Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE OCTUBRE DE 1648
(Número 267)

Tiempo que no tienes que gastar en buscarte la vida, es tiempo que pierdes.
Lestat du Pointlac


ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana


Más que un estreno de teatro, parecía una gran fiesta. La expectación era enorme. Muchos quisieron llegar antes para poder ver la entrada en el teatro del autor y su dama, pero fue inútil: nadie pudo contemplar cómo llegaba. De hecho, Edmond d'Estrées, aterrorizado ante la posibilidad de que el más mínimo detalle pudiera salir mal, llevaba en Le Théatre Royale desde primera hora de la mañana, molestando sin piedad a tramoyistas, carpinteros, actores y hasta al mismísimo Directeur del teatro, que nada tenía que ver con los detalles técnicos de la representación:

-No sabéis, monsieur d'Estrées -llegó a decirle-, las ganas que tengo de que por fin comience la representación.

-¿Vos también, monsieur le Directeur? Estáis impaciente por verla, ¿no es cierto?

-No. Estoy impaciente porque todo termine y finalmente me dejéis tranquilo -y antes de que d'Estrées pudiera responder, continuó con una sonrisa maligna: -Me han comentado que una de las cuerdas del telón principal se atasca a veces. ¿No deberíais supervisarla?

Y monsieur le Directeur lanzó un hondo suspiró cuando, sin mediar palabra, D'Estrées salió corriendo hacia el lateral del proscenio para supervisar las cuerdas.

Pero, aunque centrado en la representación, D'Estrées no descuidó otros detalles. Se preocupó de que su carruaje fuese a recoger a su dama y a Su Exc. el Arzobispo Robier para llevarlos al teatro, cosa que indirectamente produjo un divertido incidente. Durante el trayecto, el Arzobispo y la dama se enfrascaron en una interesante conversación sobre temas piadosos, concretamente sobre si la caridad debe ser totalmente discreta, o por el contrario notoria pero anónima para estimular a modo de ejemplo. Cuando el carruaje se detuvo, Robier abrió él mismo la portezuela y descendió... pero el sitio donde se encontró no era el esperado. En lugar de la plaza presidida por la fachada del Théatre, el Arzobispo se encontró en un patio cerrado por los cuatro costados. Un instante después lo reconoció como el de la Bastilla.

-Pero... qué...

Apenas empezaba Mussette d'Envion a asomar por la portezuela, el sargento de guardia, sorprendido pero sin perder un ápice de corrección, preguntó a Robier:

-Disculpad, Excelencia, pero ¿ha venido alguien más en el carruaje, aparte de vos y la dama que os acompaña?

-Pues no... Pero, sargento, ¿podéis explicarme qué hacemos aquí? ¿Por qué han desviado el carruaje?

Al poco, bajó al patio Le Marquis de Lemaitre. El Gobernador militar parecía tan sorprendido como el propio Arzobispo y, de hecho, la única pregunta que atinó a hacer fue bastante absurda:

-Excelencia... ¿Podéis decirme qué hacéis aquí?

-Eso mismo me gustaría saber a mí, monsieur le Marquis. Monsieur d'Estrées tuvo la gentileza de enviar su carruaje a recogerme, a mí y también a su esposa, para llevarnos al Théatre Royale a presenciar el estreno de su obra. Absortos en conversación, no pusimos atención al trayecto y, de repente, nos encontramos en la Bastilla en lugar de estar en el Théatre. ¿Debo entender que vuestros hombres han desviado el carruaje?

-En efecto, Excelencia, pero evidentemente no era con vuestra Excelencia con quien tenía necesidad de hablar. Os pido disculpas por el malentendido. Pero aún podéis hacerme un último favor: ¿Sabéis por casualidad del paradero de monsieur d'Estreés?

-Monsieur d'Estrées se encuentra en le Théatre desde primera hora de la mañana, preparándolo todo. No dudo que, en cuanto llegue a sus oídos que tenéis interés en conversar con él, se personará aquí de inmediato. Perded cuidado, yo mismo le comunicaré el recado. Y ahora, si no tenéis inconveniente, daré órdenes al cochero de que nos lleve al Théatre. A buen seguro que la obra ya debe estar a punto de comenzar.

Mientras esto ocurría, en el edificio del Théatre, en el palco que el autor se había reservado para sí, Edmond Narcis d'Estrées iba recibiendo a sus invitados y agradeciendo su asistencia. De las primeras en llegar fue Ninon de Lenclos, declarada mecenas de la obra y del autor. En ausencia de Mussette d'Envion (que finalmente llegó a mitad del primer acto por los motivos que ya hemos visto), Ninon ayudó a recibir a los embajadores invitados al palco por el Ministro de Exteriores. Ninon estaba exultante, y parecía muy convencida del buen resultado que sin duda tendría la representación; mucho más, de hecho, que el propio autor, que estaba hecho un manojo de nervios. Todos los asistentes llevaban sus mejores galas, parecía que todo París se había dado cita en el Théatre Royale. Mirando a nuestro alrededor, los palcos estaban llenos de caras conocidas: Eric Wirdheim, Ch.d'H., Le Baron du Marchand con Charlotte Pézet, Joss Len Beaumont, Ch.d'H., Rene Saint-Cyr, Jean-Luc Hullin con Christine Daé, le Baron du Parrot con Evelyne Garabedien, y Le Baron du Pointlac entre otros. D'Estrées habría querido realizar un paseo triunfal recorriendo el escenario desde el escenario hasta su palco, pero ello no fue posible debido a la ausencia de Mussette, que habría tenido que atender mientras tanto a los invitados. D'Estrées se preguntaba, preocupado, qué habría podido ocurrir. Pero la representación estaba a punto de comenzar, y d'Estreés tuvo que centrarse en la obra.

Si el inicio fue fulgurante, el ritmo teatral fue incrementándose hasta el final de la obra. Los espectadores rieron profusamente an cada una de las ocurrencias y divertimentos que iban jalonando la comedia. Las carcajadas eran numerosas, los aplausos constantes. Sin duda alguna, el público disfrutó como nunca de una obra fresca y divertida. Ya entre el primer y segundo acto muchos de los literatos y dramaturgos presentes fueron a felicitar al autor por su gran texto, y encontraron a un d'Estrées más distendido, tanto por ver que la obra gustaba como por haber comprobado que Mussette y el Arzobispo habían llegado por fin. En un breve aparte, Robier puso a d'Estrées al tanto del incidente en la Bastilla, información que el autor teatral agradeció con una inclinación de cabeza.

En el ultimo acto las risas ya estaban descontroladas entre la gran parte del público: era como si se hubiera destapado un frasco de esencias que relajaran los músculos. Las lágrimas eran ya abundantes en algunos de los rostros de los asistentes, nunca habían reído tanto y de una manera tan distendida. Al caer el telón, todo el público se puso en pie y los aplausos fueron larguísimos. Por tres veces tuvieron que salir los intérpretes a escena ante cada ovación. Cuando se iba a pedir la presencia del autor en las tablas, se volvió a abrir el telón, y arropado por el director y toda su compañía, el autor, Edmond Narcis d'Estrées, recibió la gran aprobación de su público, totalmente entregado. Si bien la exigente crítica profesional ha clasificado la obra de "simplemente interesante", y no ha querido otorgarle al autor la clasificación de gran éxito, la sensación ha sido de asistir a uno de los mayores éxitos del Théatre Royale. Los críticos aseguran que el texto carece de más altura literaria y adolece de populismo, pero lo cierto es que el público la disfrutó a modo.

Aún no se había extinguido el eco del último aplauso en el Theátre Royale cuando d'Estrées, en un carruaje de alquiler para dejar el suyo propio disponible para sus invitados, volaba hacia la Bastilla. Salió de ella al poco rato, y por fin pudo la joven promesa del teatro relajarse después de un día tan largo y agitado. No llegó a ver, por lo tanto, cómo los hombres del Comisionado de Seguridad Pública tomaban las salidas del Théatre y, discretamente pero sin fallar en ninguno, escrutaban los rostros de todos y cada uno de los asistentes a la representación, aunque no llegaron a causar molestias ni tampoco se produjo ninguna detención.

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Segunda semana

La segunda semana se celebró en el club L'Epée D'Or el éxito de la obra del actual Ministro de Exteriores, que invitó a embajadores y dirigentes internacionales a la velada. El anterior Ministro de Exteriores también fue invitado para ayudar a su sucesor y ser el principal conductor de las conversaciones internacionales. Asistieron a la recepción Su Exc. el Arzobispo Robier, Le Baron du Marchand, Eric Wirdheim, Ch.d'H., Joss Len Beaumont, Ch.d'H. con Eleonor d'Yberville, Jean-Luc Hullin con Christine Daé, le Baron du Parrot con Evelyne Garabedien, ya totalmente recuperada del doble parto, Le Baron du Pointlac y Rene Saint-Cyr. Se brindó por el acercamiento internacional y la comedia como eje de unión en la confraternidad de todos. Una buena dosis de buen humor siempre es necesaria en las relaciones tanto personales como diplomáticas. Hacia mitad de la velada llegaron los actores principales del estreno: Amélie d'Encras, Alain Ledón y Agust Odella junto al director de la compañía Andrée Flotats. Muchas fueron las peticiones de los asistentes para que recitaran fragmentos de la obra, o para hacerles preguntas sobre su actividad artística. Un cuarteto de cuerda interpretó música para los presentes y se pudo bailar hasta el final de la velada. A destacar que Robier y Parrot recibieron sendos ejemplares dedicados de la obra, de manos del autor.

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Tercera semana

Se repitió reunión en L'Epée D'Or, aunque esta vez el anfitrión fue Le Baron du Marchand y el motivo, según él, "porque sí". Es decir, una fiesta con el único fin de divertirse. Asistieron Edmond Narcis d'Estrées, que finalmente pudo dedicarse a Mussette, Su Exc. el Arzobispo Robier, Eric Wirdheim, Ch.d'H., Joss Len Beaumont, Ch.d'H. con Eléonor, Jean-Luc Hullin con Christine, Rene Saint-Cyr y, por supuesto, Charlotte Pézet. Y sí, esta vez fue "porque sí": no hubo ni discursos ni recepción de embajadores ni nada por el estilo. Simplemente bebida y diversión.

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Cuarta semana

Y una vez más (puede parecer repetitivo, pero así es como los parisinos emplean su tiempo), fiesta en L'Epée D'Or. Hay que decir, sin embargo, que esta vez la fiesta se dedicó a una causa noble: Joss Len Beaumont, Ch.d'H. ha organizado una reunión para celebrar la reapertura de la Congregación de Ayuda a los Pobres, que toma nuevo impulso después del regreso de Rene Saint-Cyr de su viaje por tierras francesas. Aunque Rene Saint-Cyr es el alma de la congregación y fue el personaje principal de la recepción, toda la logística del evento corrió a cargo de Joss Len Beaumont, Ch.d'H. y Eléonor d'Yberville, que se encargaron de que no faltase comida ni bebida a ninguno de los invitados. Hubo muchos donativos para la Congregación: Edmond Narcis d'Estrées donó la mitad de la recaudación de su obra teatral, Le Baron du Marchand un crucifijo de plata española, Jean-Luc Hullin también entregó un saquito de monedas... Rene Saint-Cyr agradeció las dádivas y explicó que, en su viaje por toda Francia, pudo comprobar que hay mucha miseria que necesita alivio y socorro, no sólo en París sino también en las regiones más remotas de nuestra patria.

Finalizada la reunión, todo el mundo partió hacia sus casas. Le Baron du Pointlac, a caballo y rodeado de su guardia, mantuvo una conversación con el capitán de la misma, de la que pudimos captar algún retazo:

-Es curioso... En París tenemos una obsesión impresionante con los pobres: siempre estamos organizando cofradías y demás para ayudarles, dando donativos... No deberían quedar pobres si se usara bien ese dinero o si algunos quisieran trabajar -sonrió-. A veces me gustaría saber, Bénoit, si ellos también tienen esa obsesión con los caballeros, nobles y ricos. Creo recordar que cuando yo era pobre sólo me preocupaba de juntar dinero para un fuego y una hogaza de pan. Y no esperaba que ningún caballero noble me lo diera. Y ahora que soy noble pierdo mi tiempo en estas reuniones... ¡Ay, Bénoit, ya sé lo que da el dinero! Da tiempo. Tiempo que no tienes que gastar en buscarte la vida, es tiempo que pierdes.


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NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

  • Este mes no ha habido nombramientos.

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ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

  • Este mes no ha habido anuncios.

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CARGOS PARA EL MES DE NOVIEMBRE
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Soldados escolta Real Soldado Guardia Real 8Capitán Escolta
Soldados escolta Cardenal Soldado Guardia Cardenal 5Capitán Escolta
Oficial diocesano Vicario 10Arzobispo

------------ Inicio de la estacion de INVIERNO ------------

CARGOS PARA EL MES DE DICIEMBRE
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Humanidades Brigadier o Barón10 Min.Estado
Ayudante del Obispo Abad 8 Obispo

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AGRADECIMIENTOS

A Jordi, por la crónica del estreno y la segunda semana, y sobre todo por el desopilante cartel X-D


FECHA LÍMITE PARA EL PRÓXIMO TURNO

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 4 de diciembre de 2015, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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