Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE OCTUBRE DE 1643

GACETA MILITAR

París, de madrugada

Casi al alba, alrededor del caballo ya pertrechado y preparado para la partida, se reunieron varios amigos y conocidos para despedir a Christian Brass de Creville. Ante él, su maestro impresor Martín Ettee con las últimas galeradas de la editorial y portada de la Gaceta Ilustrada esperando su visto bueno.

-No os preocupéis Christian, nos encargaremos de la edición y será todo un éxito, el trabajo que habéis hecho estos últimos meses tendrá su fruto, solo tenemos que componer las últimas crónicas que nos vayan llegando...

El sonriente Christian lo abrazó, mientras comentaba que era una lástima no poder realizar una presentación de la Gazette Ilustrée con una pequeña fiesta en el club. "Hemos puesto mucho empeño, y dedicación y os merecíais una pequeña recompensa brindando con todos nuestros colaboradores y amigos".

Fue Jean-Baptiste Poquelin, el fundador el pasado 10 de junio de la Compañía "Illustre Théatre", quien se acercó entonces dándole una palmada en la espalda, "Os echaremos en falta en las tertulias literarias de la Hostería de Edmond, pero será un placer leer vuestras crónicas desde el frente".

También estaba Cyrano de Bergerac, quien asiéndolo del brazo y entre carcajadas le comentó: "Querido Christian, sois un lunático, estáis hecho un verdadero selenita, sólo a vos se os puede ocurrir empeñaros en una empresa como ésta, que si va bien y tenéis éxito, apenas podrá cubrir gastos. Realmente vuestro valor o inconsciencia os otorga un aire ingenuo, de tal manera que vuestra locura si no conmueve agrada.. Y nunca perdéis la sonrisa y esa felicidad innata en vos..."

Tras despedirse de todos y subirse a la montura, Christian Brass de Creville se acercó a su maestro impresor dándole las últimas directrices para la edición de La Gaceta Ilustrada.

"Este es el prólogo, incluid el retrato del caballero, pase lo que pase esta semana, sus palabras nos honran. No os preocupéis Martín, sois un gran impresor..."

Dicho lo cual, De Bergerac y de Creville se encaminaron hacia los cuarteles de su regimiento.

En algún lugar de Flandes

Han temblado los cimientos de Paris al saltar la noticia. El Teniente Coronel Julius Kern ha desaparecido, posiblemente esté muerto... Pero vayamos con calma y escuchemos lo sucedido en tierras holandesas.

A los Cadetes de la Gascuña este mes les tocó la defensa de un pequeño paso cercano a unas granjas. El mes transcurría con tranquilidad hasta el día 18, en que recibieron órdenes de atacar una pequeña aldea cercana. Durante la inspección de la zona se descubrió que los españoles disponían de un par de piezas artilleras, de modo que el mando pensó que antes del asalto sería mejor mandar un pequeño grupo que intentara silenciar los cañones. Con tal idea, el teniente coronel Julius Kern seleccionó a cinco hombres.

De ese modo, aprovechando la tenue luz del alba, salieron de sus líneas arrastrándose por un pequeño riachuelo en dirección a la entrada del pueblo. Al acercarse al puente pudieron ver que lo custodiaban un par de guardias que, medio vencidos por el sueño y el fresco del amanecer se habian arrebujado en el interior de sus capas.

Julius Kern habló en susurros con sus compañeros mientras preparaba su daga siniestra:

-Vos, monsieur de Neuvillette, encargaros del de la derecha; yo iré a por el de la izquierda. Dimpard y Rosguet ocuparán su puesto rápidamente, de ese modo tardaremos más en ser descubiertos y podrán cubrirnos la retirada.

Una vez sustituidos los guardias y viendo que en el pequeño puente había cargas de pólvora preparadas para destruirlo, decidieron desmontarlas y usarlas en provecho propio.

-Neuvillette, vos iréis reptando por la parte exterior del pueblo, lo más pegado a las casas que podáis, e intentaréis poner este barrilete de polvora en la barricada que guarda el cañón de ese lado. Usad la tela de este saquito para hacer una mecha. Yo intentaré hacer lo propio en el otro. Esperad diez minutos, encended la mecha y regresad al puente tan pronto como podáis.

Aquí es donde se pierde el rastro del Teniente Coronel, pues tras un rato y procedentes de la dirección en la que marchó, se escucharon unos tiros de mosquete y una tremenda explosión. Neuvillette, al oir el ruido, prendió fuego a su mecha y regresó al puente donde formaron una pequeña barricada a la espera del grueso de los Cadetes a los que ya se escuchaba llegar a la carga.

Tras media hora de escaramuza los cadetes se hicieron con el pueblo. Neuvillette se dirijio hacia el emplazamiento del segundo cañón temiéndose lo peor, pues no había visto al Teniente Coronel durante la batalla y ya lo daba por muerto. Al inspeccionar la zona se dio cuenta de la enorme destrucción causada por la explosión. Sin duda esta afectó a algun pequeño arsenal que tenian los españoles en una casa cercana. Entre los cuerpos descubrió el del cadete que acompañaba a Julius Kern. El resto de los cuerpos estaban muy destrozados como para reconocer a alguien en ellos.

Al parecer el teniente coronel había caído con la explosión de la pieza y así lo comunicó al Mando mediante un batidor. Un enviado de los Reales Secretarios, que se encontraba cerca de la mesita donde el Estado Mayor recibió la noticia, pudo oírla y procedió a despachar un correo. Al poco, la eficaz maquinaria informativa publicaba el fallecimiento del teniente coronel Julius Kern en la lista social de personajes.

Tras asegurar el pueblo e inspeccionar las casas se montaron posiciones de defensa. Para su confección decidieron usar cascotes y vigas de la casa medio derruida. Estando los hombres en esta labor empezaron a escuchar unos golpes y gritos entre las ruinas... Algo asi como ¡Abrid! ¡abrid la puerta! Escuchando con más agudeza pudieron reconocer la voz de ¡Julius Kern!

-¡Rápido, despejad esos cascotes! -ordenó un subalterno.

Al dejar el suelo visible apareció lo que parecía la entrada a una bodega. Antes de que pudiesen acabar de despejarla, la puerta se abrió y un sonriente Julius Kern salió de las entrañas de la tierra llevando dos botellas de vino en una mano, mientras con la otra trataba de fijarse bien el cinturón y meterse la camisa por dentro de los calzones.

-¡Monsieur Kern! os creiamos muerto, es una alegría veros en tan buen estado y condición -exclamó el subalterno.

-¡AAAAAAAAAAH! -el teniente coronel parpadeó ante la luz del sol-. Ya era hora, por fin llegáis. Hacia rato que os esperaba... Tomad unas botellas de vino y celebremos que hemos ganado. Bebamos por los que ya no pueden... En la bodega encontrareis más; pero las otras piezas ni tocarlas pues junto al vino han servido para amenizar mi espera... y con suerte sabrán cocinar para nosotros esta noche.

La tropa miró extrañada hacia la entrada, de la que salieron dos sonrojadas campesinas, madre e hija, terminando de adecentarse la ropa.

De nuevo los recursos informativos se pusieron en marcha y, casi al instante, las listas fueron actualizadas de nuevo Y Julius Kern dejó de figurar entre las bajas de guerra.

* * *

No queremos finalizar la gaceta militar sin hacernos eco del desafío que Joss Len Beaumont ha lanzado a Christian Brass de Creville y Julius Kern: aquél de los tres que capture al prisionero de más alto rango, recibiría ocho toneles de vino extra para que sus tropas afronten mejor el duro invierno norteño.

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana


Fue una piedra la que dio el vale, le puso fin e inició su ida,
no el acero de su rival en el duelo de HONOR que dirimían,
hubo estocada, si, mas esa herida, ésa, no cercenó su vida.
No fue el rencor, ni el odio, ni las diferencias, que las tenían.

Fue una roca con infortunio, por retaguardia la muy canalla,
no las ansias por defender su REGIMIENTO y enaltecerlo.
Hubo una carta, una proclama, generosa donde las haya,
no fue por ella ni sus palabras o sus gestos, no pudo serlo.

Fue una acumulación de minerales golpeando a su caída,
no el cúmulo de alabanzas por su PATRIA a su regimiento,
Hubo rivalidad, Mosquetero y Guardia, sin ansiar pérdida,
no fue deseado el percance, resultado del enfrentamiento.

Fue un golpe en la nuca, imprevisto, accidente del destino,
no batallando en campaña, por el REY, a un país enemigo.
Hubo disputa por un dite o un direte, ¿ quizá fue desatino?,
No ganó nadie, todos perdimos, unos un oficial, otros un amigo.

Hibou

Fieles a su liturgia matinal, los tres guardias de la Vieja Ciudad reemplazan a sus compañeros y se disponen a montar guardia frente a la entrada de La Bastilla. Con el frío imperante, nubecillas de vaho delatan sus comentarios y ocurrencias mientras se frotan las manos vívamente para intentar reactivar la circulación.

El más veterano, embutido en su capote y atusándose el mostacho, espeta de repente:

-¿Sabéis? Se rumorea que Parrot no se presentará y que pretende huir por la ribera del Sena. ¿Creéis que tendremos una mañana tranquila?

Uno de los otros, riendo, responde:

-No sé si estaremos tranquilos o no, pero si persiguiéndole está claro que no conseguimos darle caza, quizás haya más suerte si esperamos aquí, resguardados y calentitos en el cuerpo de guardia, a que acuda él a nuestras manos.

El tercero, interrumpiendo su carcajada y poniéndose en guardia, suelta un silbido y avisa a los otros dos:

-Avisad al capitán. Ha habido suerte y el marsellés viene hacia aquí.


Segunda semana

Apenas una semana encerrado en su celda de la Bastilla, y Jean Parrot ya se encuentra a disgusto: no le sirven vino. La comida es considerablemente buena; la celda relativamente confortable, pese a estar privado de la libertad: no hay humedad ni frío, está en un torreón desde el cual puede observar París y la estancia es lo suficientemente espaciosa como para practicar algún ejercicio y mantenerse en buena forma. El médico de la Bastilla le visitó el primer día y certificó su buen estado de salud; intuye que lo volverá a ver regularmente. Le han dejado varios libros de distintas materias y un buen montón de papeles, pluma y tinta por si le viniera la inspiración. Sí, todo bastante razonable y cómodo, pero no le dan vino.
Ni tabaco.


La pequeña trampilla de la puerta se abre y a través de sus barrotes Parrot ve la cara de un monje que le inspecciona. No le saluda, no le dice nada, solo le mira con cierta cara de... aprobación. Después oye lo que le dice a su acompañante:


-Bien, lo dejaremos para el final. Primero visitemos al criado y después trataremos con fray Marcel.


La trampilla se cierra y oye como se alejan los pasos hacia otra celda un poco más alejada. Con premura se acerca a la puerta y pone la oreja a ver qué se oye: algunas voces y frases poco comprensibles, pero distingue la voz de su criado Gastón Lerroux.


-íOH, NO, POR FAVOR! íSEÑOR! íNOOOOOOOO!


-Cerrad la puerta, no enturbiemos el descanso de monsieur Parrot -dice el monje.


Tercera semana

Jean, el encargado de l'Epée d'Or, sabía perfectamente que no iba a ser una semana normal. El Ministerio de Ciencias había reservado el local para un evento de altísima importancia. Y por ello, llegaba del final de la calle un carro lleno de botas de vino. André du Calamar lo miraba con cara de pocos amigos diciendo "Espero que no pensará reaprtir toda esa cantidad de vino en este evento, monsieur", mientras hacía pasar de largo al carro. Al poco rato, fueron llegando carros de todos los tamaños, llenos de cajas que, en muchos casos, los propios dueños descargaban entrándolas a las salas anexas al salón principal.


Ya caída la noche, todo el mundo estaba últimando detalles. La Guardia Vieja estaba por todos lados vigilando atentamente por si ocurria algún altercado. La presencia de la Guardia, aunque escasa, alimentó los rumores de una visita de la familia real al evento, cosa que hizo que todo un grupo de científicos y e inventores estuvieran nerviosos, quitando un polvo que no existía de unas mesas llenas de hierros, poleas, cuerdas y en el caso mas extravagante, botes humeantes que costaba decir qué podrían ser.


Pero los rumores se van con los hechos. Por la puerta entró la cúpula civil y militar del país, pero nadie de la familia real. El Honorabilísimo Chevalier André du Calamar, Responsable de la Ciencia de Su Majestad, acompañaba a Su Excelencia El Honorabilísimo Marquis de la Garrigue Phillipe Valmont, Ministro de Estado de Su Majestad y a Su Excelencia el recto y honorable Baron de Noisy Joseph Lemaitre, Ministro de la Guerra de Su Majestad. Detrás El recto y honorable Barón de Muzillac Olivier D'Arzac, Responsable del bienestar del reino de Su Majestad acompañado por Su excelencia Jean du Montblanc, ministro de asuntos exteriores de su majestad y finalmente, no menos interesado en lo que pudieran encontrar dentro su excelencia Lestat du Pointlac, ministro de finanzas de su Majestad. Detrás de todos ellos, sus respectivas damas y família. Entre los presentes, aparte de numerosos franceses anónimos, Jaques Aguilère observaba atentamente cuanto habia expuesto.


Los miembros de la comitiva oficial fueron mesa por mesa, escuchando a los expositores y las indicaciones que Chavalier du Calamar daba sobre lo expuesto. Vale decir que la mayoria de los artefactos e invenciones no eran más que mejoras de inventos e ingenios ya existentes. Por ejemplo, discipulos del Holandés Lippersey instalaron en el patio un nuevo telescopio que permitió ver la luna mas de cerca que nunca. Incluso su excelencia el Honorabilísimo Marquis de la Garrigue acertó en bromear, "Barón Lemaitre, parece tan cerca que tengo la tentación de mandarle a conquistar esa tierra para Francia".


Pero también hubo auténticos inventos. Un joven Blaise Pascal presentaba una caja que gracias a unas bobinas giratorias permite sumar números de hasta 5 dígitos. La pregunta para Blais era obligada: "¿Pero no es más rápido el uso de un ábaco?" y la respuesta del cientifico fue muy clara: "ciertamente Excelencia, pero al contrario que un ábaco, para usar la Pascalina no hace falta más que saber los números, sin necesidad de conocimientos del uso de una maquinaria tan compleja. Además, he comprobado que la cantidad de errores humanos es mucho menor". Entonces Su Excelencia Lestat du Pointlac se interesó por el precio de cada maquina. Tras titubeos e imprecisiones, Monsieur Pascal dió una cifra desorbitada, acompañada por un silencio incómodo. Fue el maestro de ceremonias Chevalier du Calamar quien rompió la incomodidad, indicando amablemente a la mesa contigua donde un hombre de espeso pelo blanco y algo desaliñado vio la oportunidad de convencer a las autoridades a invertir en un material pringoso, oscuro y sucio del que la única capacidad conocida es que arde fácilmente.


Después de tan tenso momento continuó la visita normalmente, viendo mejoras civiles, tanto prácticas como teóricas, que pocos de los presentes comprendían completamente. Finalmente, Su Excelencia El Honorabilísimo Marquis de la Garrigue Phillipe Valmont, Ministro de Estado de Su Majestad hizo un emotivo discurso declarando que todo lo que en l'Epée d'Or puede verse esta semana es un resumen de un mundo futuro que seguro nos llevará a mayor comodidad en la vida y a ventajas en la guerra. Posteriormente, como final del evento en la sala principal del club se ofreció algo de comer y buen vino que todos los presentes disfrutaron hasta altas horas de la noche.

Cuarta semana

El mes ha concluido con una reunión extraordinaria del Consejo de Regencia. Debido al gran secretismo con que se ha llevado, no ha trascendido casi nada de su contenido, aunque Lestat de Pointlac ha hecho pública su ponencia al salir de la reunión:

Caballeros,

Me gustaria poder decir que la situación es mejor que la que es, pero mentiria, la situación del tesoro es preocupante, la corrupción campa a sus anchas entre los recaudadores de las provincias y mis hombres se ven incapaces de controlarlo todo ya que su autoridad choca en muchas ocasiones con la de los hombres de los distintos gobernadores provinciales y los propios alcaldes de las distintas villas. En los puertos chocamos con los recaudadores de la Marina, que tan bien administro el Cardenal pero que tras su perdida ese estricto control se ha perdido. La regencia es siempre un periodo complicado, pero creo que es fundamental que usemos todos los medios a nuestro alcance y nos coordinemos para aumentar los ingresos de la corona y combatir la corrupción, si no, será complicado poder mantener este gasto militar. Es por eso que quiero pedir una reunión con los gobernadores militares y la autorización de este consejo, en particular de nuestro ministro de estado, para crear un cuerpo especial para combatir la corrupción y poder condenar a los ladrones que dependa de mi Ministerio y no del de Justicia.
 

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

  • Este mes no se han producido nombramientos.


CARGOS PARA EL MES DE NOVIEMBRE
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Soldados escolta Real Soldado Guardia Real 8Capitán Escolta
Soldados escolta Cardenal Soldado Guardia Cardenal 5Capitán Escolta
Oficial diocesano Vicario 10Arzobispo



------------ Inicio de la estacion de INVIERNO ------------

CARGOS PARA EL MES DE DICIEMBRE
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Humanidades Brigadier o Barón 0 Min.Estado
Ayudante del Obispo Abad 8 Obispo


NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Agradecimiento a J.M. por el relato de la presunta muerte de Julius Kern en combate. La verdad es que, acostumbrados como nos tiene a perder personajes en el frente, que lo encuentren sano y salvo es una novedad :-P

Agradecimiento también a Víctor y Enric, por la parte de la entrega y cautiverio de Jean Parrot, Ch.d'H.. La verdad es que esta trama promete, aunque por desgracia hay cosas que no podrán ser de general conocimiento, al menos por ahora.

También a Joan, por la crónica de la Semana de la Ciencia, y a Eduardo por el párrafo final. Y, por supuesto, a Hibou, que ya empieza a ser colaborador literario habitual.

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 3 de diciembre de 2010, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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