Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE MAYO DE 1643

¡Me llamo Luis XIV!
Louis Dieudonné de Bourbon, a los cuatro años de edad.

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

Ya sabemos que, desde finales de febrero, la salud de Su Majestad ha ido empeorando gradualmente. Pese a ello, ha continuado presidiendo el Consejo de Estado e incluso dando breves paseos por los jardines de Palacio. Sin embargo, desde finales del mes pasado su estado le ha obligado a recluirse en sus habitaciones, en las cuales ha pasado largo tiempo meditando, con la mirada absorta en la basílica de Saint Denis que puede verse desde el ventanal, quizás intuyendo que no tardaría mucho en reunirse allí con sus antecesores en el trono de Francia.
Una tarde, quizás tras pensar en el legado que dejaría a Francia, mandó que trajesen a su hijo mayor, el pequeño Louis Dieudonné.

-Qué mayor estás, hijo. ¡Hasta sabes hablar! Dime, ¿cómo te llamas?
-¡ME LLAMO LUIS CATORCE! -respondió el niño con una firmeza insólita en una voz tan infantil.

Sorprendido, el Rey solamente acertó a hacerle un gesto a la espantada niñera, que se llevó apresuradamente al niño mientras Su Majestad respondía pensativo:

-Todavía no, hijo. Todavía no.

No cabe duda de que el heredero al trono tiene carácter. Parece que Francia quedará en buenas manos.

* * *

Como no podía ser de otra manera, la salud de Su Majestad fue tema de conversación en París durante toda la semana. Cuando Jean Parrot, Ch.d'H. pasó por casa de Evelyne Garabedien a recogerla para un paseo, la doncella le dijo que Justine de Sade y Ute Hoffmann habían pasado a recogerla, y juntas habían partido hacia L'Epée D'Or. Con un encogimiento de hombros, Parrot encaminó sus pasos hacia el club. Cuando llegó encontró no sólo a Evelyne con sus dos amigas, sino también a Charlotte Mousse, Victorie Labelle y Magdalene du Croissant en un animado corrillo haciendo cábalas sobre cuál sería el mal que aflige a Su Majestad. Aunque Parrot intentó cortésmente intervenir en la conversación, al final tuvo que desistir ya que comprobó que las damas ni tan siquiera se escuchaban las unas a las otras, y por supuesto mucho menos a él. Con un suspiro resignado y un movimiento de cabeza, se repantigó en un banco en el rincón opuesto del salón y sacó su pipa y su bolsa de tabaco, intentando ignorar la algarabía mientras un servicial criado, conocedor de sus costumbres, le acercaba un pequeño tizón de la chimenea.

* * *

El lunes por la mañana temprano, André du Calamar salió de casa con un nombre y una dirección escritos en un papel por un amigo suyo, gran entendido en arte:

Georges de La Tour
Rue de Saint Denis, junto al Pont aux Changes

Buscaba el taller de un pintor, un artista que pinta unas imágenes religiosas de estilo italiano, poco conocido pero de un realismo exquisito. "Será un buen regalo de bodas para Le Baron d'Arzac", pensó. Pero por más vueltas que daba no conseguía encontrar el dichoso taller. Al final entró en una posada a preguntar, y descubrió que aquél era precisamente el sitio que estaba buscando: "Sí monsieur, el maestro De La Tour vive en Lunéville, pero ocasionalmente visita la corte para recibir y entregar encargos de la familia real, habéis tenido suerte de encontrarlo en París". Satisfecho al fin, Le Baron d'Arzac subió las escaleras para dirigirse al aposento del pintor.

Mientras tanto, en la Bastilla, Emile Goulet se dedicaba a un pasatiempo insólito en sus circunstancias: practicar esgrima. Con la autorización de Su Excelencia, recibió la visita de Felippe Bigot cargado con un par de rapiers de salón en una enorme funda de cuero, y al poco rato ambos se movían frenéticamente en la parte central de la espaciosa celda del prisionero.

-Os agradezco mucho vuestra visita y las prácticas, mon ami -jadeó Emile Goulet-.

-Qué menos puedo hacer por vos, monsieur -repuso entrecortadamente Bigot-. Nunca se sabe con quién os podéis cruzar por la calle cuando salgáis de aquí. Mejor que estéis bien preparado.

-Cierto. Hoy en día dejan salir de los cuarteles a cualquiera -y ambos tuvieron que detenerse unos momentos porque la risa acabó con el poco resuello que les quedaba.

Mientras tanto, Le Baron d'Arzac seguía con la frenética preparación de su boda. Su visita a fray Marcel tuvo un detalle inusual: además de su futura esposa, le acompañaron los dos hijos de ésta, fruto de su matrimonio con el difunto Pierre Le Moyne d'Yberville. Eléonor, una damita de casi quince años, y Damien, un zagal alto y espigado que aparentaba más de los trece que en realidad tenía. La intención de Le Baron d'Arzac es que ambos tengan especial protagonismo en la boda, ya que Eléonor cumplirá los quince este verano y pronto se presentará en sociedad.

Segunda semana

Recluido en sus aposentos, sintiendo venir sus últimas horas, Su Majestad ordenaba las últimas disposiciones para traspasar la regencia a su esposa, apoyada por el Consejo de Estado, hasta la mayoría de edad de Su Alteza Real el pequeño Luis Dieudonné. Llamó también a su consejero de confianza, el duque de Saint-Simon, a su Primer Ministro, le Marquis de la Garrigue, y a su secretario personal, monsieur Louis Phélypeaux de La Vrillière. Saint-Simon no pudo contenerse desde el primer momento y rompió en sollozos al ver postrado a su rey y amigo íntimo, mientras La Vrillière y Valmont tomaban minuciosas notas de lo que dictaba Su Majestad, uno para el testamento y el otro para las disposiciones finales. Al acabar, el Rey pidió a su secretario que releyera lo escrito en voz alta, "pues no debe faltar nada", puntualizó. Pero tampoco La Vrillière pudo superar el pesar, y rompió a llorar en el segundo párrafo. Tuvo que ser Valmont quien recogiese los papeles de las trémulas manos del secretario y acabase, en voz queda, la lectura del documento para los reales oídos. Satisfecho el Rey con la lectura, mandó llamar a la Reina, que había ordenado colocar un camastro en un gabinete adyacente para velar a su esposo día y noche, y le pidió perdón por todas las angustias que le había hecho pasar durante su vida, a lo cual Ana de Austria respondió con sollozos. A continuación, una niñera trajo a los dos príncipes, Louis Dieudonné y Philippe, y Su Majestad los bendijo. El pequeño Louis Dieudonné lanzó un fuerte grito: "¡Padre, si os morís, me tiraré al foso de Palacio!", a lo que el Rey solamente pudo sonreír débilmente y acariciarle la cabeza.

Valmont, que se había retirado discretamente cuando se reunió la familia real, a duras penas pudo contener el llanto. Salió de Palacio con una sola idea fija en su cabeza:

-Necesito un trago. O más.

Buscando una forma de aliviar su estado de ánimo, se dirigió hacia L'Epée D'Or, donde en esos momentos se debía estar celebrando la despedida de soltero de Le Baron d'Arzac.

* * *

Y, precisamente en esos momentos, éste se despedía de sus padres, llegados de la Bretaña la víspera, explicándoles que el Primer Ministro requería su presencia para un Consejo extraordinario. Vestido con sus mejores galas, subió al carruaje y partió calle abajo, perdiéndose en la noche.

Pero no fue a Palacio a donde llegó el carruaje, sino a l'Epée d'Or. Allí, sentados a una larga mesa, André du Calamar, Le Baron de Lemaitre, Jean du Mont Blanc, Jean Parrot, Ch.d'H. y Lestat de Pointlac le miraban con el semblante grave. En la mesa, una botella de vino y un plato pequeño. André du Calamar rompió el silencio dirigiéndose a él:

-Excelencia, vos pensáis que estáis preparado para la boda, pero es nuestro deber comprobar que realmente sea así. El matrimonio es el más sagrado de los sacramentos, y por tanto debemos estar seguros. Primero, debemos pediros que dejéis el anillo de boda en el plato.

A regañadientes, y no sin sin que Valmont le diera su palabra que se trataba de algo sin ningún peligro, d'Arzac dejó el anillo en el plato.

Le Baron de Lemaitre acercó entonces a Olivier a otra mesa situada en el fondo de la sala, sentándolo de espaldas, y le dijo:

-Bien, luego volveremos a ello, antes ¡bebamos! -y a su mandato, todos los asistentes se levantaron de la primera mesa, cruzaron la sala y se sentaron a la segunda, donde un criado repartió copas jarras de vino que todos vaciaron con empeño una y otra vez.

Pasado el rato, Jean du Mont Blanc se levantó y pidió atención a los bebedores:

-Messieurs, creo que ha pasado ya la primera parte de la celebración. Pasemos a la segunda. Por favor, volvamos a la primera mesa.

Pero al volver a la mesa, nada habia en ella. Alguien se había llevado la botella, el plato, y con él el anillo. Evidentemente, la cara de d'Arzac, bastante roja debido a los efectos del vino, palideció de repente.

-¿Dónde está el anillo? ¡Hay que encontrarlo! No hagáis bromas con esto, mes amis, o mi futura esposa me cortará la cabeza con sus propias manos.

-Tranquilizaos, Olivier. Todo está bajo control. El anillo está... aquí -y diciendo esto sacaron un enorme barreño lleno de vino que estaba oculto debajo de un mueble-. Cuando querais, podéis recuperarlo.

D'Arzac suspiró, se quitó la chaquetilla y, en mangas de camisa, empezó a revolver el fondo del barreño. Como no llegaba a todo el fondo, fue metiéndose cada vez mas adentro, hasta que al final perdió el equilibrio a causa del vino trasegado y acabó cayendo dentro, cual pato en una charca u holgazán en su cama. Fue en este momento cuando Philippe Valmont, procedente de Palacio, entró en la sala y contempló boquiabierto la divertida escena, que le quitó de golpe su tristeza. Los asistentes a la fiesta reían ante la poco digna imagen del Ministro del Bienestar empapado en vino buscando el anillo. Al final, desistiendo de su empeño, se puso de pie en el barreño y con voz amenazante gritó:

-Pardiez, ¿de qué se rien? ¡Sin anillo, la semana que viene lo que tendremos es un funeral!

En vista que la broma podía ir a mayores, Parrot lo calmó:

-Por favor, no os enfadéis, mon ami. El anillo no está en el barreño; de hecho, en él no hay más que vino, y de no muy buena calidad como habréis podido comprobar. Vuestro anillo está aquí, en mi bolsillo. Tomad y tranquilizaos. Se trata de una vieja lección que le dieron a mi primo antes de casarse y que queríamos compartir con vos. Al casarse, salir a beber con los amigos ya no es lo mismo. Hace un rato, vuestra preocupación era encontrar el anillo, pero sabíais perfectamente que, si no aparecía, había tiempo de sobra para encargar otro para la semana siguiente. Sin embargo, la próxima vez que estéis en algún lugar apestando a vino como lo estáis ahora mismo, tendréis una preocupacion mayor: qué excusa darle a vuestra santa esposa para que no os envíe a pasar la borrachera en la sala de criados.

Una larga carcajada general puntuó el discurso de Parrot, hasta que Lestat de Pointlac dijo:

-Pero bueno, ahora que recuerdo, Baron du Mozillac, hay más gente que os echará de menos a partir de ahora: ¡Los vinos baratos de las tabernas de París, vetadas a los casados!

Al decir esto dio dos palmadas en el aire, que enseguida fueron respondidas por las puertas de la sala, que se abrieron de par en par dejando entrar a varias mujerzuelas traidas de las tabernas de la ciudad, portando jarras y botas de vino. Entro también un cuarteto de cuerda que amenizó el resto de la velada.

A la mañana siguiente, los abnegados criados de L'Epée D'Or se encargaron de cargar a los asistentes en sus respectivos carruajes ya que éstos, debido a la cantidad de vino que llegaron a beber, no fueron capaces de salir por su propio pie.

* * *

Finalmente, el jueves 14 de mayo de 1643, con los intestinos completamente inflamados y ulcerados imposibilitándole totalmente la digestión, y los dos pulmones invadidos por la tuberculosis, falleció Su Cristianísima Majestad Luis XIII de Francia y Navarra, llamado El Justo. El Señor lo acoja en su seno.

Tercera semana

Poco hay que decir de las honras fúnebres a Su Majestad. Por su generosa voluntad expresa, no se han celebrado exequias solemnes para no sobrecargar el Tesoro con gastos inútiles, aunque sí ha habido un cortejo fúnebre que ha trasladado el real féretro desde Palacio hasta Saint Denis, encontrando la calle espontáneamente iluminada con velas y antorchas encendidas por sus súbditos.

En la puerta de Les Tuiles Bleues, Guillaume de Foix y Jacques Argiliere conversaban con la vista fija en la puesta de sol.

-No lo entiendo: ¿por qué nos ha citado fuera del club? ¿Por qué no podemos esperar dentro, tomando un vino?

-Algo tendrá en mente. Cuando Joss Len Beaumont nos ha pedido que esperemos fuera, será por algo.

Al poco llegó Jacques Cousteau, que los encontró empezando a tiritar pues la temperatura estaba bajando.

-Buenas noches, monsieurs. ¿También les ha citado Joss Len Beaumont en plena calle?

-Ya lo veis, mon ami -respondió Jacques Argiliere-. Pero si se retrasa mucho más, me parece que tendrá que entrar a buscarnos al club.

En ese momento llegó el anfitrión acompañado de Philippe Bigot, con quien acababa de coincidir en la esquina, y seguido de un pequeño grupo de músicos.

-Perdón por la espera, monsieurs. Bien, supongo que querrán saber por qué les he rogado que esperasen en la calle. Es bien simple: ya no soy socio de Les Tuiles Bleues, por lo tanto formalmente ya no se me permite la entrada, aunque sé muy bien que algunos de ustedes siguen siendo socios y por lo tanto podrían perfectamente invitarme, cosa que celebraré que hagan en el futuro si así les place. Pero hoy el anfitrión soy yo, y quiero simbolizar mi cambio de club con un pequeño pasacalle desde aquí hasta Les Chasseurs en el que iremos parando en todas las tabernas y fondas que encontremos por el camino, hasta llegar a nuestro destino. A mi cuenta, por supuesto. Y ahora, amigos míos, no dejemos que el frío nos agarrote las piernas. ¡En marcha!

Y así fue: la alegre comitiva fue recorriendo las calles hasta llegar a Les Chasseurs, donde ya esperaban Georgette d'Avignon, Claire Lagaine y Marianne Bientôt.

-Como la temperatura es más bien fresca, he preferido ahorrar a las damas el paseo a pie, y me he encargado de que un carruaje las recogiese en sus casas y las trajese directamente aquí. De ahí mi ligero retraso. Y ahora, si son tan amables, ¡ acepten estos modestos recuerdos -y aquí comenzó a repartir sendos juegos de pluma y tintero a ellos, y unos preciosos pendientes a ellas, tras lo cual pasaron al salón donde se sirvió la cena: codornices, capones asados, postres y dulces variados, todo ello regado con exquisito vino de Bourdeaux. Durante la cena, un ilusionista entretuvo a los comensales mientras los músicos no paraban de tocar.

* * *

Ajeno a todo ello, en la fonda "Le sanglier décapite et cuisiné", situada río arriba, fuera de la ciudad, Julius Kern se deleitaba con un gran banquete regado con buen vino alsaciano cuando vio a uno de los Reales Secretarios asomar la cabeza por allí, siempre en busca de noticias. En el acto le invitó a tomar asiento, compartir una jarra de vino y comer, si es que no lo había hecho ya. Agradecido por la invitación, el Real Secretario no dudó en aprovechar la ocasión para probar el plato estrella. Siempre había oido que el jabalí untado con caramelo y hojas de menta que preparan en esa fonda es de los mejores de la región. Julius Kern, al ver que no asistia nadie más a la reunión por él convocada, se dedicó a dar conversación al Real Secretario, lanzar pullas subidas de tono a las mozas del local, comer y beber. Y no siempre en ese orden...

Al despedirse el Secretario, relamiéndose todavía por la suculenta comida y lamentando el fracaso de la fiesta, Julius Kern seguía comiendo. A modo de saludo final, hizo un alto en el banquete y, botella en alto, le dedicó un pequeño poema:

Solo en Paris,
con vino alsaciano
me emborracho.

En ese momento se derrumbó encima de la mesa, y nuestro Real Secretario aprovechó el momento para salir discretamente del lugar y emprender el regreso al centro de la ciudad.

* * *

Y llegó el día del enlace matrimonial de Le Baron d'Arzac con Charlotte Mousse.

Antes de la boda, d'Arzac se reunió con los dos hijos del difunto Pierre le Moyne d'Yberville yles dijo lo siguiente:

-Eléonor, Damien... Por vuestras venas corre la sangre noble de la familia de vuestra madre, pero también el espíritu valiente de la dinastía d'Yberville. Sé que vuestro padre murió en la frontera del Ducado de Milán antes de que tuvierais siquiera tres años, y por tanto apenas le recordáis. Pero es importante que no lo olvidéis, vuestra madre os habrá contado quién era, sus hazañas y méritos. Un líder nato, todo un coronel de Mosqueteros que durante muchos años fue el modelo a seguir por todos los recién llegados a París. Yo sé que no soy vuestro padre, ni pretendo competir con su memoria, pero desde hoy, que desposo a vuestra madre, os consideraré como mis propios hijos. Espero poder estar a la altura y no defraudaros, al tiempo que espero ganarme vuestro amor y respeto. Aquí tenéis un pequeño presente que os quiero hacer para compartir la alegría que supone para mi formar una familia con vuestra madre y vosotros.

A continuación regaló a Eléonor un precioso vestido importado de los mejores costureros italianos, junto con un costoso collar de diseño ligero y juvenil: "Este será el vestido que llevarás, si así es tu deseo, en tu presentación en sociedad cuando cumplas los 15 años, que muy pronto tenemos que empezar a organizar juntos".

Después entregó a Damien un rapier del mejor acero, sin florituras, pero ligero y apto para aprender esgrima: adecuado a la edad de Damien y marcado con el escudo de los Mosqueteros del Rey: "Espero que un día puedas seguir los pasos de tu padre y convertirte en todo un mosquetero: pero para ello todavía tenemos que practicar mucho, así que prepararemos juntos una sala de entrenamiento en nuestro nuevo hogar en la que te enseñaré los secretos de la esgrima para que un día llegues a ser Espada de Francia". Aquí se quedó un momento silencioso el antiguo Guardia del Cardenal, reparando de repente en todas las connotaciones de este gesto, tan apropiado como arriesgado, y durante un segundo pasó por su cabeza la temible visión de ese mismo rapier atravesando el pecho del viejo cardenalista en que un día se habrá convertido.

Le Baron d'Arzac había pedido expresamente a Fray Pierre Duval que organizase la boda en un lugar tranquilo, como un convento, agradable y apartado del bullicio de la ciudad, pero sobre todo sin gran ostentación ya que Francia está todavía de luto. La boda se realizó por la mañana y fue un evento sencillo pero alegre, con coro, música y una gran apología de la primavera. D'Arzac puso buen cuidado en evitar cualquier mal recuerdo a su amada sobre su pasado o su primer marido, y puso todo su empeño en que viviese el acontecimiento con felicidad y gozo.

Acudieron al acontecimiento André du Calamar, Le Baron de Lemaitre con Constance Lacroix, Jean du Mont Blanc, Jean Parrot, Ch.d'H. con Evelyne Garabedien, Lestat de Pointlac con Lili Montparnasse, y Philippe Valmont con Evelyne Caudelaire. También fray Marcel fue invitado a unírseles en la fiesta de después de la ceremonia.

Una serie de carruajes engalanados trasladaron a los invitados a la mansión, entre los que destacó el regalado por Jean du Mont Blanc a la pareja, y que obviamente trasladó a los novios, seguido por los dos excelentes caballos que Le Baron de Lemaitre les regaló. "Casualmente", André du Calamar y Mont Blanc, unicos solteros del evento acabaron en un carruaje con amigas solteras de la novia. Al llegar se ofreció un sabroso banquete con productos típicos de Bretaña traídos especialmente para la ocasión, amén de los mejores vinos.

En la sobremesa hubo juegos para niños y jóvenes, paseos por los jardines junto con un juego consistente en buscar regalos escondidos en setos, árboles y fuentes. Más tarde, cuando refrescó el tiempo, los invitados entraron de nuevo en la mansión, dónde antes de la cena se pudo a cartas, fumar en un flamante salón de fumadores para los caballeros (d'Arzac estrenó la pipa regalo de Parrot) y otras actividades lúdicas con las que pasar una entretenida tarde. La cena fue con productos típicos de la región de origen de la novia y estuvo amenizada por una orquesta que luego invitó al baile de todos los asistentes.

Cuando fray Pierre manifestó su deseo de retirarse, el anfitrión le llevó aparte y le entregó una bolsa con mil coronas: "Padre, aquí tenéis una ofrenda con la que quiero comparto la generosidad que Dios ha tenido conmigo este día. Que estas monedas sirvan para ofrecer cenas calientes a los pobres de la Cofradía durante la primavera".

Cuarta semana

Y el mes finalizó sin mucho jolgorio, dado que las circunstancias no son propicias a ello. El único acontecimiento destacado fue la fiesta que organizó Guillaume de Foix en L'Epée D'Or con un reducido grupo de amigos: Jacques Cousteau, Joss Len Beaumont (quien trajo una caja de vino de Borgoña) y Le Baron de Chardin, acompañados de sus respectivas damas. Pero, aunque L'Epée D'Or dispone de salones privados para sus clientes, es inevitable entrar y salir por la puerta y el vestíbulo principal. Y quiso el destino que Le Baron d'Arzac decidiese obsequiar a sus padres con una cena de despedida antes de que partiesen de regreso hacia la Bretaña. Así, cuando Jacques Cousteau quiso salir al patio trasero para aliviar la vejiga, se dio de narices con el Ministro del Bienestar. Al poco rato volvió al salón y le comentó a Chardin:

-Si salís tened cuidado, mon ami. Hay ratas por los pasillos.

Chardin vio el hombro ensangrentado de su amigo y repuso:

-¿Ratas? Vaya, tendré que encargarme personalmente. Si me disculpáis...

Y volvió al poco rato, con un tajo en el brazo:

-Cierto, monsieur: hay ratas. ¡Y a fe que son realmente gordas!



NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

  • Este mes no ha habido nombramientos.

ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

  • Pierre Chardin anuncia que se presentaráa Ministro de Ciencias.
  • André du Calamar anuncia que se presentará a Ministro de Ciencias.
  • Jean Parrot anuncia que se presentará a Ministro de Ciencias.
------------ Inicio de la estacion de VERANO ------------

CARGOS PARA EL MES DE JUNIO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Ciencias Brigadier o Baron 10 Min.Estado
Tte. Coronel Capellán Obispo 11 Coronel




CARGOS PARA EL MES DE JULIO
Durante este mes se renuevan los cargos religiosos (consultar reglas).


NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Bueno, he tenido un par de meteduras de pata serias este turno. Una de ellas, en la fiesta de Joss Len Beaumont la tercera semana: era en Chasseurs y la puse en Tuiles Bleues. El error afectó solamente a dos asistentes: Jacques Argiliere y Philippe Bigot, que perdieron un punto de status cada uno, y por supuesto al anfitrión. Ya está corregido, y la crónica refleja la "explicación" al cambio de club. La otra es más complicada: no contabilicé los puntos de status por la boda de Le Baron d'Arzac. También he recalculado las fichas de los asistentes, pero por favor echadles otro vistazo por si acaso.

¡Gracias a Joan por la crónica de la despedida de soltero, y a J.M. por sacar partido de su solitaria semana en una taberna! (que me he permitido convertir en una fonda en las afueras para darle más coherencia). Y gracias también a Jon por la crónica de la boda.

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes 2 de julio de 2010, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

PrincipalVolver a la página principal.


®"En Garde!" es una marca registrada de Margam Evans Limited