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REAL CRÓNICA DE DICIEMBRE DE 1646

¿A quién se le ocurre tapar la comida con sal para cocinarla?
Su Excelencia el obispo Robier

GACETA MILITAR

Valtellina

Sondrio, San Esteban del año del Señor de 1646
 

Estimado Padre:
 

Tal como os anuncié en mi carta anterior, esta misiva ya os la escribo desde nuestro acuartelamiento de los Cazadores de Montaña en Sondrio, la capital de Valtellina.
 

Conocéis el frio de nuestra tierra, pero os sorprenderías del terrible frio en este sombrío valle: es aterrador, entra dentro de los huesos y no abandona el cuerpo por muchos leños que echemos a la estufa. Temo por la vida de algunos de mis hombres, especialmente los que provienen del sur, poco acostumbrados a este clima. Esta tarde partimos de patrulla y espero no contar con ninguna baja.

He descubierto que es tradicional cultivar la vid en estas tierras y el Señor Ligario, uno de los comerciantes de la zona, me ha prometido guiarme entre los campos y presentarme algunos labriegos a los que les compra el vino.

Dadle un cordial saludo a mi hermano Matthias, a mi hermanas Johanna, Idelette y Anna y al pequeño Johann, a este último recordadle que se abrigue, que el clima de nuestra amada Alsacia es malo en esta época del año.

D'r Sohn,
Eric Wirdheim

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

En Le Théatre Royale se produjo una situación curiosa la semana del estreno de este mes. La platea estaba casi vacía, pero los palcos hervían de animación. En uno de ellos, alquilado por Edmond Narcis d'Estrées, se divertía éste con sus invitados: Charles Lebleu, Etienne Marchand, Georges Vendôme y Jean-Luc Hullin. Si a esto añadimos alguna dama presente, este palco estaba lleno a rebosar.

Mucho más tranquilo estaba Joss Len Beaumont, Ch.d'H., en un palco situado al otro lado del teatro, con su dama. Ambos miraban interesados la obra, sin dejarse distraer por el ruido de las conversaciones que les llegaba, muy atenuado por la distancia, desde un punto situado casi enfrente de ellos.

Segunda semana

La segunda semana se celebró en les Tuiles Bleues una fiesta que halaga la vanidad de este Real Secretario al tiempo que incomoda su humildad: se organizó un encuentro en honor de quien les escribe esta crónica. Ni que decir tiene que, aunque algo azorado por tantos honores y atenciones, el Secretario pasó una excepcional velada bebiendo y charlando con Charles Lebleu, Edmond Narcis d'Estrées, Etienne Marchand, Jean-Luc Hullin, Leclerc du Paris y Georges Vendôme, aunque éste último se separó discretamente del grupo al poco rato para lanzar un ataque de seducción contra Marie-Claire Gassol. No sabemos si la dama sucumbió a los encantos del caballero, pero lo cierto es que se dejó acompañar a casa por él.

Tercera semana

Y la tecera semana, la fiesta se trasladó a Le Crapaud et l'Apricot: invitados y acompañados por Etienne Marchand, que insistió en pagar las bebidas de todos, Charles Lebleu, Georges Vendôme, y Jean-Luc Hullin bebieron y cantaron hasta el amanecer.

Cuarta semana

La noche de Fin de Año, el Obispado hervía de chácharas, exclamaciones, risas y carcajadas. Definitivamente estos venecianos no tenían nada que ver con los aburridos suecos del mes anterior. Diametralmente opuestos, vamos. Informales los de Venezia hasta rozar lo inadmisible, más que hablar gritaban, siempre acompañando sus exageradas expresiones con gestos grandilocuentes y ridículos. Guillaume de Foix y Joss Len Beaumont, Ch.d'H., acompañados de sus respectivas damas y ataviados con sus mejores galas, reían y charlaban y parecían divertirse, pero el anfitrión, Su Excelencia el obispo Bernard Robier, en cambio, estaba más que harto de tanto jolgorio.

Un gestito en particular estaba poniendo a fray Bernard de los nervios: la jodida manía que parecían compartir todos, consistente en juntar los dedos de la mano con la palma mirando hacia arriba al tiempo que la movían de arriba abajo.

"Mucha tontería, eso es lo que tienen... Son más falsos que las teorías de Galileo Galilei. ¡Dios, qué suplicio! Casi que prefiero a los herejes de los suecos", pensaba el obispo para sí mientras reía como el que más todas las gracias del Embajador para no desentonar con el resto de los comensales de la mesa principal.

Y es que los ministros Guillaume de Foix y Joss Len Beaumont así como sus respectivas damas se lo estaban pasando realmente en grande con las ocurrencias de los diplomáticos y personalidades venecianas, o al menos eso parecía. Sobre todo las damas, Georgette d'Avignon y Eleonor d'Yberville, que no paraban de sonreír y sonrojarse ante las divertidas bromas y salerosos piropos que les lanzaban desvergonzadamente y sin retraimiento alguno los oficiales que tenían más próximos.

Bernard Robier ya estaba a punto de arrearle con la cuchara sopera en los dedos del embajador veneciano en su enésimo gestito cuando súbitamente apareció su ayudante, el Abad, que acercándose discretamente aunque claramente nervioso y excitado le comentó al oído:

-¡Excelencia!, ¡Excelencia!, ¡lo tenemos!. ¡Hemos pillado un saboteador con las manos en las masa! Es uno de los cocineros. Lo han visto cubrir la comida con una gran cantidad de sal justo antes de ponerla en el horno. ¡Ahora lo tengo retenido! He aprovechado un momento que entraba en la despensa para empujarlo por la espalda y encerrarlo dentro. Luego he mandado al hermano Christophe vigilar el acceso para que nadie le suelte.

-¿Qué decís? -exclamó un sorprendido Robier que necesitó de unos instantes para asimilar la información absorto como estaba en el vaivén de la mano del Embajador- ¿Qué...? ¡Oh, fantástico! Llevadme ante él inmediatamente. ¡Vamos!

El Obispo se disculpó de sus invitados al retirarse (gesto totalmente innecesario por otra parte -todo hay que decirlo- porque ninguno hubiese reparado de su ausencia) y se dirigió guiado por el Abad hacia la despensa del sótano a paso resuelto. A medida que se acercaban a la despensa el ruido de fuerte golpes en una puerta y de alguien dando voces se fue haciendo cada vez más audible.

-Bastardi! Tiratemi fuori di qui! Se non mi fate uscire all'istante vi spacco il culo a tutti!

Bernard Robier, flanqueado por el Abad y el hermano Christophe, mandó abrir la puerta.

-Chi è stato quel pezzo di merda?! -soltó el cocinero veneciano tan pronto se vio libre- Chi è stato? -repitió más comedido al reconocer al Obispo.

-¿Habláis francés? -interrogó Bernard Robier con voz seria.

-Eh..., sí Excelencia, llevo más de diez años en París... ¡Alguien me ha dado un empujón cuando entraba en la despensa a buscar sal y me ha encerrado dentro!

-¡¿A buscar sal?!- saltó el Abad que no pudo reprimirse- ¿Más todavía? ¡Madrededioseñor! ¡Si os han visto echar sal a la comida hasta cubrirla!

-Sí, claro... -respondió el cocinero desconcertado- hace falta mucha pero que mucha sal para esta receta, y venía a por más... -añadió señalando los sacos de sal desordenados y mal apilados del fondo de la despensa.

-¿Receta?, ¿qué receta? -inquirió el Obispo, que acababa de darse cuenta de que todavía llevaba la cuchara agarrada.

-Pues... "Lubina a la sal", Excelencia -respondió encogiéndose de hombros-. ¿No habéis leído el menú? -apostilló al tiempo que juntaba los dedos de la mano derecha con la palma mirando hacia arriba e iniciaba ese movimiento de vaivén tan característico...


* * *

Se acercaban las 12 de la noche, y el Gran Casino de París estaba lleno de gente dispuesta a disfrutar de una gran velada.. Podía verse a Edmond-Narcis d'Estrées con Mussette d'Envion, disfrazados de sol y luna respectivamente. A destacar la excelente calidad de los disfraces. Y también entre el bullicio se pudo ver a Jean Luc Hullin, comentando con Christine Daé lo que acontecía en una de las mesas de juego. Parecía que algo del juego se le escapaba cuando fue sacado de sus pensamientos por el saludo de Julius Kern:

-Mon ami Jean-Luc, madame... me alegro de veros. ¡Magníficos disfraces! Si no me equivoco... ¿un senador romano? Espero que podáis disfrutar de una satisfactoria noche en las mesas de juego.

-Sin duda lo haremos, monsieur Kern, en cuanto logre deshacerme de una duda que me intriga acerca de este juego. Está claro que no somos una pareja dada a los placeres que nuestro lujoso Casino nos ofrece...

-Venid, trataré de solucionar vuestra duda.

Mientras la pareja y Julius Kern estaban hablando, cualquier observador situado en la galería superior habría visto cómo algunos de los asistentes que llenaban el casino se apartaban respetuosamente a medida que alguien se acercaba en dirección a Hullin, su dama y Kern.

-¡Julius! por fin os encuentro. Donde podríais estar si no es cerca de una mesa, jajaja. Venid, os tengo que comentar unas cosas... -El Delfin, cuando vio la compañía de Kern, rebuscó en su memoria... -Esperad... Vos sois... monsieur Hullin, ¿no? Y os veo bien acompañado; me alegro de veros de nuevo. Espero que todo sea de vuestro agrado.

-Mon Sieur, la noche es perfecta, y con vuestra presencia en este acto magnífico, organizado por monsieur Kern, me atrevería a decir que sublime. Hay un pequeñísimo detalle que la haría aún más completa si cabe: Le iba a comentar a monsieur Kern mi sana intención de pedir compromiso a la mujer que siempre ha estado conmigo desde que la conocí al llegar a París, pero si además Mon Sieur es tan amable de darme su parecer al respecto y lo aprueba, me sentiré el hombre mas feliz del mundo. Como bien sabéis, el Marqués... mi padre, está lejos de aquí, en las tierras de nuestra familia, y aunque estoy seguro de su consentimiento, sería un orgullo para nuestras familias que alguien como vos bendijera este compromiso, ya que él no puede hacerlo en persona.

El Delfin esbozó una sonrisa -Monsieur Hullin, me place vuestra petición y contáis con mi bendición para llevarla a cabo-.

Nada mas escuchar las palabras del Delfín, Hullin efectuó una profunda reverencia, y a continuación se dirigió a Christine...

-Christine, mi amada, aquí ante todos los presentes os declaro mi amor eterno y os pido en matrimonio. ¿Queréis desposaros conmigo?

El momento no podía haber sido mejor escogido: en ese instante se escucharon unas campanadas, y un gran jolgorio invadió el Casino. Copas en alto y gritos de felicidad dieron la bienvenida al año nuevo...


EL CABALLERO DEL MES

El título de Caballero del mes corresponde a:

Rene Saint-Cyr

Por su generosidad de espíritu.


EL PATÁN DEL MES

El título de Patán del mes queda

DESIERTO

Por un empate múltiple a un voto.



ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

  • Edmond Narcis d'Estrées anuncia que se presentará a Ministro de Estado (C01).
  • Julius Kern anuncia que se presentará a Ministro de Estado (C01).
  • Joss Len Beaumont, Ch.d'H. anuncia que se presentará a Ministro de Estado (C01).
  • Le Marquis de Lemaitre anuncia que se presentará a Ministro de Estado (C01).
  • Edmond Narcis d'Estrées anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra (C02).
  • Guillaume de Foix anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra (C02).
  • Julius Kern anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra (C02).
  • Le Marquis de Lemaitre anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra (C02).

CARGOS PARA EL MES DE ENERO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Estado General o Comte12 Rey
Ministro de la Guerra Tte.Gral. o Viscomte12 Rey
Rector Cura6Vicario
CARGOS PARA EL MES DE FEBRERO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Justicia Brigadier o Baron 8 Min.Estado
Canciller de Finanzas Brigadier o Baron 10 Min.Estado
Comis.Seguridad Publ. Coronel o Chevalier 6 Min.Estado
Maréchal de FranceGeneral o superior 12 Rey
Inspector Gral.Infant. Tte.General o superior 10 Min.Guerra
Inspec.Gral.Caballeria Tte.General o superior 12 Min.Guerra


AGRADECIMIENTOS

A J.M., por la crónica de la fiesta en el Casino, a Jordi por la crónica del fin de año con los venecianos, y a Roger por la carta al padre que ha permitido poner un poco de crónica militar.

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Poca cosa que decir este mes... ¡sólo desearos a todos un 2014/1647 lleno de sorpresas agradables!

FECHA LÍMITE PARA EL PRÓXIMO TURNO

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 7 de febrero de 2014, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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