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Los Oficios Reales

Una de las principales fuentes de ingresos para las arcas de la Corona durante el reinado de Luis XIII (y posteriormente durante el de Luis XIV) fueron los Oficios Reales. Para los burgueses adinerados eran una fuente de dinero y una forma de progreso social, y para las finanzas de Su Majestad representaban dinero fresco y rápido.

Técnicamente, un Oficio Real era un préstamo a largo plazo que un burgués realizaba a la Corona; ésta, en lugar de devolverlo directamente, otorgaba al prestamista una concesión sobre algún tipo de servicio, y los beneficios del mismo se consideraban como devolución del préstamo. Como las concesiones se realizaban por tiempo indefinido, en la práctica el prestatario estaba comprando la concesión, a veces incluso con carácter hereditario. Además del beneficio económico directo que reportaban estas concesiones, eran una forma muy eficaz de obtener contactos interesantes en Palacio y una posición de prestigio.

Pero, ¿en qué consistían estas concesiones? Prácticamente se concesionaba todo. Puesto que cada Oficio Real suponía dinero, la Corona fue de lo más creativa a la hora de inventar Oficios para todas las necesidades y gustos. Había, por ejemplo, un Real Descargador de Carbón, encargado de la descarga del carbón que llegaba a París a través del Sena, un Real Pesador de Carbón, que pesaba el carbón en las operaciones de compra y venta, dando de esta forma una garantía oficial al peso vendido, un Real Tasador, que controlaba el precio del carbón para evitar la especulación, un Real Almacenero, que se encargaba de las carbonerías donde los comerciantes almacenaban su stock hasta venderlo o transportarlo, etc, etc. Si multiplicamos estos y otros cargos similares por tantos productos como llegaban a París, no sólo por vía fluvial sino también terrestre (harina, sal, vino, legumbres, carne, piedra, metales, madera, papel, tinta...), la lista es interminable. Y no sólo estamos hablando de las transacciones comerciales, sino también de peajes en puentes y accesos, publicación de edictos reales, mensajería y correo, y cientos de cosas más.

El concesionario, como es lógico, raramente se encargaba directamente del trabajo asociado a la concesión; normalmente contrataba mano de obra y, cuando el volumen de gestión lo justificaba, incluso administradores y contables. El hecho de ostentar una de estas concesiones daba una relevancia económica y social que, a largo plazo, podía permitir a algunos de los más prósperos llegar a emparentar incluso con la baja nobleza que, en muchos casos, se veía arruinada y tenía en un matrimonio de este tipo la forma de recuperar su fortuna. Los Oficios Reales eran, pues, una inversión cara y, a veces, a largo plazo, pero muy provechosa para la familia que podía permitirse realizarla.

A efectos de juego los Oficios Reales no están contemplados directamente, pero se puede asumir que las pensiones paternas de algunos de los caballeros (normalmente los hijos de "gentiles") proceden de dichos Oficios, ostentados por el padre o tío del personaje. Por otra parte, uno de los Oficios Reales más implicado directamente en el juego es el de Real Cronista que, aunque no existe constancia de si existió en la realidad, es perfectamente aceptable y coherente dentro del contexto de los Oficios Reales.

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