Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE FEBRERO DE 1644

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana


Evelyne Garabedien se preparaba para marchar, como cada primera semana de mes en los últimos meses, a hacer efectivos los alquileres de las instalaciones que ocupaba La Cofradía de la Caridad, que aun estando cerrada seguía existiendo... Aún ahora se preguntaba qué la empujaba a continuar tal obra, y qué era lo que la obligaba a querer a un ser tan ambiguo como Parrot. Fuera lo que fuera, debería averiguarlo algún día antes de que se marchitara en ella la belleza, la ilusión y las ganas de vivir. Desechando tales pensamientos y tras contemplar y aprobar su imagen en el espejo del vestíbulo de la mansión de sus padres, Evelyne dio la señal para que su dama de compañía abriera la puerta de la vivienda para iniciar su paseo y sus asuntos. Ésta, diligente y servicial, abrió la puerta para acto seguido lanzar una exclamación y retroceder asombrada... Evelyne encaró la puerta abierta y se llevó una mano a la boca para ahogar un gemido mientras se aferraba a la barandilla de la escalinata: allí estaba, impoluto, cruzando el dintel y saludando a su dama de compañía hasta detenerse ante ella. Se descubrió con una extrema reverencia mientras alzaba la vista y posaba su mirada en ella... íJean Parrot!

La seriedad en la faz del marsellés se relajó poco a poco y se tornó en sonrisa y arqueo de cejas mientras su voz rompía el silencio:

-Mademoiselle Garabedien, amada mía, allá donde vayáis, voy con vos.


* * *


El Barón de Muzillac contempla su nuevo despacho en el Palacio del Cardenal. Con suma cura, sus criados han colocado todo exactamente al gusto del nuevo Ministro de Estado, tal y como se encontraba en el Ministerio de Bienestar. D'Arzac toma la pipa que reposa en una estantería de la pared y se le lleva a la boca distraído... En ese momento, su secretario abre la puerta y le anuncia que su viejo amigo, el Barón de Noisy espera en la antesala, y que el Marquis de la Garrigue también pregunta por él. D'Arzac respira profundamente, deja la pipa sobre el escritorio y se apresura a recibir a ambos, como tan sólo se hace a un compañero con quien se han compartido raciones frías, batallas campales y más de una borrachera. Tras un efusivo abrazo a cada uno de ellos, entra en el despacho y les ofrece un asiento.


-Joseph, veo que habéis encontrado un hueco para visitarme entre tanto preparativo para vuestra boda...


-Siempre tengo tiempo para vos, amigo mío.


-En cualquier caso, esta no es una visita de cortesía. Phillipe, el motivo por el que os hice venir es distinto al que os expliqué. Me temo que no será la única sorpresa de hoy, pero os pido que no me juzguéis hasta que llegue al final de lo que tengo que explicaros:


»Joseph, habéis venido a renovar vuestro cargo como Comisionado de Seguridad Pública y realmente no podría encontrar a nadie en quien confiar mejor para esta responsabilidad...


»...No obstante, querido amigo, me temo que en el actual estado de las cosas, y con el inmenso trabajo que tenemos por delante, he decidido no encomendaros esta tarea.


»Durante mucho tiempo los tres deseamos llegar hasta el lugar que alcanzamos hace un año. Tomamos las riendas del estado para poner orden en la vida pública parisina, ofrecer nuestro mejor servicio a Francia y acabar con los enemigos de Francia. Durante todo ese año, he observado con detenimiento cada movimiento realizado para lograr este objetivo. Desde mi cómoda posición de Ministro de Bienestar no exigí participar activamente en este proceso, ni tampoco creísteis necesario compartir sus detalles conmigo. No es esa mi queja. Afortunadamente, esta distancia me ha permitido no tener que implicarme en los últimos procesos, a mi juicio equivocados, en que se ha convertido vuestro servicio a la Corona. Lo que comenzó como una purga de los males internos de Francia ha acabado siendo una caza de brujas. Lo que se inició como una necesidad para hacer un estado fuerte, se había convertido en una revancha personal. He sido testigo de cómo vos, Phillipe, no habéis escatimado esfuerzos en provocar hasta la extenuación a los disidentes, con el único propósito de alzaros con una victoria personal sobre una némesis casi inexistente hasta que decidisteis hacerla crecer con toda vuestra dedicación. He observado apesadumbrado como vos, Joseph, le habéis seguido y apoyado sin apenas mostrar reticencias.


»Tan entregados habéis estado en cuerpo y alma a lograr una victoria que podría resumirse en cortarle el cuello a Parrot, que mi oposición abierta hubiera resultado inútil. El día del juicio, en que se condenaba a Parrot a la muerte bajo el peso de una decena de cargos rebatibles, comprendí que un cambio no era sólo necesario sino la única manera de unir a Francia contra su verdadero enemigo. Vislumbré también que este cambio no sería posible si no somos capaces de ver que la lealtad de los súbditos al Rey es independiente del gobierno que le aconseje en sus decisiones.


»Aprendí algunas cosas durante este año, y no pienso caer en los mismos errores que anteriores gobiernos. Cometeré otros, seguro. Pero voy a probar a hacer las cosas de manera diferente. Para comenzar, el consejo de ministros será un órgano activo, de consulta y consejero de la acción del gobierno, cuya responsabilidad no pienso eludir. Las voces del Consejo, para que resulten útiles, han de ser por fuerza discordantes, pues de esta diversidad saldrán las soluciones que necesita el reino. Y me temo que entre ellas estarán algunas que no serán de vuestro agrado.


»Pero sólo así conciliaremos a nuestro pueblo, y podremos dejar de mirar hacia dentro de nuestras fronteras y centrarnos en nuestro verdadero reto, que amenaza la verdadera soberanía del reino. Y aquí será dónde podréis hacer lo que mejor hacemos los guardias. Phillipe, vos como Ministro de Guerra y Joseph a quién he recomendado ante la Reina Ana para relevarme como Mariscal de Francia, cargo al que renuncio para evitar monopolizar los poderes civil y militar.


»Como dice nuestro Canciller, la historia nos juzgará. No sé si será la historia quien me juzgue a mi dentro de un año, y me diga si estaba o no equivocado, pero ahora estoy convencido de que ciertas decisiones son necesarias. Os he reunido porque os merecíais una explicación antes de que deshaga alguna de las vuestras. Así será mi servicio a la Corona. Pese a nuestras divergencias, con las actuales responsabilidades que pesan sobre nuestros hombros, por el bien de Francia estamos condenados a entendernos. Espero que pese a la sorpresa que mis decisiones puedan suponer, pueda contar, como mínimo, con vuestra opinión al respecto.»


Lemaitre tomó la palabra:


-Amigo mío, ya que pedís mi parecer a estos hechos, os lo daré. Y hablaré claro, pues estoy seguro que esperaréis eso de mí.


»Me parece un error por vuestra parte apartar a vuestros amigos de vos en esta nueva etapa que comienza, me parece que habréis obrado de modo indigno conmigo, que siempre os he hablado de cara y que nunca os he engañado. Que, cuando os hablé en privado durante el proceso de Parrot y Calamar y de mis inquietudes para con el mismo, sólo me respondisteis con palabras vagas y evasivas que hoy por hoy, han tomado forma y sentido. Decís que no habéis sido informado de nuestros avances en las investigaciones, supongo que habréis olvidado que os hacía partícipe de todo en privado. Decid si miento.


»Que habiéndoos comentado mi intención de renovar en el cargo de CSP, con varias investigaciones abiertas, y poniéndome en contacto con vos en varias ocasiones, no os dignasteis ni en contestarme. Ahora entiendo el porqué y opino que no merezco ese trato por vuestra parte. ¿Pensáis acaso, que si me hubierais dicho que no íbais a renovar mi cargo, hubiera actuado violentamente? Poco me conocéis a pesar de todos estos años y me recordáis a Ministros pasados.


Sabéis que odio la política y que sólo me encuentro en ella por una infeliz casualidad. Mi lugar son los campos de batalla. Seguramente partiré al frente a hacerme cargo del ejército, a no ser que pretendáis formarme causa alguna por prevaricación o algún otro cargo que tengáis a bien decirme. Os insto a que me lo comuniquéis ahora, pues no me defenderé, quizás sea una buena ocasión para vos, pues no tendréis otra más fácil.»


-Joseph -dijo D'Arzac-, no he explicado correctamente mis motivaciones si creéis que guardo el más mínimo sentimiento de rencor o revancha hacia vos.

»No, estimado amigo, nada de este asunto es personal. Mis decisiones han sido tomadas por consideración a la justicia que creo que no ha sido correctamente aplicada a un hombre que ha estado a punto de morir.

»Ni vos ni Phillipe seréis apartados de mi lado en lo que respecta a esta nueva etapa salvo que deseéis hacerlo. Como he explicado, no se trata de quitar a unos para poner a otros, sino de unificar a los leales a Francia para centrarnos en los verdaderos problemas del estado.

»Sé que los modos en que he obrado no son los adecuados para una relación de confianza como la nuestra, pero en las actuales circunstancias me ha movido el interés de estado pese al perjuicio que ello pudiera provocar en mis más sinceras y antiguas amistades. La respuesta que os di en su momento fue tal porque lo que cuestionábais no era tanto la holgura de la condena de Jean Parrot, sino la necesidad de equiparar a esta la de André du Calamar. No aprecié en tal confidencia un cambio de actitud en cuanto a los fundamentos de las acusaciones vertidas sobre ambos.

»No poneros al tanto de mis intenciones, a ambos, ha sido doloroso, pero necesario. No esperaba ningún tipo de respuesta violenta, pero es evidente que si ambos habéis llegado tan lejos en las acusaciones a Jean Parrot, no íbais a facilitarme las decisiones que ahora he tomado.

»No soy tan ingenuo como para creer que tras esta situación todo podrá volver a ser como antes entre nosotros, pero sí espero que el tiempo y mis actos os demuestren que sigo siendo digno de confianza, al seguir manteniéndome firme ante mis más íntimas convicciones. Como ya os he dicho, pese a las diferencias que puedan seguir existiendo entre nosotros sobre el modo de obrar ante el asunto Le Mourtrou, hoy más que nunca tenéis en mi a un hermano.»

-En una cosa tenéis razón, Excelencia, vuestra forma de obrar es más digna de un estudiante de los Jesuitas que de un amigo. Sin embargo, siempre tendréis mi amor y mi amistad -continuó Lemaitre-, pues sabéis que os considero mi hermano. Pero tal es mi sentir en estos momentos. Por mi parte no tengo más que añadir.»

»Si su Excelencia no manda nada más, me retiro.»

Tras estas palabras Lemaitre se cuadró y, saludando, salió de la estancia.

* * *


Piden nueva baraja en la Casa del Estado,
Comienza nuevo juego, ¿estarán los naipes marcados?
la J de corazones a diamantes ha cambiado
los triunfos, los mismos, pero con otros palos.

Inician las apuestas, ¿quién da más? ¡Tiren los dados!
ni el propio Julio César tendría más suerte al lanzarlos,
que aquí no se cruzan ríos, ni es cuestión de soldados,
pues obtendrá más cargos quien sepa y pueda comprarlos.

No sólo dinero es moneda, influencia vale más
que con ella se compra alma, cargo y voluntad.
Mérito es coordinarse dónde vienes, dónde vas,
quién se quita, se pone y que parezca novedad.

Y en ese intercambio de sillas, de puestos y poltronas,
hay quien se queda con varias, sin poder ocuparlas.
Pues sólo se tiene un trasero con las que calentarlas,
y un único afán, el mandar, sin importar las personas.

Hibou

Segunda semana

Guillaume de Foix bajó del carruaje e inmediatamente tendió su mano para ayudar a bajar a Georgette. No bien hubo la dama puesto un pie en el suelo, tronó una voz detrás de él:

-¡GUILLAUME DU FOIX! ¡DAOS PRESO EN NOMBRE DE SU MAJESTAD!

Pero la reacción de Du Foix no fue la esperada. En lugar de echar mano al rapier o intentar huir, lanzó un hondo suspiro y, con el gesto hastiado de quien tiene que repetir una y otra vez la misma rutina, sacó de su jubón un papel con un lacre.

-Supongo que sabéis leer, sargento; por eso os pusieron al cargo, ¿no? Pues mirad este papel, pero devolvédmelo luego, porque sois la sexta patrulla que me para esta semana, y mucho me temo que habrá más. ¿No le comunican a la Guardia las novedades cuando entra de turno?

El sargento tomó el papel, algo impresionado por el lacre que ostentaba, y lo leyó atentamente:

A quien concierna:

Bajo la autoridad del Ministro de estado el presente salvoconducto concede libertad al Brigadier Guillaume du Foix para moverse libremente en París sin oposición por parte de ningún servidor real. Este salvoconducto tiene prioridad sobre cualquier otra orden dictada por otros ministros o el Comisionado de Seguridad Pública.

En nombre de Su Majestad:
Olivier d'Arzac
Ministro de Estado

Atónito y sin una palabra, el sargento devolvió el papel y saludó militarmente antes de ordenar a la patrulla que se retirase, mientras Guillaume de Foix entraba en L'Epée D'Or llevando a Georgette del brazo.

Tercera semana

-¡LE MAITRE, DAOS PRESO!

Le Baron de Lemaitre se quedó paralizado. Una patrulla de la Guardia del Cardenal le cerraba el paso. Echó mano al rapier, pero viendo que le superaban ampliamente en número se lo pensó dos veces y decidió no oponer resistencia. Convencido de que debía tratarse de un malentendido, irguió la cabeza y respondió:

-Estoy a vuestra disposición, sargento.

Comenzó a sospechar que algo andaba mal cuando le hicieron subir a un carruaje. Recelando una trampa, su mano bajó otra vez instintivamente a la empuñadura del rapier, pero la voz que salió de la penumbra del interior lo tranquilizó:

-Tranquilo, mon ami. Seguro que el arresto no durará mucho. Por de pronto, vamos a interrogaros a L'Epée D'Or para que nos reveléis cuánta bebida sois capaz de aguantar. ¡Ja ja ja!

Y el carruaje se alejó entre risas, mientras la "patrulla" se dirigía a L'Epée D'Or a lomos de sus caballos.

Cuarta semana

Durante esta semana tuvo lugar el enlace entre el flamante Mariscal Joseph Lemaitre y su prometida Costance Lacroix. La ceremonia tuvo lugar en Nuestra Señora y acudió lo más florido de la alta Sociedad, incluidos altos mandos militares y Ministeriales. Tras la misma, se trasladó a los invitados, entre fuertes medidas de seguridad, a la nueva residencia del Mariscal, donde se celebró la correspondiente recepción.

Se sirvieron los más delicados platos y los vinos más refinados que satisfarían a los paladares más exigentes. Los novios fueron saludando uno por uno a todos los invitados y recibiendo las felicitaciones de todos ellos. Entre otros asistieron Jean du Mont Blanc, con el que Lemaitre departió unos minutos, y Su Excelencia el Ministro de la Guerra Phillipe Valmont, al que saludó con algo más de frialdad pero con impecable cortesía.

El momento tenso de la noche se produjo cuando Su Excelencia el Ministro de Estado y su esposa fueron a saludar a los novios. A las felicitaciones que dirigieron, afectuosamente, al flamante matrimonio, Le Baron de Noisy respondió con un seco: "Gracias, Excelencia". Luego departieron durante dos o tres minutos más y se retiraron a saludar al resto de los invitados.

La fiesta finalizó a altas horas de la madrugada sin incidentes.


* * *


Lejos ya de París, un discreto carruaje era conducido con calma y sosiego por los caminos de Francia, procurando no tropezar con ninguna piedra ni socavón, pues dentro viajaba un bebe de escasos diez meses recién cumplidos, y que era la carga más preciada de todas. Mientras Denis Valmont dormía plácidamente en brazos de Evelyne Caudelaire, sus hermanastros René, Yvette y Pierre revoloteaban dentro del carruaje.

-¡Niños, estaos quietos, vais a despertar a vuestro hermano!- les ordenó Evelyne.

-Haced caso a vuestra madre, niños- añadió Valmont.

Después de que los niños pararan y se quedaran quietos, Evelyne continuó su conversación.

-Sigo sin entender por qué debemos abandonar tan pronto París. Es una lástima que marchemos a los pocos días de la boda de Constance y Joseph. Me hubiera gustado verlos en su nueva vida de casados.

-Ya te lo expliqué, querida -contestó Valmont- Hay un nuevo Ministro de Estado, y como suele suceder, quiere hacer las cosas a su manera, sin interferencias.

-Ya, pero eso no quiere decir que nos tengamos que marchar de la ciudad. Aún sois Ministro de la Guerra, Gobernador Militar, y todo el resto de cargos que ostentáis.

-Ya no, Evelyne. He mandado carta a la Reina y al Cardenal Mazarino renunciando a todos ellos antes de partir.

-¡¿Que habéis hecho QUÉ?! -exclamó exaltada su esposa- Renunciado a los cargos de... ¿Pero por qué?

-Porque tarde o temprano hubiera tenido que frenar a Olivier. Ha antepuesto sus intereses personales y su ambición por el poder al bien de Francia. Y no le ha importado dejar en libertad a uno de los más peligrosos y astutos criminales del país, un hombre que condené a muerte y al que sólo la Reina debía poder salvar. Y por si fuera poco le ha dado un salvoconducto al otro traidor y le nombra Ministro de Justicia. Ha dejado con vida y libertad a las dos cabezas de la mayor organización clandestina y sediciosa, después de la de Villiers, y no quedándose contento ha puesto en duda todo el proceso, eximiéndoles prácticamente de toda culpa y haciéndoles víctimas de una supuesta vendeta personal.

-Bueno, eran culpables, claro está, aunque es cierto que el tema te obsesionó durante todo tu mandato, querido.

-Evidentemente. Era imposible desmantelar todo le Murtrou sin dedicarse en cuerpo y alma a la tarea. Parrot es uno de los hombres más inteligentes con los que me he tenido que enfrentar. Lo considero más peligroso que incluso Villiers, porque aunque este último deseaba minar la realeza francesa -por no decir volarla en mil pedazos- sus métodos eran más expeditivos y más fácilmente desmantelables. Sin embargo Parrot desea un cambio mucho más profundo, un cambio de la sociedad en sí sin por ello atentar contra la realeza o la nobleza. Y siendo tan querido por el pueblo su mensaje es más efectivo. Dudo mucho que la ejecución de Parrot hubiera supuesto la extinción de su mensaje. Ahora que sigue vivo Olivier le ha dado, sin quererlo, más fuerza si cabe.

-¿Pero no puedes evitarlo?

-No sin un enfrentamiento abierto con Olivier, lo cual hubiera supuesto debilitar el gobierno de Francia en luchas internas. Bastante tiene ahora Francia con Jean Parrot y Guillaume Du Foix libres como para que encima tengamos que luchar entre nosotros. El Barón de Muzillac se ha puesto a sí mismo en una difícil posición, porque Parrot no es un hombre que abandone sus ideales fácilmente, y salvo que se invente algún falso cargo, quedará libre del nuevo juicio. Ahora será más cauto todavía: reunirá a nuevos hombres para volver a formar le Murtrou, bajo otro nombre o identidad, pero pondrá a prueba a todos sus nuevos miembros. No dejará que nadie le espíe ni llegue a penetrar tanto en su organización como lo hizo fray Marcel.

-Pero monsieur d'Arzac tendrá en cuenta todo esto.

-Claro que sí, ¿cómo no va a tenerlo en cuenta? Él sabe de lo que Parrot es capaz, él sabe lo peligroso que es, pero ha utilizado todo el proceso judicial para su propio beneficio. Para cualquier Ministro de Estado es fácil justificar sus acciones: solo ha tenido que aprovechar los rumores y las calumnias sobre la legalidad del juicio que algunos caballeros de la cite han diseminado, quién sabe si por voluntad propia o bajo sus órdenes, para excusar su traición hacia Lemaitre y a mí, hacia el triunvirato que habíamos organizado. Haciéndose ver como hombre indignado ante el "injusto" acoso a Parrot se gana el favor del pueblo y le da la oportunidad de hacerse con todo el poder.

-Con todo no, Phillipe, me has dicho que quiere usar el Consejo de ministros de una manera más... participativa. No veo mal que convoque a los ministros para conocer sus opiniones. Tú lo hiciste a veces, pero quizás demasiado pocas. Si aparte de Olivier y Joseph hubieras mantenido más relación con Lestat, Jean Du Mont Blanc y, en fin, el resto de ministros, podrías haberte prevenido de las acusaciones de Olivier.

Valmont se quedó mirando fijamente a su esposa, sorprendido por sus últimas palabras.

-Querida, si hay algo que siempre me ha gustado de tí es tu franqueza -prosiguió el Duque-. En fin, puede que tengas razón. Pero no te creas que el Consejo de ministros va a ser más participativo, o consultado con mayor frecuencia. No deja de ser una excusa más para justificar su alzamiento. Si realmente creyera lo que él mismo dice, su decisión de dejar a Parrot con libertad la habría consultado con el resto de ministros. Habría convocado el consejo y les habría pedido opinión sobre si anular todo el juicio. Obviamente tendría nuestros votos en contra, pero podría legitimizar su decisión dependiendo de lo que dijeran los demás. Claro que como Lestat Du Pointlac manifestó varias veces su apoyo a todo el proceso no le convenía. Jean-Baptiste Le Rond había perseguido en su día a Parrot, por lo que tampoco podía contar con él. Solo le quedaba la duda de Jean Du Mont Blanc que, sinceramente, no sé qué hubiera dicho. Sé que en la reunión de ministros que convoqué previamente a todo el proceso de Parrot se ceñía a conocer las pruebas y los testigos antes de expresar su opinión. No, querida, no podía pedir consejo a los demás ministros. Antes necesitaba quitarnos de encima y poner gente nueva. Nombra a Guillaume Du Foix Ministro de Justicia, pensando quizás que salvándole de la persecución de Lemaitre se sentirá agradecido. ¿Y a quién pone como Comisionado de Seguridad Pública? A aquél que más berreó en mi contra y públicamente contra todo el juicio: con Julius Kern en el consejo se tiene asegurado un voto más. Lo que no sabe monsieur D'Arzac es que previamente monsieur Kern me envió una carta disculpándose por sus aspavientos. Desde que monsieur André Du Calamar testificó, cambió de opinión.

-¿Y no podría monsieur Kern haber aparentado remordimientos y falsear sus excusas para ganarse vuestro favor? -preguntó su esposa- Quizás D'Arzac habló antes con él.

-Puede que tengas razón -admitió Valmont- mas quién sabe. Igualmente le beneficia que esté como ministro. Durante los próximos meses convocará unas cuantas veces el consejo, con tal de seguir la mascarada, pero al final hará lo que le plazca. Olivier sabe que en la vida política nunca estás seguro de quién es tu amigo y quién puede traicionarte: ya ves lo que hizo él mismo.

-La verdad es que no sé por qué tuviste tanta confianza, o por qué renunciaste a seguir siendo Ministro de Estado, dejándole vía libre. Es cierto que nos tenías un tanto descuidados a los chiquillos y a mí, pero si llegaste a pensar en la posibilidad de la traición, y mira que te advertí que anduvieras con cuidado, te hubiera perdonado continuar en el poder.

-íNo hace falta que me lo recalques de nuevo! -espetó Valmont-. Ya lo hemos hablado: existía ese riesgo, pero a pesar de lo que acabo de decir un buen gobernante tiene que buscarse aliados. Nadie puede gobernar solo durante mucho tiempo, al final siempre le saldrán rivales y contrincantes dispuestos a arrebatarle el puesto. Conviene buscar amigos de parecido carácter, y aunque un triunvirato es algo difícil de manejar, y ahí tenemos la experiencia romana, se hace necesario. Por supuesto que alguien puede romper el pacto y aprovechar el momento, pero ese no iba a ser yo. Mis obligaciones son para con el Rey, y así lo demostré desenmascarando el mayor peligro de todos. Una vez conseguido podía dejar el gobierno en otras manos. Hubiera preferido a Lemaitre, como bien sabes, pero renunció a ser Ministro de Estado, prefería ser Mariscal de Francia, y así lo acordamos. Su desinterés por el cargo le hacía más valedor a él, pero no se le podía forzar. Así que no quedó otra que arriesgarse, pero merecía la pena, puesto que tenía esperanzas de que Olivier entendiera que no se debe gobernar solo.

-Lamentablemente te equivocaste.

-Y me arrepiento de ello, porque su insensatez pone en peligro a Francia y al Estado.

-Pues échale, habla con la Reina, busca la manera de quitarle de su cargo.

-No, Evelyne, no. La Reina admitió a Olivier como Ministro de Estado. No puedo deslegitimarla, y más ahora que el Rey aún es demasiado joven. La única manera de arrebatar a Olivier de su poder sería convocando a los Regimientos, siendo Gobernador Militar de París no sería difícil, e instaurando un estado de excepción...

Valmont interrumpió su discurso, quedó dubitativo mirando por la ventana del carruaje, pensando en lo que acababa de decir. Su rostro se ensombreció. Durante un momento se le vinieron a la cabeza imágenes de los regimientos por París, un toque de queda, el Rey y la Reina protegidos por su Guardia Personal, algunas ejecuciones sumarísimas que serían necesarias, y aquello obligaría a...

-¿Esposo mio?

-No, Evelyne, no -volvió Valmont a la realidad- Tampoco sería factible. Olvidemos esta opción.

-íPues rétale a duelo y mátalo, padre! -interrumpió René, el único de los hermanos que prestaba algo de atención a la conversación de sus padres.

-íHijo, no interrumpas! No entiendes las cosas de mayores.

-Ja, ja, mi querido René. Podría hacerlo, hijo, pero aún Francia necesita de ese traidor porque molestará a los hombres malos. Y eso dará tiempo para otras cosas.

-íPapá lo hubiera hecho! -repuso René.

-Sí, hijo, pero Olivier es Guardia del Cardenal, al igual que yo, y el honor me impide empañar el nombre de tan buen regimiento por tan solo una venganza personal.

-Curioso que lo dejes de lado por no ceder a la venganza, cuando él te acusa precisamente de dejarte llevar por ella, querido -contestó Evelyne haciendo gestos para que René se mantuviera en silencio.

-Ya vés, querida, lo mal que se entiende la gente.


Un silencio se interpuso entre ambos durante unos segundos. Finalmente, Evelyne hizo la última pregunta que quería satisfacer.


-¿Volveremos a París?

-Quizás, Evelyne. Quizás algún día se requieran de nuevo de mis servicios. Más pasará tiempo. Ahora es tiempo de descanso, de estar con los mios, y de cuidar de la educación de estos jóvenes muchachos. Pero ahora déjame disfrutar de este día: hace mucho que no cabalgo respirando libertad.


Y sin más, se levantó de su asiento, abrió la portezuela del carruaje y gritó.


-íEh! íAmigo mio!, ¿Podéis traer mi caballo y cabalgamos un poco juntos? -Por supuesto, Phillipe- respondió una voz por delante.


Al cabo de un rato apareció fray Marcel montado en su propio caballo, y llevando por las riendas el caballo del Marqués. Valmont se subió de un salto a la silla y equilibró su cuerpo encima de la montura, ajustándose al trote del caballo.


-¿Os apetece una carrera hasta aquella loma, mi buen fraile? Aún nos queda un largo camino hasta nuestro destino y habrá que buscar algún divertimento.

-Me parece una buena idea, monsieur.


Y sin esperar a Phillipe, fray Marcel Du Calais espoleó su caballo tomando unos metros de ventaja. Valmont le siguió al galope, entre carcajadas, mientras Evelyne les contemplaba alejarse por los prados.


-Ya están los hombres con sus juegos, dejándonos a nosotras con los críos.



NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

  • Guillaume de Foix ha sido nombrado Ministro de Justicia.
  • Lestat de Pointlac ha sido nombrado Canciller de Finanzas.
  • Julius Kern ha sido nombrado Comisionado de Seguridad Pública.
  • Le Baron de Lemaitre ha sido nombrado Maréchal de France.
  • Philippe Valmont ha sido nombrado Inspector General de Infantería.

ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

  • Guillaume de Foix anuncia que se presentará a Mando de Brigada (M10).
  • Le Baron de Lemaitre anuncia que se presentará a Ministro del Bienestar (C06).
  • Le Baron de Lemaitre anuncia que se presentará a Mando de Ejército (M02).
  • Le Baron de Lemaitre anuncia que se presentará a Ayudante General (M06).
  • Jean du Mont Blanc anuncia que se presentará a Mando de Brigada (M10).
  • Lestat de Pointlac anuncia que se presentará a Ministro del Bienestar (C06).
  • Lestat de Pointlac anuncia que se presentará a Mando de Ejército (M02).
  • Lestat de Pointlac anuncia que se presentará a Ayudante General (M06).


------------ Inicio de la estacion de PRIMAVERA ------------

CARGOS PARA EL MES DE MARZO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro del Bienestar Brgder. o Baron 10 Min.Estado
Ayudante General General o superior 8 Maréchal France
Jefes de Ejercito General o superior 10 Maréchal France
Aide camara Maréchal Teniente Coronel 6 Maréchal France
General capellán Arzobispo 13 Maréchal France
Jefes de Brigada Brigadier General 6 Inspectores Generales

CARGOS PARA EL MES DE ABRIL
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Jefes de DivisiónTte.General o superior 8Aide General
Aides de Ejercito Coronel 5Jefes Ejercs.
Mayores de Brigada Mayor 3Jefes Bgdas.
Quartermasters Brigadier General 6Jefes Ejercs.
Admin. diocesano Obispo 12Cardenal

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Para variar, otra vez nos ha pillado el toro. Estamos a final de mes y la crónica sale ahora. Los turnos se han complicado tanto estos tres últimos meses que la cosa se alarga y se alarga, y encima yo estoy teniendo días complicados de manera que casi no puedo dedicarle tiempo al juego entre semana.


Dado que queda muy poco tiempo hasta el próximo turno, creo que lo mejor es aplazarlo una semanita para dar tiempo a que preparéis las jugadas, contestéis los mensajes, etc, de modo que la fecha límite será el día 8 DE ABRIL, no el día 1 como habíamos dicho en un principio.


Perdonad el retraso, y a ver si de una vez conseguimos recuperar el calendario.


Por cierto: gracias a "los de siempre" , es decir, Charli, Enric, Jon, Sergio, Víctor-.. y la verdad es que este mes ha habido tanta colaboración que es posible que me deje a alguien. Disculpas por adelantado si es así.

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes 8 de abril de 2011, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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