis del oficio ya sabéis a qué me refiero. Pero claro, eso hay que estudiarlo bien y repasar absolutamente todo el código del sistema, página a página. Y después, por supuesto, hacer pruebas...
FECHA LÍMITE PARA EL PRÓXIMO TURNO
El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 1 de mayo de 2026, a la medianoche (hora española peninsular).
¡Hasta pronto!
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