Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE SEPTIEMBRE DE 1643

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana


En aquella soleada mañana de principios de septiembre, Jacques Cousteau se encontraba en su despacho del cuartel de Mosqueteros del Rey, fingiéndose ocupado pero en realidad dedicándose a la vida contemplativa. De repente, un cabo interrumpió sus ociosas meditaciones:

-Mon coronel, tenemos un problema. Parece que vuestra oferta de acogida en nuestro Regimiento ha dado resultados... ejem... mejores que los esperados.

-¿Mejores que los esperados? ¿Qué quieres decir? -el coronel se ciñó el cinto con el rapier mientras salía del despacho y bajaba las escaleras. En efecto, al cruzar el patio de armas comenzó a oír un ruido tumultuoso que parecía venir de la puerta principal.

Efectivamente, al llegar al portón se encontró el coronel con la guardia de puertas que a duras penas contenía una muchedumbre de desharrapados empeñada en entrar en el acuartelamiento. A su frente llamaban la atención, cuatro personajes ataviados con capotes y sombreros de ala extravagantemente ancha, cada uno con una gran pluma, y que por su vestuario más o menos lujoso destacaban del resto.

-¡¿SE PUEDE SABER QUÉ PASA AQUÍ?! -el coronel intentó hacerse oír por encima del alboroto, mientras se abría paso entre la guardia. Al llegar al frente, uno de los caballeros, que lucía un enorme bigote, se le acercó hasta chocar frontalmente con él. El coronel no pudo dejar de notar que la delantera de su interlocutor era inusualmente prominente. De no haber sido por el atuendo masculino y los bigotes, Cousteau habría podido calificar a su interlocutor de "pechugona".

-Coronel Jacques Cousteau, mi nombre es Calypso; vengo por vuestra amable invitación, para brindar a vuestra salud, y sobre todo por vuestra proclama de ayudar y pagar el coste para entrar en el regimiento de los Mosqueteros del Rey. Me presento voluntario, al igual que todos estos súbditos de Su Majestad, y espero cumpláis con vuestra palabra.

-Cr... creo que ha habido algún malentendido -acertó a decir el coronel-. Yo...

-¡Nada de malentendidos, mon coronel! ¡Aquí está explicado, negro sobre blanco! ¡Mirad, mirad! -le espetó otro de los supuestos caballeros mientras le tendía un papel:


¡Acudid a la proclama!
Todos en París debéis saber que un caballero de palabra, el Coronel Jacques Cousteau, nos invita a que bebamos a su salud. Id todos, no dudéis, acudid a celebrar su vuelta a París y además ya sabréis que paga gastos y pertrechos a todo aquel que desee entrar a servir en su glorioso Regimiento, los Mosqueteros del Rey.

Vive la France, Vive le Roi, vive le Coronel Jacques Costeau!

Hibou

El coronel arrancó el papel de las manos del individuo con un rugido de irritación y, sin decir palabra, dio media vuelta y volvió a su despacho, dejando al sargento de guardia, que esperaba órdenes, con un palmo de narices. Éste, hombre avispado, se encogió de hombros y decidió aplicar un remedio rápido y eficaz:

-¡Subid cuatro barricas de vino del almacén!

Y la estratagema surtió efecto: al hacer rodar las barricas hacia la multitud, ésta se apartó para abrirles paso y las rodeó inmediatamente, desapareciendo calle abajo entre hurras y vítores a Su Majestad el Rey, a la Reina Madre, al coronel Jacques Cousteau y a los Mosqueteros del Rey.

Pero el coronel Cousteau no se dedicó solamente a meditar y a espantar vagabundos esta semana: nos ha llegado noticia de que participó de manera decisiva en el rescate de Joss Len Beaumont, pagando la cantidad exigida por el enemigo y organizando su posterior traslado a París. ¡Hombres generosos como Jacques Cousteau es lo que necesita Francia!

fray Marcel, por su parte, pasó la semana organizando brigadas de trabajadores entre los asistentes a la Cofradía que quisieran ganar unas monedas, alojamiento, y un suplemento alimentario. Al parecer el Ministerio del Bienestar va a construir una red de hospicios en toda Francia, empleando trabajadores reclutados de entre las clases más pobres. Veremos qué tal resulta esta innovadora iniciativa compartida entre la Iglesia y el Estado.

Segunda semana

Ya casi no son ni dignos de mención, por lo rutinario, los duelos regimentales entre Jean du Mont Blanc y quienquiera que por azar coincida con él en L'Epée D'Or. Esta semana Jacques Cousteau celebró una fiesta a la que acudieron Emile Goulet, Guillaume de Foix con Georgette, Jacques Cousteau con Claire, Joss Len Beaumont con Marianne, Jean Parrot, Ch.d'H. con Evelyne, fray Marcel du Calais, Le Baron de Chardin y el citado Jean du Mont Blanc. Obviamente se cruzaron insultos y espadas, siendo Le Baron de Chardin quien tuvo el honor de batirse el primero. Sin pena ni gloria, un breve encuentro terminó con una estocada que dejó herido al guardia del Cardenal.

Christian Brass de Creville, amante de la cultura como todos sabemos que es, prefirió alquilar un palco en le Théatre e invitar a Ezequiel du Reims, Jacques Argiliere y Julius Kern. Éste último, previsor, se presentó con unas botellas de vino alsaciano "por si la obra nos aburre". La verdad es que la obra fue amena e interesante, pero no por ello dejaron de vaciarse las botellas durante la representación.

Letrilla burlesca:

Comentábame el otro día mi buen amigo el frutero.
que además de muy sensato, es un gran agorero:
íSi en los Campos Eliseos, se plantaran ajos tiernos,
obtendrían menos fruto, que candidatos a gobiernos!

Proponía el comerciante, con buen criterio considero,
que si cada postulante debiera, pagar por presentarse,
igual cuantía que ir al teatro, y en un palco, sentarse,
para paga de gobernante, quizá alcanzara ese dinero.

Que es esta vida como los naipes, un juego de bazas,
riendo me aclara: que sólo el que roba, triunfa y manda.
Nadie verás castigar por hurtar plata, ni se le demanda
que al que azotan es por pobre de suerte, favor y trazas.

Y aunque con buen verbo y gracejo, alguna sisa me haga,
yo pago con ganas y escucho, con gran agrado al tendero.
El acierto en sus palabras, lacera más que espada o daga,
y en este París colmado de Honores, se agradece tal acero.

Hibou

Tras el fin de la campaña militar, las calles del centro de París hervían con el constante ir y venir de la muchedumbre. Cerca de allí, Jean Parrot y su criado cruzaban la Rue de Sainte-Anne mientras el primero atosigaba al segundo con su más que famosa palabrería. El pobre Lerroux se preguntaba si su paga valía tal tortura cuando se percató que algo iba mal. Deteniéndose, observó las calles colindantes y girándose hacia su amo con una mirada temerosa a la par que se arrimaba a una pared le preguntó:


 -Monsieur Jean, ¿habéis vuelto a jugar a los dados con la Guardia de la Vieja Ciudad?

El marsellés, deteniéndose en seco, comprendió al instante la extraña pregunta de su criado, y metiéndose por una callejuela cercana empezó a correr como si el mismísimo Diablo le persiguiera. Al momento, por las calles colindantes surgieron varias patrullas de la Guardia de la Vieja Ciudad que se desbandaron entre la muchedumbre e iniciaron la persecución del caballero, a gritos de:

 -ííPARROT!! íííJEAN PARROT!!! ííDAOS PRESO!! íííDAOS PRESO EN NOMBRE DEL REY!!!

Mientras se alejaban, Gaston Lerroux suspiró pesadamente y se preguntó en qué mal día llegaría el momento de acompañar a su señor al cementerio, mientras salía del portal donde se había ocultado discretamente y volvía a su casa a esperarle.

Tercera semana

Con la excusa de su ingreso en Phillippe Le Rouge, Christian Brass de Creville invitó a Ezequiel du Reims, Julius Kern, Emile Goulet y Jacques Argiliere a tomar unas copas de vino juntos. Pronto la conversación derivó hacia la literatura, como ocurre con todas las conversaciones en las que participa Christian Brass de Creville, y se habló de la idea de crear una "gaceta cultural ilustrada" para informar a los parisinos de los acontecimientos culturales de la Cité.

* * *

Evelyne Garabedien se desesperaba por momentos, mirando constantemente la puerta del salón de convites, mientras Mademoiselle D'Arzac se afanaba en calmarla:

 -Tranquila, amiga mía, ya veréis como llega a tiempo.

Quien sí permanecía tranquilo, en otro rincón del salón y escuchando con aparente satisfacción las anécdotas de los asistentes, era el Excmo. Ministro de Estado. Copa en mano y sonrisa en rostro, Phillipe Valmont aprovechaba aquellos breves instantes de calma previos a la celebración para dejar a un lado sus responsabilidades y divertirse como uno más.

Sólo el propio anfitrión, cuando se acercó a él para avisarle del inicio del evento, se percató de la crispación y la mirada de azoramiento que ensombreció durante un segundo el semblante de Valmont. Siguiendo la mirada de su invitado, Olivier d'Arzac descubrió con sorpresa a un acelerado Parrot que, rebufando, hacía acto de presencia. El recién llegado, después de saludar al anfitrión lo más brevemente que la buena educación le permitió, se dirigió al Ministro de Estado y lo saludó con estas palabras:

-Monsieur Valmont, la semana pasada me zafé por los pelos, pero hoy habéis estado a punto de conseguirlo. Vuestra Vieja Guardia mejora, pero aún dista de ser lo que precisáis. Seguid intentándolo.

Valmont, sin embargo, ya había recuperado su habitual empaque tras la sorpresa, y respondió al envite con aire indiferente:

-Monsieur Parrot, qué oportuno veros por aquí. Os encanta el juego, como a todo el mundo, y venís públicamente al único lugar donde sabéis que no actuaré contra vos. La presentación en sociedad de Eléonor d'Yverbille no es el lugar adecuado para nuestros asuntos. Admiro vuestro valor y descaro: no todo el mundo reconoce que huye de la Guardia de la Cité, es decir, de la Ley, y sigue con su agenda de actividades como si tal cosa. Quizás no os habéis enterado, o habéis hecho oídos sordos. La razón da igual, os lo digo yo ahora: hay una orden de arresto contra vos. Dado que somos caballeros, no desenvainaré ni llamaré la atención de manera que se arruine una velada tan importante para mademoiselle Eléonor. Confío en que como caballero que sois os presentéis en la Bastilla al finalizar la fiesta.

Parrot, arqueando una ceja y encarándole levemente, respondió:

-¿Orden de arresto? ¿De nuevo? ¿De qué se trata esta vez? ¿Pollitos desaparecidos de un corral? ¿La Comtesse de TunTún ha vuelto a extraviar a su perrito? Bien, en fin, es igual. Sea lo que sea deberá esperar a que a finales de mes medie en cierto tema delicado que nuestro anfitrión se lleva entre manos. Ya sabéis, mi agenda de actividades manda. ¿Algún problema?

Valmont continuaba de pie sin responder, escuchándole y clavando sus ojos en la jocosa mirada de Parrot. Para un extraño, la mirada del Ministro de Estado sólo reflejaría seriedad y severidad, pero Parrot -fiel conocedor del alma del ser humano- también percibía en ella destellos de tremenda curiosidad y, para su sorpresa, no había rastro de odio ni ira.

Rompiendo la tensión del momento apareció el Barón de Muzillac, nerviosísimo y ajetreado por querer atender personalmente a cada mínimo detalle de la celebración; ajeno al duelo de miradas, se interpuso entre los dos y abrazándolos a ambos mientras les empujaba hacia sus damas dijo:

-Phillipe, Jean, mes amis, vamos, cada uno con su dama y ya tendréis ocasión de hablar. La ceremonia no puede demorarse más. íNo me hagáis quedar mal y sonreid! íVenga!

Así, mientras Parrot se disponía a capitular ante su disgustada Evelyne Garabedien, Valmont -asiendo la mano de su siempre perfecta esposa- aún pudo espetarle un aviso en voz queda: -De acuerdo, Parrot. Acudid la primera semana a la Bastilla.

Sin percatarse del hecho ni oír estas últimas palabras, el Barón de Muzillac se dirigió al centro del salón y elevando la voz, anunció:

-Damas, caballeros, ya estamos todos. El acto va empezar.

* * *

Y el acto fue de tal suntuosidad que será recordado durante mucho tiempo. Se celebró en el recién adquirido palacete de la familia d'Arzac, donde los Barones de Muzillac dieron la bienvenida personalmente a todos los invitados cuando fueron llegando, y los llevaron al gran salón, cuya decoración presidía un exquisito retrato de mademoiselle Eléonor. Una orquesta tocaba para los invitados, y una horda de criados circulaba entre los asistentes repartiendo tentempiés y buenos caldos. Cuando todos los invitados hubieron hecho acto de presencia, una fanfarria de trompetas dio entrada en la sala a mademoiselle Eléonor, delicadamente vestida, que algo nerviosa caminó hasta el centro de la sala, dónde bailó un menuet con su padre adoptivo. Tras el baile, éste pronunció unas palabras elogiando las virtudes de Eléonor, su pudor y discreción, su educación y su belleza, tras lo cual invitó a los asistentes a que la saludasen, ocasión que éstos aprovecharon para hacerle entrega de hermosos regalos.
Durante la cena, presidida por Eléonor al lado del Barón y amenizada por música, el barón mostró el nuevo palacete a sus buenos amigos: una sala con decoración árabe para los fumadores, salón de esgrima, biblioteca, y... La bodega del barón de Muzillac "mes amis", dijo d'Arzac dirigiéndose al Comisionado de Seguridad Pública y al Gobernador Militar, "lo mejor de todo: íuna entrada directa a las catacumbas!"
Antes de que pudiesen reaccionar, d'Arzac bajó unas estrechas escaleras ocultas tras un cortinaje, abrió una puerta de madera y los condujo a una bodega subterránea repleta de los mejores vinos de Francia.

-¿Qué os parecen mis catacumbas privadas, mes amis? ¡Ja, ja, ja!

 

 

Cuarta semana

Y el mes de septiembre acaba con un suceso trágico. En el bosque de Vincennes, junto al torreón, Jacques Cousteau y Le Baron d'Arzac se batieron a primera sangre, ejerciendo Jean Parrot, Ch.d'H. y Le Baron de Lemaitre de respectivos padrinos. Tras saludarse, Le Baron d'Arzac le dijo a su oponente:

Monsieur, acabemos cuanto antes, por favor. Os habéis conducido de manera tan indigna en todo este asunto que no os merecéis una palabra más.

Tras lo cual ambos desenvainaron, se colocaron en posición de "En Garde" y, a la señal de los padrinos, comenzaron el combate. La lucha fue larga, hasta que Le Baron d'Arzac consiguió acertar en el pecho a su oponente. Éste, debido a la sorpresa, trastabilló hacia atrás y acabó perdiendo el equilibrio y cayendo. Al ver la mancha roja en la camisa, Le Baron d'Arzac dio el duelo por terminado: limpió el rapier, lo enfundó e hizo una reverencia a su oponente:

-Coronel...

Saludó entonces a Parrot y le tendió una bolsa con cien coronas: mon ami, hacedme el favor de poner a este caballero en manos de un buen cirujano. Si necesitáis referencias, preguntad a cualquier otro mosquetero. Gozan de gran experiencia en lo que a cicatrices se refiere.

Pero Parrot no prestaba atención a D'Arzac; en lugar de ello, tenía la vista fija en Jacques Cousteau, que seguía inmóvil en el suelo.

-Creo que ha pasado algo grave. No se mueve...

D'Arzac se sorprendió. "Sólo le he hecho un rasguño..." musitó.

Los dos padrinos se agacharon junto al caído y lo examinaron. Ni pulso, ni respiración. Nada. Parrot giró la cabeza hacia D'Arzac.

-Lo habéis matado, monsieur.

-¡No puede ser! Sólo tiene un rasguño.

Le Baron de Lemaitre resolvió el misterio. Levantó la cabeza del muerto y sacó de debajo una piedra de considerables dimensiones.

-Se ha golpeado con esta piedra. Se ha desnucado al caer.

-Dios mío...

La salida del sol encontró a los tres hombres cargando al cuarto hacia un carruaje que esperaba no lejos de allí.


R.I.P.
Rogad a Dios por el alma de

JACQUES COUSTEAU

[Cruz para la tumba]
Coronel de los Mosqueteros del Rey

Su familia y amigos agradecerán

UNA ORACIÓN


NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

  • Jean du Mont Blanc ha sido nombrado Ministro de Exteriores.
  • Philippe Valmont ha sido nombrado Gobernador Militar de Ille-de-France.
  • Le Baron de Lemaitre ha sido nombrado Gobernador Militar de Bourgogne.
  • Le Baron d'Arzac ha sido nombrado Gobernador Militar de Bretagne.
  • André du Calamar ha sido nombrado Gobernador Militar de Champagne.
  • Le Baron de Chardin ha sido nombrado Gobernador Militar de Loire.
  • Julius Kern ha sido nombrado Ayudante Regimental.


CARGOS PARA EL MES DE OCTUBRE
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Capitán Escolta Real Capitán de Guardia Real 9Gob.Mil.París
Capitán Escolta CardenalCapitán Guardia Cardenal 7Gob.Mil.París
Abanderado Escolta Real Subalterno Guardia Real 9Gob.Mil.París
Abanderado Escolta CardenalSubalterno Guardia Cardenal 6Gob.Mil.París
Chancellor Vicario 11Arzobispo



CARGOS PARA EL MES DE NOVIEMBRE
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Soldados escolta Real Soldado Guardia Real 8Capitán Escolta
Soldados escolta Cardenal Soldado Guardia Cardenal 5Capitán Escolta
Oficial diocesano Vicario 10Arzobispo

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Parece que el enfrentamiento Valmont-Parrot se va calentando, je je je... Gracias a los dos por confeccionar a medias por correo electrónico la escena del encuentro.
Gracias también a "Hibou" por la creatividad que está demostrando con sus epigramas :-)

Y lo más importante, disculpas por el enorme retraso de la crónica. Espero que tengáis tiempo de reacción para preparar el próximo turno...

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes 5 de noviembre de 2010, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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