Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE JUNIO DE 1642

GACETA MILITAR

Raamsdonksveer, norte del Brabante, cerca de Breda

Madrugada. Llovía, con esa lluvia holandesa de gotas finas pero densa, que acaba empapando todo a fuerza de persistencia. Empezaba a clarear y un selecto grupo de hombres de la Brigada de Guardias, entre los que se encontraban Jean du Mont Blanc y Cyprien Papillon, se habían adelantado al grueso de la unidad y estaban apostados en territorio enemigo aguardando la caravana de aprovisionamiento de los españoles. Aún quedaba tiempo para la hora prevista, así que, sin bajar la guardia, el grupito se permitía hablar brevemente y en cuchicheos. Uno de ellos señaló a dos bultos, muy juntos, que se distinguían entre la hierba, un poco más adelante. Eran Joseph Le Maitre y Jean Parrot.

 -No deja de resultar extraño ver al Jefe y al Mayor de Brigada ensuciándose en el barro como soldados rasos.
 -Sí, tengo entendido que siempre toman parte en las acciones. Creo que el Brigadier estuvo en los Cazadores de la Montaña y el otro era Mayor en los Cadetes de la Gascuña antes de pedir el ingreso en la Guardia Real... No son nuevos en esto.

Súbitamente, una orden seca hizo callar a los dos soldados. Un pequeño grupo de infantería escoltando una caravana y dos cañones de 18 hicieron su aparición en el recodo del camino. El paso lento y tortuoso de los bueyes y los caballos de tiro hacían interminable la espera.

De repente, Le Maitre dio la orden de fuego.
 -¡Ahora!
Desde las rocas que dominaban el camino surgieron nubes de humo blanco y retumbó el estruendo de los mosquetes. Fueron abatiendo, de forma sistemática, a los soldados y a los artilleros, sin darles siquiera tiempo a despachar a sus propios bueyes y caballos para inmovilizar los carros y cañones.
Una hora más tarde, cuando el general Duranty llegó con el grueso del ejército, se encontró con quince muertos y treinta y siete prisioneros, entre ellos un capitán, cuatro carros de suministros y dos cañones capturados. Y lo más importante para Lemaitre y Parrot, ni un sólo hombre de la Brigada de Guardias estaba herido.
Habían comenzado bien.

Hank, norte del Brabante, cerca de Breda

Amanecer, o tal vez mediodía. Bajo un cielo preñado de nubes oscuras a punto de descargar, Joss Len Beaumont arengaba a sus tropas, recién llegadas a la campaña y a punto de entrar en combate, que le escuchaban con un solo oído ya que el otro estaba puesto en los truenos que se iban oyendo cada vez más cerca:

-¡Somos Marines Reales, por Dios, Francia y el Rey! ¡Hagamos que se sientan orgullosos de nosotros! ¡Hagamos que nuestro Regimiento sea temido por nuestros enemigos con sólo oír su nombre! ¡Honor y gloria a los Marines Reales!

Pero parece que Joss Len Beaumont se ha aficionado a las arengas, porque La ultima semana les dedicó otro entusiasta discurso, éste para felicitarlos merecidamente por su arrojo en combate durante todo el mes. Esta vez, con un sol radiante, y con una ración extra de vino repartida a toda la tropa:
-¡Amigos, habeis demostrado más de lo que se os pedía! ¡Sois el ejemplo a seguir por cualquier otro regimiento! ¡En la memoria quedan los amigos caídos en combate! ¡Por su memoria, este brindis! ¡Honor y gloria a los Marines Reales!
-¡HONOR Y GLORIA! -fue la atronadora respuesta.



ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

Este cronista podría despachar el párrafo diciendo que este mes no ha habido primera semana, y nadie podría acusarle de faltar a la verdad. En unas calles desiertas y abrasadas por el sol veraniego, solamente la figura de Jacques Cousteau, proyectando una sombra vertical en las esquinas, fue vista dirigiéndose a La Garde Montante. También se vio fugazmente a Renaud d'Anterroches llevar a Mussette d'Envion al teatro en un carruaje cubierto.

Segunda semana

"Asciende, asciende lo más que puedas", me decía mi padre. ¿Y de qué me vale? Si, tengo un bello uniforme de Brigadier, el Rey conoce de oídas mi nombre y he podido ser Ministro. Sí, todo son ventajas, ¿no? ¡Pues no! Tengo que pasar todo el verano en París, muriéndome de calor y sin poder matar españoles, sin poder guerrear por el Rey, sin poder oír el acero militar, sin oler la pólvora, sin experimentar la incertidumbre de la batalla, sin mirar el rostro de la muerte.
No, la guerra puede matarte o no, pero no pelear te mata seguro... Y aunque sea de aburrimiento, yo estoy muerto.

Y dicho esto, ante la impasible mirada del camarero de l'Epée d'Or, Lestat de Pointlac se bebió otra botella de vino de un solo trago, agobiado por el calor y el desasosiego.

Pero no caigamos en la desesperación: hay otros parisinos que no han tenido la oportunidad de servir a Francia este verano, y afortunadamente se lo toman con mucha más filosofía. Como Jacques Cousteau, que acudió al teatro varias veces en una semana, y Philippe Valmont, que llevó a Evelyne a un discreto palco. En resumen, que la Cité está apagada, pero no muerta como Lestat de Pointlac pretende.


Tercera semana

No sabemos exactamente qué, pero algo ha ocurrido en la familia Montparnasse. Todo comenzó cuando un mensajero del Ministerio de Justicia llevó una citación a la mansión de dicha familia. Al poco, un carruaje salía del zaguán a toda velocidad con las cortinillas echadas. Llegado al palacete donde se encuentra la sede del Ministerio, pudimos ver a Lili descendiendo y, casi apartando al postillón que le ofrecía ayuda para bajar, se precipitó al interior del edificio. Allí, un guardia la escoltó hasta el despacho de un alto funcionario.

Éste, hojeando un grueso legajo, gruñía y negaba varias veces con la cabeza. Al fin, levantó la vista.
-Mademoiselle, esto no está bien, nada bien. Vuestra familia, aunque rica, no es noble, y por lo tanto tiene el deber para con Su Majestad de pagar impuestos sobre sus bienes. Su Excelencia el Ministro ordenó personalmente una auditoría, y se han detectado ciertas... ejem... carencias en vuestras cartas de pago.

-Pero... pero... -la pobre dama apenas acertó a balbucir-, ¿cómo puede ser? No es cierto, tiene que haber algún error. Además, ¿por qué me han citado a mí y no a mi padre?

Lili Montparnasse
-Eso lo ignoro, mademoiselle. Como os he dicho, el asunto lo está llevando personalmente Su Excelencia el Ministro. Al parecer el asunto es grave: si se tratase de una nimiedad no habría intervenido él personalmente.
Al oír esto, la infeliz echó a llorar con fuerza, pero su llanto no era de miedo ni desesperación, sino de rabia e impotencia. Había comprendido.
En aquel momento se abrió y cerró una puerta, y Lestat de Pointlac, Ministro de Justicia, hizo su aparición. Con un gesto de la mano despidió al funcionario, quien dejó el legajo sobre la mesa y desapareció discretamente. La voz del ministro quiso sonar dulce, pero no pudo ocultar el punto de firmeza y satisfacción de quien tiene la partida ganada:

-No temáis, mademoiselle: todavía tiene arreglo. El daño está hecho, pero no hay nada que el amor no repare.

Dicho esto se acercó a un caballete de un rincón, cubierto por un paño, y destapó un cuadro en el que la dama, entre lágrimas, pudo reconocerse a sí misma. El asombro pudo más que la rabia, y poco a poco el llanto fue cesando.

-Le pedí a Philippe de Champaigne que os pintara, y no ha sido fácil conseguir el encargo: ya sabéis que es pintor de cámara de Su Majestad y de Su Eminencia. Aún así, por vos he conseguido lo imposible interrumpiendo su trabajo de un cuadro del Cardenal. ¿Quién sabe si no seré yo pronto él que vaya a parar a la Bastilla? -aquí el Ministro sonrió-. Bien, tampoco me importaría, ha sido por una buena causa. El cuadro es para vos, bella dama, no supe cuidaros como merecíais y me habéis castigado, aceptando a un patán en vuestra vida -dijo mientras volvía a la mesa y distraídamente jugaba con el fatídico legajo-. Quizás ahora queráis darme una nueva oportunidad...

Cuarta semana

Poco movimiento durante la última semana del mes, con la mayoría de caballeros en campaña. Solamente cabe destacar la visita que Olivier d'Arzac y Charlotte Mousse hicieron a L'Epée D'Or, donde coincidieron con Philippe Valmont y Evelyne Caudelaire. Evidentemente, el tema de conversación fue lo aburrido que está París por estas fechas.

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

  • le Baron d'Alembert ha sido nombrado Ministro de Ciencias.


CARGOS PARA EL MES DE JULIO

	Durante este mes se renuevan los cargos religiosos (consultar reglas).

CARGOS PARA EL MES DE AGOSTO

	Durante este mes no se renuevan cargos.

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Pues, como de costumbre, en verano se apagan las cosas, pero gracias a Eduardo, Pablo y Sergio este mes la crónica tiene algo de substancia.

Otra cosa a destacar, aunque desgraciadamente no podemos revelar los detalles, ha sido la apasionante batalla de influencias para conseguir el cargo de Ministro de Ciencias. ¡Parece que, efectivamente, las nuevas reglas de cargos dan mucho juego!

Por cierto y como nota culta pero inútil: el cuadro es realmente de Philippe de Champaigne, pero obviamente no se trata de Lili Montparnasse sino de la marquesa de Montmorency-Fosseuse (o al menos eso dice Google).

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 31 de julio de 2009, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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