Preux et audacieux: Una partida de En Garde!® por e-mail

Entrevista con Su Excelencia (actualmente Su Eminencia) el padre Martin du Heyn

el padre Du Heyn

Me encuentro en el palacio arzobispal. Estancia soleada, con amplios ventanales y vistas al jardín, espacioso y geométricamente perfecto. La decoración es sobria, apenas algunos retratos de Su Majestad y de San Francisco de Asís, fundador de la Orden. Alguna alfombra, una chimenea para dar calor y algunos escudos de armas y armaduras, propios de un hombre de su rango.

-Excelencia: sois, a pesar de vuestra condición eclesiástica, un hombre poderoso. ¿Cómo se conjuga el poder mundano acumulado en vuestras manos con la vocación religiosa que implica alejaros del mundo?

Considero que la religión es alejarse del mundo ordinario en el plano espiritual, acercándonos a él en el plano físico o material. El Señor nos encomendó la labor de difundir Su palabra y ello se consigue no sólo con palabras y oración, sino tambien con hechos y actuación. Considero que mi desempeño de cargos públicos no es sino reflejo de mi vocación para con los demás y mi deseo de servir lo mejor posible.

-Vuestro cargo puede implicar, en determinadas circunstancias, condenar a muerte a un semejante. ¿Cómo compatibilizais tal obligación con la observancia del quinto Mandamiento?

El Quinto mandamiento nos dice que no matarás. Pero ese "no matarás" no debe ser entendido en un sentido categórico o extremo. Qué duda cabe que a todo ser humano se le reconoce el derecho a defenderse de cualquier agresión física y velar por su vida. Así también se reconoce el derecho de los países a defender sus territorios y poblaciones, acudiendo si es necesario a la propia guerra y con ella a la muerte de sus semejantes.
En lo que a mí atañe y en determinadas situaciones, la muerte de criminales, ya sea por delitos excesivamente graves o por constituir un perjuicio al resto de los ciudadanos, me parece hoy día como el único remedio existente. La cadena perpetua no es sino la muerte en vida, agravando así el sufrimiento del condenado. Ello no obsta a que, como hombre de fe que soy, pida a Dios redención para sus almas y que sea benevolo en Su juicio, siempre y cuando medie el arrepentimiento sincero, como Él nos enseñó.

-Sobre el Edicto contra el Duelo: aunque se ha elevado alguna voz exigiendo mayor dureza en su cumplimiento, la mayoría de caballeros de la Cité creen que el edicto es superfluo y atenta contra su legítimo derecho a defender su honor. ¿Cuál es vuestra posición al respecto?

Mi posición es conocida por todos en este aspecto. Personalmente no otorgo validez al duelo como medio de defensa del honor y lo creo más una reminiscencia a título individual del ojo por ojo y diente por diente. Pero a pesar de este rechazo personal, mi única intención es hacer cumplir la ley, y por ello persigo a quienes quebrantan el edicto. Puedo respetar que dos personas en pleno uso de sus facultades pretendan dirimir cuestiones de honor por medio de las armas, allá cada uno, pero cuando el lance pasa a mayores y se causa la muerte al otro, es cuando la razón moral debiera intervenir. El Cardenal ha preferido evitar la consecuencia mayor impidiendo cualquier intento de duelo y no puedo sino apoyar esa opción. La ley debe ser la defensa del ofendido y no su propia mano.

-Francia ha entrado en guerra contra los Habsburgo hispano-austríacos, aliándose para ello con los Países Bajos, Suecia y otras potencias de confesión protestante. Aun sabiendo que la guerra no es una de vuestras competencias, ¿cuál es vuestra opinión, como eclesiástico, acerca del hecho de que nos hemos aliado con herejes para luchar contra otros católicos?

Como bien decís, quedan lejos de mí las grandes cuestiones sobre política entre países y sus monarcas. Como hombre de religión me repugnan las guerras y la muerte y sufrimiento que ellas ocasionan. Pero tampoco puedo desconocer el hecho de la existencia de diversos territorios con intereses contrapuestos y que en muchos casos chocan y producen estos fatales hechos. La vida hace extraños compañeros de cama, se suele decir, y a veces es necesario renunciar por un lado para llegar a otro. No afirmo que el fin justifique los medios siempre y en todo caso, pero a veces es necesario.

-Por último, Excelencia, ¿qué mensaje os gustaría dar a todos los habitantes de París?

Como hombre de Fe, les encomiendo a seguir la vida de nuestro Señor. En sus palabras, sus enseñanzas y en sus hechos podran descubrir el camino a la felicidad y a la Vida Eterna. Como hombre público, les conmino a acatar la ley y respetarla, como punto de unión y de defensa contra la injusticia y el mal. Mis oraciones para todos ellos y que la prudencia y la sabiduria puedan guiar sus pasos.

Entrevistas Volver al índice de entrevistas.  Principal Volver a la página principal.


®"En Garde!" es una marca registrada de Margam Evans Limited