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REAL CRÓNICA DE JUNIO DE 1649
(Número 275)

No puedo estar en dos sitios a la vez.
Le Duc de Lemaitre

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

Corredores de la Bastilla, lunes al amanecer.

Mientras se encaminaba a la celda, el Teniente General de la Policía no paraba de pensar en las extrañas vueltas que da la vida. Hacía tiempo que admiraba a aquel hombre. De origen humilde, militar de éxito primero, poco a poco fue medrando hasta ser Ministro de Estado varios años. Y ahora, prisionero, iba a interrogarlo.

Aún recordaba los buenos tiempos antes de la Fronda. Cuando les presentaron. Su relación había sido siempre de respeto mutuo pero no había llegado a cuajar una amistad.

Casi sin darse cuenta, había llegado a la puerta de la celda, así que procedió a entrar en la estancia, cómoda y espaciosa, donde las rejas en la ventana y en el ventanuco de la puerta eran lo único que recordaba que aquello era una prisión y no una cómoda alcoba. Sentado en una mullida butaca, el aún Mariscal de Francia se encontraba leyendo. Levantó la vista al oír la puerta.

-Buenos días, monsieur. Me preguntaba cuándo vendríais a verme. Tal vez vos tengáis más seso que el Ministro de Justicia; al menos eso espero del Teniente General de la Policía de Su Majestad.

-Excelencia, vengo a veros por motivos obvios. Quisiera que me contestarais a varias preguntas y me gustaría que fuerais minucioso en las respuestas. No se os escapará que de eso dependerá vuestra libertad.

Lemaitre cerró el libro. Con un gesto ofreció asiento al Teniente General.

-Decidme. ¿Cómo puedo ayudaros o, mejor dicho, ayudarme?

Tras sentarse, el TGP sacó unos legajos de su cartera y tras rechazar un refrigerio, comenzó:

-Habladme de Ninon de Lenclos. Habladme del incidente de vuestro atentado.

-Durante la última semana del mes de Marzo, Ninon de Lenclos contactó conmigo ya que decía tener información sensible que afectaría a la seguridad de Francia y que alcanzaba las más altas cotas del Estado. Al preguntarle el porqué de informarme a mí, existiendo vuestro cargo y un Ministro de Estado a los que yo la remití, ésta me dijo que era necesario darme a mí dicha información ya que, según insinuaba, varios ministros de Su Majestad estaban implicados. Entre otros, varios caballeros notables de la corte.

»La cita sería la tercera semana, al alba, frente a mi residencia. Daba instrucciones de que fuera solo y subiera con ella al carruaje en el que iría. Al negarme yo a hacerlo y ofrecerle vernos en la seguridad de mi casa, dada la magnitud de lo que contaba, montó en cólera. Claramente no estaba acostumbrada a que los hombres rechazasen sus caprichos... Lo que no tuvo en cuenta Mlle. de Lenclos es que yo guardo toda la correspondencia. Aquí tenéis lo que me respondió a continuación y todo lo referente al caso -concluyó Lemaitre a la vez que entregaba unos documentos a su interlocutor.

Cuando el Teniente General hubo leído los papeles, asintió e hizo ademán de que continuara.

-Así pues, ordené a mi guardia personal apostarse en los jardines de mi residencia, para darme debida cobertura, ya que sospechaba que mi seguridad podría verse comprometida. Yo también iba armado, como habréis leído en la crónica de los hechos. Así pues, se atentó contra mi vida en un complot urdido entre Ninon de Lenclos y otros traidores cuyas identidades urge conocer.

-¿Sospecháis de alguien?

Lemaitre esbozó una sonrisa irónica.

-No me gusta acusar sin pruebas.

-Bien -continuó el Teniente General-. Hablemos del ministro de Asuntos exteriores. Supongo que conocéis las últimas noticias.

-Sé que ha desaparecido, me lo han comentado los carceleros.

-¿Tenéis algo que decir al respecto? ¿Cómo era vuestra relación?

-¿De qué? ¿De su desaparición? Nada en absoluto. Ignoro los motivos de la misma. Nuestra relación era casi inexistente. Compartíamos desde hace poco la condición de ministro y nuestros temas de conversación eran por motivos del cargo y poco más. Hace tiempo, antes de eso, contactó conmigo una vez para que asistiera a una cena, más por cortesía que por interés real, imagino. Aunque si os sirve de algo, recuerdo que en un consejo de ministros comentó que se encontraba algo inquieto, ya que se había encontrado octavillas en los alrededores de su domicilio en el que se instaba a la chusma a tirarles piedras a él y a su familia.

El Teniente General de la policía asintió.

-Lamentablemente hemos encontrado varias octavillas amenazando a personas influyentes de París. Bien, Excelencia, por mi parte eso es todo.

-Esperad, si os place. Ya casi es mediodía y me gustaría poder compartir con vos unos minutos más con una copa en la mano. Esto del encarcelamiento es aburridísimo y tampoco ayuda mi convalecencia -dijo Lemaitre señalando su bastón.

Por primera vez se vio vacilar al Teniente General.

-No sé si...

Finalmente aceptó. Quién sabe, pensó. Quizás en un ambiente más distendido pueda sacarle alguna información más, o contrastar la que ya tengo.

El prisionero, comportándose como un verdadero anfitrión, llamó al carcelero que también hacía las veces de criado:

-¡Phillipe! Que traigan vino y algo de picar!

El Mariscal de Francia cambió de postura trabajosamente en su sillón y, mirando al Teniente General de la Policía sonrió:

-Hablemos...

* * *

Segunda semana

LeMaitre suspiró y se levantó de la butaca en la que se hallaba reposando de sus heridas. Había oído dos grupos de pasos en el corredor que llevaba a su celda, y eso significaba visita: alguien más venía con el carcelero. La puerta se abrió y, efectivamente, un guardia le franqueó el paso nada menos que al Ministro de Estado.

-Vaya, Excelencia. Qué agradable sorpresa -la voz de LeMaitre, aunque correcta y amable, no pudo ocultar un punto de ironía-. La semana pasada el Teniente General de la Policía, y ahora vos. Tengo que reconocer que, desde que estoy en la Bastilla, hago mucha más vida social. ¿Qué os trae por aquí? ¿Puedo ofreceros un Borgoña?

-No, gracias, Excelencia. Prefiero ser breve; imagino que estaréis muy ocupado -Beaumont devolvió finamente la ironía, aunque un vistazo al escritorio de la celda, repleto de libros, le hizo pensar que quizás la broma resultara ser cierta-. Iré al grano: Se os acusa de intento de asesinato y de secuestro. Deberéis presentar cuanto antes las pruebas que consideréis oportunas para esclarecer los hechos, o no saldréis vivo de la Bastilla.

-De entrada, Excelencia -respondió el prisionero-, ni siquiera sé en calidad de qué estoy aquí. Monsieur Hullin me comunicó que me retenía en calidad de testigo protegido en relación al incidente con Ninon de Lenclos, pero inmediatamente me preguntó si quería confesar. ¿Confesar qué? ¡Un testigo no confiesa, Excelencia! Simplemente, declara para ayudar a la Justicia. Y os declaro que nada sé relacionado con mademoiselle Ninon, ya que el Ministro de Justicia me detuvo antes de que pudiese investigar nada. Como afectado en el incidente, tengo especial interés en que se resuelva. Os puedo mostrar las notas intercambiadas entre mademoiselle Ninon y yo; veréis en ellas que fue ella la que se puso en contacto conmigo y me expuso los motivos por los que necesitaba urgentemente verme. Las condiciones que me imponía me parecieron, cuando menos, extrañas, y así se lo dije. Pese a que se lo expuse razonadamente y con la máxima corrección y delicadeza, me hizo uno de esos desplantes tan típicos del temperamento femenino, aunque finalmente acordamos unas condiciones para el encuentro. Evidentemente, yo tomé mis precauciones, precauciones que resultaron fundadas porque luego sucedió lo que ya conocéis, y es gracias a mis hombres, que valientemente me sacaron de la emboscada, que estoy vivo actualmente, aunque como véis aún no me he recuperado totalmente de las heridas sufridas. Tiempos turbulentos éstos, en los que casi asesinan a un Ministro de Su Majestad y secuestran a otro sin que se sepa su paradero.

-Eso nos lleva a la segunda cuestión, Excelencia -interrumpió Beaumont-. ¿Qué sabéis, si es que sabéis algo, del secuestro y paradero de Su Excelencia el Ministro D'Estrées?

-No sé nada, obviamente. No puedo estar en dos sitios a la vez, y menos en mi estado. Pero decidme, Excelencia, ¿cómo voy a presentar las pruebas que me pedís si no puedo salir de aquí? Por otro lado, permitidme que os diga que este tipo de investigaciones no es competencia del Ministro de Justicia sino del Teniente General de la Policía. Por lo tanto, solicito formalmente la recusación del Ministro de Justicia y que sea apartado de la investigación.

El Ministro de Estado frunció el ceño, pensativo. Realmente, a LeMaitre no le faltaba razón. Si todo este asunto estaba relacionado con la Fronda, como parecía ser, se trataba de un caso de alta traición, y por lo tanto competencia del Teniente General de la Policía.

Está bien, Excelencia. Tomaré en cuenta vuestra solicitud. Y hablaré con el Ministro de Justicia y el Teniente General de la Policía.


* * *

Tercera semana

Una vez más, LeMaitre recibía una visita. Esta vez repetida: el Teniente General de la Policía.

Bien, Excelencia, he meditado mucho vuestro caso. He recibido instrucciones de Su Excelencia el Ministro de Estado, y también información procedente del Ministerio de Justicia. No tengo pruebas concluyentes contra vos, pero tampoco descarto totalmente vuestra implicación, directa o no, en alguno de los hechos acaecidos en París los pasados meses, aunque sea simplemente por lo que incidentalmente podáis saber. Quizás el enemigo, sea quien sea, cree, acertadamente o no, que estáis en posesión de informaciones que pueden comprometerle. Vamos a hacer una cosa: Quedaréis en libertad la próxima semana, pero tomaremos ciertas... ejem... medidas para proteger vuestra integridad física. En primer lugar, los caminos son peligrosos en estos tiempos, así que no podréis salir de París. En segundo lugar, aunque me consta que tenéis una escolta personal, tantos meses de servicio continuado les habrán fatigado y, además, ahora se inicia la campaña de verano. Por lo tanto, vuestra escolta queda licenciada o vuelta a sus unidades de origen, y en su lugar tomaréis una compañía de la Guardia de la Vieja Ciudad que no se separará de vos ni a sol ni a sombra. Y, evidentemente, estaré informado a través de ellos de todos y cada uno de vuestros movimientos, para saber dónde tengo que enviar refuerzos urgentes en caso de que se produzca un ataque contra vuestra persona. Evidentemente -aquí alzó una mano para frenar a Lemaitre, que ya había abierto la boca para protestar-, no os obligo a aceptar ninguna de estas medidas, Excelencia. Entiendo que pueden ser farragosas, así que tenéis plena libertad para rechazarlas y continuar, protegido y seguro, en la Bastilla. ¿Qué me decís? No me contestéis ahora. Como os digo, tenéis una semana para pensarlo. ¡Hasta pronto, Excelencia!

Y el Teniente General de la Policía salió de la celda, cerrando tras de sí antes de que el Ministro del Bienestar, irritado y sorprendido a partes iguales, pudiera articular palabra.

* * *

Cuarta semana

Desesperado.

Así se sentía un Edmond Narcís D'Estrées atado, magullado, incomunicado y, sobre todo, devorado por la certeza de que su historia no acabaría bien.

El que estaba bien atado era un hecho. Apenas podía moverse y, a pesar de tener los ojos vendados, sus captores no le habían permitido ni un respiro sin sus ataduras, ni para comer, ni para asearse. Además, las malditas estaban bien ajustadas y no cedían a ningún tipo de intento de aflojarlas.

Para aumentar su desesperación, las magulladuras de los golpes recibidos en su carruaje remitían lentamente pero la falta de ejercicio acentuaba algunos pinchazos esporádicos y, en concreto, la mejilla le seguía doliendo mucho. Allí le habían golpeado en la emboscada... La emboscada... tal como estaba ahora, podía haber sido ayer o hace un año... pero no, sus custodios le recordaban cada día que le quedaba un día menos de vida. Y así le repetían la letanía: dos meses.

Era eso, y la venda, y las ataduras, y la sensación de estar metido en un gran agujero donde todo sonido resonaba y distorsionaba, y el que sus captores se mostraran en todo momento diligentes, profesionales e insobornables, y a que en ningún momento le hubieran pedido canje alguno por su libertad o le hubieran explicado los motivos de su captura... era eso lo que le hacía sentirse desesperado y perdido.

De repente, un estruendo rompió su impuesta rutina sacándole de la duermevela en la que agonizaba... Al otro lado de la puerta que le separaba de sus captores se escuchó un crujido de madera seguido de algunos gritos y blasfemias, una detonación de arma de fuego precedió a más golpes y al entrechocar de aceros, se oyeron gruñidos, un grito, más golpes, continuaba el incesante entrechocar de aceros, y tras un último alarido... silencio.

D'Estrées, por primera vez en mucho tiempo, sentía cómo un haz de esperanza se filtraba en sus oscuros pensamientos al abrirse la puerta y escuchar a alguien acercándose a él. Los pasos se detuvieron frente a su persona, para luego alejarse y rodearle. Fuera quien fuera, parecía examinar la estancia. Finalmente, el desconocido se acercó de nuevo a él.

-Vaya, vaya, Edmond... ¿así que os escondíais aquí? Una cripta... qué apropiado para alguien como vos, que parecéis gustar del flirteo con la muerte... y con los muertos.

D'Estrées no daba crédito:

-¿Parrot? ¿Qué...? ¿Cómo...? ¿Quién...? ¡Quitadme la venda! ¡¡Desatadme!! ¡¡¡Inmediatamente!!!

-Vamos, vamos, no os alarméis... Todo a su debido tiempo. Desatender mis asuntos, jugarme la vida por vos y ganarme la enemistad de quien os haya podido hacer esto, además de hacerme soportar la enorme carga de decidir si liberaros o dejaros aquí... todo esto bien se merece alguna contraprestación, ¿no creéis?

-¿A qué os referís? ¡Esto no es un juego! ¡¡Liberadme!!

-Veo que no me habéis entendido, mon ami. Os liberaré, claro que sí, pero Francia no puede permitirse los jueguecitos que vos y quien os haya apresado os lleváis entre manos. Y yo no puedo protegeros más.

-Así pues -continuó el marsellés-, he aquí mis exigencias: Edmond Narcís D'Estrées, os libero con la condición de que elijáis marchar de París inmediatamente, esta noche, para encaminar vuestros pasos a otras provincias más propicias a vuestros intereses y asuntos, o bien de que elijáis quedaros aquí y arreglar de una vez por todas vuestras diferencias, de hombre a hombre y honorablemente, con él.

Parrot frunció el ceño y entornó los ojos en una mueca que, en la escasa iluminación ambiente, tuvo el efecto de darle una expresión temible. Sus labios pronunciaron una sola frase más:

-¿Qué me decís?


* * *



Soldados del ejército francés:

Ante los graves sucesos acontecidos en la capital, el hervidero de inestabilidad en que se ha convertido parte de Francia, y la aparente anarquía que nos gobierna, desde el Ministerio de la Guerra se da orden a los regimientos de Su Majestad a la movilización inmediata.

Todos los regimientos acaban de ser puestos en acción, y organizados tal como se estipula a continuación:


Cabeza del Ejército: Mariscal Joss Len Beaumont

1er Ejército : Mariscal Joss Len Beaumont

1ª DIVISIÓN

Brigada de Guardias - Al mando Tte General Parrot (En suplencia)

Guardia Real
Guardia del Cardenal
Mosqueteros del Rey


Brigada Montada

Guardia de Dragones
Carabineros de la Reina

Brigada de Dragones

Dragones del Gran duque Maximiliano
Dragones ligeros de la Princesa Luisa

2ª DIVISIÓN

1ª Brigada de a pie

Marines Reales
Mosqueteros de la Picardía

4ª Brigada de a pie

69º Regimiento de Arcabuceros
Regimiento de Cadetes de la Gascuña

2º Ejército- Al mando Mariscal Du Pointlac (En suplencia)

3ª DIVISIÓN

Brigada Pesada

Coraceros del Príncipe de Condé
Coraceros del Delfín

2ª Brigada de a pie - Al mando Brigadier Hullin (En suplencia)
13º Regimiento de Fusileros
53º Regimiento de Fusileros

4ª DIVISIÓN

3ª Brigada de a pie

27º Regimiento de Mosqueteros
4º Regimiento de Arcabuceros


En el ínterim impuesto por el estado de nuestro Mariscal de Francia, Joseph LeMaître, y dada la gravedad de la situación en la que se encuentra Francia, el propio Joss Len Beaumont, Ministro de Estado y a su vez, Mariscal de campo, asumirá el control de los Ejércitos y comandará directamente al Primero de ellos.

Al Mariscal Du Pointlac se le pide que asuma el control del Segundo Ejército, dada su amplia experiencia y contrastada solvencia.
Asimismo, y a menos que el Comandante de los Ejércitos estipule lo contrario, mi persona asumirá el mando de la Brigada de Guardias.
Se recuerda a los Coroneles de los distintos regimientos, y especialmente a Eric Wirdheim y Julius Kern, que se espera de ellos un control férreo e implacable sobre las acciones de sus tropas, a partir del momento en que el Enemigo de esta campaña está dentro de nuestras fronteras y no allende nuestro territorio.

Así pues, los destinos de los distintos ejércitos se darán en los respectivos acuartelamientos.

Gloria a los ejércitos de Francia.


Jean, le Comte du Parrot
Ministro de la Guerra



* * *


EL CABALLERO DEL MES

El título de Caballero del mes corresponde a:


Jean-Luc Hullin
Por dar la cara y estar en su lugar como Ministro de Justicia.

EL PATÁN DEL MES

El título de Patán del mes corresponde a:


Le Duc de Lemaitre
Por acabar en la Bastilla.


* * *

ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

  • Ezequiel du Reims anuncia que se presentará a Oficial Diocesano (R07).


CARGOS PARA EL MES DE JULIO
Durante este mes se renuevan los rangos religiosos (consultar reglas).



CARGOS PARA EL MES DE AGOSTO
Durante este mes no se renuevan cargos.



* * *

AGRADECIMIENTOS

A Sergio, por el fragmento de la primera visita del Teniente General de la Policía.

A Enric, por el relato de la liberación de la cuarta semana.

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Bueno... la verdad es que seguir esta trama me está resultando fascinante. No sé si a vosotros también; espero que sí... Ahora viene el parón veraniego. ¡Esperemos que la cosa no decaiga!
 

FECHA LÍMITE PARA EL PRÓXIMO TURNO

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 5 de agosto de 2016, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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