Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE DICIEMBRE DE 1642

Mil vidas desearía haber vivido para dedicarlas todas a la Iglesia
Armand-Jean du Plessis, Cardinal-Duc de Richelieu

GACETA MILITAR

Afueras de París

Amanecer. Los Cadetes de Gascuña, en formación cerrada, atraviesan las puertas de la Cité por el oeste. A un lado del camino, André du Calamar saluda a sus tropas. En su mano izquierda, enrollado y parcialmente estrujado, un pequeño papel con el sello del Regimiento. Un permiso para permanecer una semana más en París y difundir una noticia que puede perjudicar a más de una persona. ¿Rencor? ¿Despecho? ¿Escrúpulos morales? Probablemente ni siquiera Du Calamar conoce sus propios motivos.
Pero finalmente, al ver pasar frente a él a la compañía del capitán Montmorency en su marcha hacia la Bretaña, el Teniente Coronel Du Calamar entiende que, ante todo, es un Cadete, y los Cadetes no se abandonan por nada del mundo. Pide su caballo mientras rompe el papel en mil pedacitos que caen al suelo y se mezclan con el barro salpicado de nieve.
Si salvamos Francia, piensa el Cadete, habrá más ocasiones para ajustar cuentas.

Bretaña

Pocos días después, en Bretaña reina una calma tensa. El 13º y los Marines Reales han impuesto la ley marcial en las ciudades y aldeas más importantes, y Olivier d'Arzac ha anunciado que no la levantará hasta la absoluta desmovilización de los rebeldes. Cualquier traidor o saboteador que detengan será puesto a disposición de la Guardia del Cardenal.

Mientras tanto, la Guardia Real y los Cadetes de la Gascuña se dedican a las operaciones en campo abierto, especialmente enfrentándose a las mesnadas de los nobles locales. Ambos regimientos tienen ordenes estrictas de no entrar en contacto con la población y replegarse a sus campamentos cuando no estén en combate. La logística y el control de las posiciones en el frente también corren a cargo del 13º y los Marines Reales.

La Guardia del Cardenal, como hemos dicho, lleva a cabo las labores de custodia e interrogatorio de prisioneros, con especial hincapié en ver si este alzamiento tiene alguna relación con el que ya se produjo en la región en 1637. Al parecer existe la idea de que la nobleza local se apoya en los hugonotes y en la princesa Louise de Bretagne.

En cuanto al 69º, ha quedado replegado en Rennes, listo para actuar de apoyo para cualquier tarea en que otro grupo le necesite.

Pero Olivier d'Arzac no coordina todo esto él solo: un atareado Sevère de Montmorency se dedica incesantemente a recibir informes y transmitir órdenes de parte del Gobernador Militar, atareado y ocupado de sol a sol. Uno de estos informes le deja helado: entre las bajas en combate, la de un viejo conocido con el que había coincidido en París, Cyprien Papillon, que habría podido quedarse en París como ayudante de Valmont pero pidió expresamente acudir a la campaña con la Guardia Real. En un choque con un grupo de rebeldes, fue alcanzado por un disparo de mosquete.


R.I.P.
Rogad a Dios por el alma de
CYPRIEN PAPILLON

[Cruz para la tumba]
Mayor de la Guardia Real

Su familia y amigos agradecerán
UNA ORACIÓN


ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

Ya hace unos meses que la salud de Su Eminencia el Cardenal Richelieu ha alcanzado un estado alarmante, pero el consejero de Su Majestad, reacio a abandonar sus obligaciones, ha continuado trabajando hasta el límite de sus posibilidades. A pesar de la debilidad que le provocaban las úlceras, continuaba una rutina diaria de trabajo: trabajaba y dictaba entre las siete y las ocho de la mañana, le trataban los médicos entre las ocho y las nueve, recibía audiencias entre las nueve y las diez, trabajaba de diez a once, oía misa, comía y hablaba con Su Eminencia el Cardenal Mazarin y otros allegados hasta las dos de la tarde, hora a la que reanudaba el trabajo hasta las cuatro, después de lo cual volvía a recibir en audiencia. Pese a su estado, daba incluso instrucciones detalladísimas sobre la actividad militar tanto en las cercanías de Perpignan como en el norte. Llegó incluso a viajar Ródano arriba hasta Valence, rodeado de una gran pompa, pero siempre yacente y transportado en su propio lecho.
Hace unas semanas regresó al Palais-Cardinal y allí, en el reposo y sosiego de su lugar más amado, en compañía de sus catorce gatos (Ludoviska, Rubis sur l'Ongle, Serpolet, Pyrame, Thisbe, Racan, Perruque, Mounard le Fougueux, Soumise, Gazette, Ludovic le Cruel, Mimi-Paillon, Felimare y Lucifer), presentó alguna mejoría, pero no duró ésta mucho: el veintiocho de noviembre fue atacado por una pleuritis, y su agonía comenzó con una fuerte subida de fiebre. El primer día de diciembre, Philippe Valmont tuvo ocasión de visitar a Su Eminencia en calidad de Ministro de Exteriores para consultarle sobre los términos de una posible paz con España, y se asombró de la increíble energía de Su Eminencia que, claramente incapaz de valerse y asfixiado por su dolencia pulmonar y por la fiebre, aún pudo atenderle y recomendarle que se diese mando de unidades operativas a los mariscales Turenne y Enghien.
Al día siguiente fue Su Majestad quien visitó personalmente al enfermo, recibiendo sus últimos consejos y sirviéndole personalmente las yemas de huevo que a la sazón constituían su único alimento. El monarca prometió a Su Eminencia que nombraría a Jules Mazarin como su sucesor, siguiendo su sugerencia. Las lágrimas resbalaban por el rostro de Luis XIII de Francia cuando regresaba al Louvre después de la visita.
Richelieu en su lecho de muerte El día tres, Richelieu preguntó a los médicos cuál era su estado, se confesó con el obispo de Chartres, oyó misa y recibió la comunión a la medianoche del día cuatro, pidió los últimos sacramentos al cura párroco de Saint-Eustache, la parroquia en que había nacido y cuyo anciano párroco era todavía el mismo que le bautizó; al exhortarle éste a que perdonase a sus enemigos, el moribundo respondió:
-Jamás he tenido otros que los del Estado.
Acabadas la confesión y la extremaunción, Su Eminencia reunió sus postreras fuerzas, y pronunció sus últimas palabras:
-Señor mío, juez que muy pronto me juzgaréis: os ruego de todo corazón que me condenéis si alguna vez he tenido otra intención que la de conseguir el bien de la Religión y el del Estado.
Su Majestad y el hermano de éste, monsieur Gaston, llegaron justo a tiempo de escuchar estas palabras. Su Eminencia mandó entonces salir a su sobrina de la habitación para ahorrarle el dolor de ser testigo de su final, y aún tuvo fuerzas para manifestar entre estertores:
-Mil vidas desearía haber vivido para dedicarlas todas a la Iglesia.
Tras lo cual Su Eminencia Armand-Jean du Plessis, Cardinal-Duc de Richelieu, entregó su alma al Altísimo.


Los guardias de la Bastille miraban con recelo el nutrido grupito de caballeros que, congregados frente a la puerta principal, pateaban el suelo nevado para entrar en calor.
-Bueno, messieurs -Joss Len Beaumont rompió el hielo, en el sentido propio y en el figurado, con una atinada observación-. Al menos cuando el Gobernador Militar nos encierre estaremos más calentitos.
-Me pregunto para qué nos habrá citado -repuso Mercks Merchant-. Eso de "responder a una serie de preguntas" es tan ambiguo como inquietante.
En aquel momento apareció un oficial de la guardia.
-Messieurs, Su Excelencia les recibirá en unos momentos. Sean tan amables de pasar a la antesala, en la segunda planta.
-Vaya -dijo André du Calamar en un murmullo-. "Sean tan amables". Normalmente no tratan así a los detenidos.
-Sí, y la siguiente será "tengan la amabilidad de pasar a ocupar sus calabozos en el sótano" -ironizó Jacques Cousteau, también en voz queda-.
Unos momentos más tarde y un piso más arriba, los caballeros lanzaron un suspiro de satisfacción. Se encontraban en una sala presidida por una enorme chimenea y unas mullidas banquetas. Ignorando los asientos, todos se acercaron a entrar en calor.
Al poco, una puerta del fondo se abrió, y apareció un secretario:
-Monsieur Parrot, Su Excelencia le recibirá ahora.
Con un leve gruñido de asentimiento, Parrot se apartó del fuego y se dirigió a la puerta, mientras el resto de caballeros hacían comentarios en voz queda, especulando sobre la finalidad del interrogatorio.
Pasaron los minutos y la puerta se abrió de nuevo, pero en lugar de aparecer Parrot volvió a dibujarse en el umbral la enjuta figura del secretario.
-Monsieur Chardin, si'l vous plait...
Chardin, que acababa de sentarse, se levantó y también desapareció por la puerta.
Y así, uno a uno y sin que volviesen a aparecer, fueron llamados Guillaume de Foix, Renaud d'Anterroches, Jean du Mont Blanc... hasta que sólo quedó en la antesala Emile Goulet.
Cuando finalmente fue llamado, Goulet entró en un lujoso despacho caldeado por una chimenea todavía mayor. En el extremo opuesto a la puerta, un escritorio y, sentado a él, Su Excelencia Pierre Valmont, le Comte d'Ille, Gobernador Militar de l'Ille de France. Goulet tuvo tiempo de examinar brevemente los lujosos cuadros y tapices mientras el secretario desaparecía discretamente tras una puerta lateral.
-Pasad, pasad, por favor, no os quedéis ahí en la entrada o tendré que gritar demasiado para hablaros. Sentaos, poneos cómodo. Supongo que os preguntaréis qué me ha hecho llamaros, ¿verdad?
-En efecto, Excelencia -fue la breve respuesta de Goulet, dispuesto a no soltar ni una palabra de más-.
-Bueno, permitidme en tal caso que os ponga en antecedentes... ya hace bastante tiempo que estoy recibiendo quejas de mis, ejem, inquilinos, sobre la calidad del vino que se les sirve. Como es mi deseo que el servicio a los súbditos de Su Majestad sea impecable, he decidido hacer una pequeña encuesta entre los más bebedores de entre los caballeros que conozco. Dada la gran cantidad de excelentes vinos que hay en Francia, pedir simplemente a cada uno que sugiera uno no nos llevaría a ninguna parte ya que no habría dos de ustedes con la misma preferencia. Por lo tanto, con la ayuda del sommelier de l'Epée d'Or he preparado una pequeña selección para que la caten a ciegas y decidan cuál prefieren -aquí Su Excelencia se volvió hacia una mesita lateral más baja, que había quedado oculta por el escritorio, y sacó cuatro copas, tres botellas cubiertas con paños, y una pequeña jarra de agua-. Si me hacéis la bondad de catarlos y decirme cuál preferís...
Evidentemente, Goulet no salía de su asombro. Al ver las botellas su primera reacción fue preguntarse en cuál estaría el veneno, para a continuación meditarlo con más calma y pasar a preguntarse cuál contendría el veneno, cuál el somnífero y cuál el purgante.
-Vamos, monsieur Goulet. ¡A buen seguro que es la primera vez que vaciláis delante de una botella de vino! ¿O es que queréis ser como el asno de Buridán, que murió de hambre y sed porque le pusieron delante un cubo de agua y otro de avena y no supo por cuál empezar?
Viendo que no tenía otra salida, Goulet echó mano de la primera botella, se sirvió una copa, y bebió, atento al más leve matiz extraño que pudiese encontrar. Nada. Un vino excelente. Sin trampa. Tomó la copa más grande y la llenó de agua. Totalmente transparente y sin olores extraños. Se enjuagó la boca y tomó la segunda botella.
Otra copa, y adentro "total, ya estoy en la boca del lobo desde hace rato", pensó. Un vino más afrutado, de tonos rubí y toques de fruta silvestre. Delicioso.
De nuevo agua, y la tercera botella; nueva copa, y esta vez encontró un vino recio, de un levísimo color cuero y regustos de madera de roble. Sin duda excelente, pero un poco contundente para su gusto; sin embargo, no le haría ascos para acompañar un buen asado. De repente, la voz de Valmont le recordó dónde estaba y qué hacía allí.
-¿Y bien, monsieur Goulet?
-Hum... er... creo que prefiero el segundo, Excelencia -acertó a responder-.
-¿El segundo, decís? Bien, bien, bien... para vuestra información, habéis elegido un Côte du Rhône de la orilla derecha, los vinos preferidos por el Papado cuando tenía su sede en Avignon... sin duda tenéis muy buen gusto, monsieur. Bien, muchas gracias por vuestra colaboración. Muchas veces los que ostentamos cargos de responsabilidad tenemos necesidad de pedir ayuda a expertos que complementen nuestras carencias, y debo confesaros que no soy un gran entendido en vinos.
Goulet sólo acertó a asentir con la cabeza.
-No quiero entreteneros más, monsieur Goulet. Os agradezco de nuevo vuestra ayuda -aquí hizo sonar el Gobernador Militar una campanilla, y el secretario apareció-. Por favor, acompañad a monsieur Goulet a la puerta...
Cuando Emile Goulet salió de la Bastille por una discreta puerta lateral, el resto de caballeros le estaban esperando.
-¿Y bien? ¿También os ha pedido que elijáis un vino?
-Pues... sí. Y sigo sin entender por qué. Veo que a todos nos ha llamado por lo mismo. ¿Ninguna pregunta extraña? ¿Nada sospechoso ni con doble sentido?
-Nada en absoluto -respondió Jean Parrot, Ch.d'H.-. Para mí que se trata de una broma navideña de Su Excelencia.
-La verdad es que, por más vueltas que le doy, no se me ocurre otra explicación -terció Renaud d'Anterroches.
-No sean ingenuos, messieurs -interrumpió Sevère de Montmorency-. El Gobernador Militar nos ha lanzado un mensaje muy claro: si nos pide nuestra opinión sobre los vinos que deben servirse en la Bastilla, es para darnos a entender que en cualquier momento podríamos tener que catarlos por largo tiempo.
Un silencio general acogió el siniestro comentario, y los caballeros se separaron sin apenas saludarse.

Segunda semana

A primera hora de la mañana, mientras el sol comenzaba a salir, una calesa nupcial descubierta recorría las calles nevadas de Paris escoltada por unos hombres de la Guardia a caballo.
La novia, Lili de Montparanasse, va en ella, acompañada de una dama de honor de excepción: la Comtesse d'Ille, a la que le comentó en un momento sonriente y dichosa:
-Hacía tiempo que no había bodas en París, y éstas se suceden este invierno. ¿No os parece que el blanco de la nieve hace mucho más bonitas y románticas las bodas?
-Lo que hace bonitas las bodas es casarse con un marido joven, guapo y bien situado mi buena amiga -fue la respuesta.
Mientras llegaba la dama, frente a la iglesia formaba una discreta escolta de Mosqueteros de la Picardia y el novio, Lestat du Pointlac, vestido con el uniforme de Brigadier General, se movia nervioso subiendo y bajando las escaleras, mientras Fray Marcel tosía para pedirle tranquilidad y Phillipe de Valmont comentaba con Joseph Lemaitre entre risas:
-Decime mi buen amigo, por favor, decidme que yo no estaba en ese estado el pasado mes.
-¡Ay! Mi buen amigo, es normal que esté nervioso, esa mania que os ha dado de dejaros atrapar por las mujeres... Una plaga nos recorre Phillipe, un plaga, y yo debería dejar de venir a estas bodas si no quiero que me atrape...
Por fin la novia se vió a lo lejos y el novio entró en la iglesia. La novia llegó entre los saludos de la tropa y de algunos curiosos que se habían acercado a ver la boda, y descendió de la calesa mientras unas niñas le lanzaban pétalos de rosas rojas, que quedaban como manchas carmesí sobre la nieve. Lili de Montparnasse, ataviada con un deslumbrante vestido blanco, entró del brazo de su padre, seguida por su dama de honor, y recorrió el pasillo central hasta el pie del altar, donde el novio la esperaba. Fray Marcel dio un sermón que hizo saltar las lágrimas de algunas damas, y el matrimonio se celebró.
Acabada la ceremonia, los novios montaron en la calesa junto a los padres de la novia y el novio y en otra montaron los Comtes d'Ille y Jospeh Lemaitre con su dama, además de Fray Marcel que fue invitado a la recepción.
La nueva casa de Lestat de Pointlac Se celebró la fiesta en la nueva casa de los novios, una gran y bella casa en la Place Royale donde los novios recibieron en la entrada principal a los invitados, que eran pocos pero selectos. La casa se había decorado con los escudos de la familia Pointlac y de la familia Montparnesse; los invitados eran escoltados por los criados al bajar de la calesa y les conducían ante de los novios. Entraron primero los Comtes d'Ille, a los que el novio les dijo:
-Phillipe, os agradezco vuestra presencia y la ayuda que siempre me habéis prestado desde mi llegada a París. Es para mí un honor que compartáis este día conmigo y mostraros mi casa. Aceptad este obsequio como muestra de amistad.
Dicho esto le tendió un estuche que contenía un bello abrecartas con el escudo de su casa.
-Para la correspondencia del ministerio, Excelencia -le dijo Lestat con una sonrisa complice-. -Ya sabéis que ha sido un placer, mon ami -respondió le Comte, mientras le entregaba un estuche de considerable tamaño. El estuche contenía un lujoso rapier de empuñadura enjoyada, y una daga de defensa para damas, enjoyada a juego con el rapier.
-En cuanto a vos, mi señora, -añadió volviéndose a la Commtesse -no puedo ofreceros más que mi amistad y esta espada para vuestro hijo mayor; yo la recibí de mi mentor cuando era joven y he aprendido a usarla bien, me ha permitido llegar hasta donde estoy. Si gustáis, me gustaría poderle enseñar algun día a vuestro hijo a usarla cuando tenga la edad.
Le tendió la espada al hijo que había venido con la pareja y permanecía en segundo plano. El niño no cabía en sí de gozo al ver que le regalaban una espada de verdad, y la examinaba fascinado mientras seguía a sus padres entrando en el salón principal guiados por un criado.
Mientras, le llegaba el turno de la recepción a Joseph Lemaitre y su dama Constance Lacroix.
-Monsieur, hemos tenido diferencias en el pasado, diferencias que nos llevaron, incluso, a batirnos en duelo. Habéis mostrado ser un caballero enterrándolas, lo mismo he hecho yo siguiendo vuestro sabio ejemplo, y me alegro de ello. No os doy a vos ningún tipo de regalo, más que mi muestra de amistad sincera; las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para vos, monsieur.
Dicho esto le tendió la mano, que Lemaitre estrecho y se fundieron en un posterior abrazo.
-En cuanto a vos, mi señora, -añadio después para Constance- vuestra belleza es sabida por todos, pero seguro que este collar ayudará a realzarla.
Le tendió entonces un estuche con un collar de perlas preciosas, con esmeraldas y un diamante en el centro.
Llegó entonces Fray Marcel a presencia de los novios.
-Fray Marcel, sois un servidor de la Iglesia, no os regalo a vos nada material; en cambio, he habilitado un comedor en una sala del servicio para que coman algunos pobres de la Cofradía y celebren también nuestro enlace. Asimismo, tendréis siempre mis cocinas abiertas para llevaros la comida que necesitéis.
Acabadas las recepciones pasaron a la sala principal, donde estaba dispuesto el banquete. Consistian los platos en carnes especiadas, pescados frescos, y viandas dulces de postres.
No faltaban vinos, tanto blancos como tintos, de toda Francia, especialmente ese vino amargo de Champagne que tanto le gustaba al anfitrión. Una vez acabado el banquete comenzó un baile animado por una pequeña orquesta donde se tocaron todo tipo de canciones y cuando la noche empezó, una espectaculo de fuegos artificiales puso fin a la celebración.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en Bretaña, dos mensajeros llevaban sendos obsequios y cartas. La primera para Olivier D'Arzac, al que le llegó un estuche con una pistola de guerra y la siguiente nota:

Monsieur d'Arzac:
Lamento mucho que no hayáis podido venir a mi boda, pero el deber es lo primero; aceptad este presente como muestra de la amistad que nos une y usadlo sólo para la guerra cuando sea menester.

Lestat du Pointlac

El otro mensajero transportaba un saquito de tabaco traído del Caribe:

Monsieur Parrot:
Espero podáis disfrutar este tabaco en algún descanso de la guerra. La celebración no será igual sin vos, pero espero podamos brindar a vuestra vuelta y ayudaros en la Cofradía

Lestat du Pointlac

Tercera semana

Muy poco que comentar la tercera semana: entre los que se recuperan de una boda y los que se preparan para otra, apenas ha habido actividad. Un detalle interesante sin embargo: la Asociación de Damas de Buena Voluntad ha empezado a reunirse después de un largo periodo de inactividad. A instancias de la Comtesse d'Ille, que desde su noviazgo y matrimonio parece haber recuperado las ganas de vivir, las damas volvieron a reunirse para preparar el relanzamiento de su noble asociación.

Cuarta semana

Y siguen las bodas en París este invierno. Esta vez le ha tocado el turno a Renaud d'Anterroches, que se casó nada menos que en Notre Dame. Asistieron Emile Goulet, que fue, con diferencia, el que más bebió de todos los asistentes, Joss Len Beaumont, vistiendo el traje de gala de su Regimiento y rango, acompañado de Marianne Bientot luciendo un bello conjunto de anillo, gargantilla y pendientes y una rosa roja, Mercks Merchant, que llamó la atención por su extrema elegancia en el vestir, y Jacques Cousteau. Durante la recepción posterior a la ceremonia, Joss Len Beaumont dio el golpe regalando al flamante esposo una pareja de cachorros de gran danés, y a la esposa un collar de fina orfebrería y una hermosa capa de marta para el invierno. Se brindó por la feliz pareja y también por Su Majestad, y la celebración se prolongó hasta la madrugada, aunque hubo también un momento solemne al ofrecerse un brindis en memoria de Su Eminencia el Cardenal Richelieu.

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

  • Joseph Lemaitre ha sido nombrado Ministro de Humanidades.
  • fray Marcel ha renovado su cargo de rector de la parroquia de la Madeleine.

ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

  • Joseph Lemaitre anuncia que se presentará a Ministro de Estado (C01).
  • Joseph Lemaitre anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra (C02).
  • Olivier d'Arzac anuncia que se presentará a Ministro de Estado (C01).
  • Olivier d'Arzac anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra (C02).
  • Pierre Chardin, Ch. d'H. anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra (C02).
  • Philippe Valmont anuncia que se presentará a Ministro de Estado (C01).
  • Philippe Valmont anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra (C02).

CARGOS PARA EL MES DE ENERO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Estado General o Comte12 Rey
Ministro de la Guerra Tte.Gral. o Viscomte12 Rey
Rector Cura6Vicario

CARGOS PARA EL MES DE FEBRERO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Justicia Brigadier o Baron 8 Min.Estado
Canciller de Finanzas Brigadier o Baron 10 Min.Estado
Comis.Seguridad Publ. Coronel o Chevalier 6 Min.Estado
Maréchal de FranceGeneral o superior 12 Rey
Inspector Gral.Infant. Tte.General o superior 10 Min.Guerra
Inspec.Gral.Caballeria Tte.General o superior 12 Min.Guerra


NOTAS DE LOS ÁRBITROS

La Historia sigue su curso, y el día 4 de diciembre de 1642 murió el cardenal Richelieu. ¿Cómo nos afectará esto a nivel de juego? Bueno... ya lo veremos, porque la cosa no acaba aquí. ¡El año se presenta movidito!
Por cierto, hablando de año: que paséis un 2010 lo mejor posible, y que ese "mejor posible" dé para mucho.

Agradecimientos este mes a Eduardo por el relato de la boda de su personaje Lestat du Pointlac en la segunda semana, y a Joan por el fragmento sobre la partida de los Cadetes... del que, sintiéndolo mucho, tuve que recortar una parte para no revelar información privilegiada. Para el relato de la muerte de Richelieu me he basado en la excelente biografía de Anthony Levi "Cardinal Richelieu and the Making of France", publicada en español por la Editorial Ariel el año 2002.

Otra cosa: Este otoño ha sido inusualmente cálido, y eso significa que los calçots han crecido mucho más rápido de lo normal y ya están casi listos para comerlos.
Tradicionalmente, como muchos ya sabéis, celebramos el aniversario de la partida en marzo comiendo calçots cultivados personalmente por el Real Secretario, pero este año se nos ha echado el tiempo encima por culpa, como os digo, de la climatología. No hace ni una semana que Víctor y yo estábamos hablando de ir poniendo ya la fecha para marzo, y de repente resulta que los calçots ya casi están.
Por lo tanto, propongo adelantar un poco la celebración y convocar la CALÇOTADA EN GARDE! para el próximo SÁBADO, 20 DE FEBRERO Se admiten comentarios sobre la fecha, por supuesto.

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes 29 de enero de 2010, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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