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REAL CRÓNICA DE ENERO DE 1642

Desgraciados aquellos que mueren a manos de sus compatriotas...
Lestat du Pointlac

GACETA MILITAR

París - Rue Saint Antoine, cerca del Sena

El coronel Lestat de Pointlac miró desde su caballo a sus soldados que formaban en cuadro y cargaban sus mosquetes. Un poco más lejos los paisanos de París proferían gritos e insultos contra ellos y agitaban horcas, espadas y algunas armas de fuego.
-Soldados -dijo espoleando su caballo frente a ellos y señalando con su espada hacía las barricadas -, esos hombres que véis allí agitando sus armas y proferiendo sus gritos contra el Gobernador son nuestros enemigos. Hemos dejado nuestra sangre, hemos visto morir a nuestros compañeros y hemos pasado meses en campaña por ellos. Al pedirles que contribuyan con dinero, se niegan, se alzan contra el Rey y claman por la paz con los españoles. ¡Soldados! ¡Estos son los peores enemigos que tenemos! ¡Son traidores! Han traicionado a su Reino, han traicionado al Rey y han traicionado a nuestros muertos. Luchamos por ellos en campaña, ahora lucharemos contra ellos en París. ¡Cargad!
Los gritos de los soldados se escucharon mientras avanzaban a paso ligero hacía la barricada; al llegar abrieron fuego unos como otros y las calles de París se llenaron de humo y sangre.
-Desgraciados aquellos que mueren a manos de sus compatriotas... -murmuró el coronel mientras espoleaba su caballo contra ellos.

París - Cuartel de los Cadetes de la Gascuña

-Nuestro Regimiento ha sido movilizado para permanecer alerta ante cualquier conato de rebelión que no pueda ser sofocado por los Regimientos asignados a tal tarea. Si la situación se pone mal, recordad que iremos a lo peor de la revuelta. ¡Cadetes! no nos enfrentamos a españoles, ni a alemanes, ni a ingleses... sólo a franceses, airados y hambrientos, pero franceses al fin y al cabo.
¡Cadetes! Apretad, contened... pero ahogad y sofocad sólo cuando vuestra vida esté en peligro. &iexc;íNo sois carniceros! ¡Sois Cadetes de la Gascuña!
-Sí sí, mon ami -la voz de André du Calamar salió de entre los que, sentados en el suelo de la sala de esgrima, escuchaban a Parrot-, pero llevamos dos semanas encerrados aquí, sin poder salir ni a por vino. ¿Por qué el Gobernador Militar nos mantiene acuartelados sin dejarnos intervenir? Yo creo que nos tiene manía.
-No digas eso, André -respondió Parrot-. Su Excelencia debe tener sus buenos motivos; los entresijos estratégicos tienen sutilezas que escapan a los simples Mayores como tú y yo. Seguro que el Gobernador nos reserva por si las cosas se ponen realmente mal.
-Pues mientras esperamos que las cosas empeoren, Su Excelencia podría mandarnos unas barricas de vino -respondió Du Calamar zumbón.
-¡ESO, ESO! -¡TRAEDNOS VINO, MAYOR, TRAEDNOS VINO! -el griterío de la tropa se hizo ensordecedor.
-Pero, ¿cómo queréis que os traiga vino si estamos acuartelados? Se supone que si se nos requiere para el combate tenemos que estar serenos y en forma -la voz de Parrot se impuso con esfuerzo-. Venga, ¡todo el mundo en pie, buscaros pareja de esgrima, y a practicar!

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

Le Viscomte du Morcenx lanzó un suspiro, el enésimo desde su llegada a París, mientras echaba un vistazo a su alrededor. Se encontraba en un polvoriento despacho donde un hombrecillo anciano y vivaracho le trataba con una familiaridad a su juicio excesiva. "Tranquilo, Excelencia", se oyó una voz desde el fondo del hueco de una puerta. "Encontraremos vuestra patente de creación. Sin ella no podéis autenticar vuestra carta de nobleza, y sin vuestra carta de nobleza no podéis ver a Su Majestad, je je je". El vizconde fingió no oir el parloteo incesante, que continuaba desde dentro de la estancia contigua: "Alguna vez tendré que hacer limpieza y ordenar todo esto, pero siempre viene alguien a pedir éste o aquél papel, y si los cambio de sitio luego no seré capaz de encontrarlos. ¿De Morcenx, decís? ¡Ah! Vaya, ¿qué hace aquí? ¡Tendría que estar en la estantería de abajo! Bueno, menos mal que mi memoria no falla nunca. Aquí tenéis, Excelencia -salió triunfante por la puerta abierta, blandiendo un legajo como si se tratase de un matamoscas-. Dadme un par de horas para copiar y sellar, y tendréis vuestra copia certificada por el Registro. -El vizconde volvió a suspirar. Dos horas más, cuando llevaba ya casi una semana entera, no marcarían una gran diferencia, pero llevaba tanto tiempo esperando en mil negociados y deambulando por mil pasillos que cada minuto se le hacía eterno. Además conocía poco las calles de la ciudad, y más de una vez se metió por barrios que no parecían muy recomendables o tuvo que dar discretos rodeos para evitar barricadas. "En mala hora se me ocurrió venir a París", pensó consternado.

Muy diferente era el estado de ánimo de Henri Daralan. Con un par de hombres armados se dirigía a la Gare du Nord a recoger a su amada Isabel, que volvía a la ciudad después de una breve ausencia. Cuando llegó, buscó con la mirada si había Cadetes de la Gascuña en la zona, pero no vio a ninguno, así como tampoco a ningún Guardia del Cardenal. "He hecho bien en venir", pensó. "Seguro que los han movilizado o acuartelado". Viendo grupos armados no muy lejos, decidió salir al encuentro de Isabel fuera de la ciudad, para evitar que encontrase problemas antes de entrar.
Mientras, en el sobrio carruaje que se aproximaba a la Garde du Nord, Isabel d'Artois miraba discretamente por la ventanilla. Vestida de negro para no llamar la atención, viendo hogueras y columnas de humo por el camino, reflexionó: "Qué desolación... Pero a pesar de los disturbios, París es París".
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando el carruaje se detuvo bruscamente.
-Es peligroso continuar, Mademoiselle. Hay lucha en las puertas de la ciudad.
-Pero, ¡tampoco podemos quedarnos aquí! -exclamó la dama preocupada.
-Se acercan tres hombres a caballo, Mademoiselle.
-Dejadles que se acerquen, si van a caballo no son campesinos, y si se acercan de manera tan visible no son asaltantes- De todas formas, preparó la daga que siempre llevaba consigo Pero su temor se convirtió en alegría al oír una voz que habría reconocido entre millones.
-¿Isabel?
Efectivamente, Henri había salido a su encuentro en el camino. Después del consabido intercambio de abrazos y besos, el carruaje continuó, ahora escoltado por tres jinetes, en dirección a la Cité.

Segunda semana

-Bueno, parece que las cosas se van calmando.
-En efecto, monsieur. La rebelión va de bajada. Parece que el Gobernador Militar ha empezado por fin a aplicar la mano dura que el populacho se merece.
-Y, cambiando de tema, ¿cómo fue vuestra recepción en Chantilly? ¿Conseguisteis ver a Su Majestad?
-Pues sí, me concedió unos segundos de su tiempo mientras tomaba un refrigerio para reponerse del esfuerzo de la caza. Pude presentarle mis armas y ofrecerle la misma lealtad que mi padre había ofrecido al suyo. En honor de esa lealtad me permitiréis, pues, que mi primer brindis sea por Su Majestad. ¡POR EL REY!
-¡POR EL REY!

Quienes así hablaban eran Jacques Cousteau y Le Viscomte du Morcenx, sentados a una de las mesas de Le Crapaud et l'Apricot, despachando unas botellas de Burdeos traídas por este último. El crepúsculo fue disminuyendo la luz que entraba por la ventana mientras los dos hombres, ambos de sangre noble pero sólo uno de ellos con derecho al título, continuaban bebiendo y hablando hasta que casi no podían ver los vasos. Cuando un criado les trajo un candelabro a la mesa, decidieron que era hora de marcharse.

A la luz de otro candelabro, Marcel du Calais hacía cuentas sobre un enorme libro. El almacén de la Cofradía estaba cerrado para prevenir pillajes, pero el buen sacerdote había pasado el día trabajando allí. A causa de la gran agitación en las calles, muy pocos de los que habitualmente acudían en busca de socorro habían aparecido en los últimos tiempos. De vez en cuando sonaban golpes en el portón, y entonces fray Marcel se levantaba, se dirigía hacia allí y abría ligeramente la mirilla. Alguien realmente necesitado, que había probado suerte por ver si conseguía algo de comer, pedía una limosna, y fray Marcel no le decepcionaba: como mantenía un caldero en el fuego para estos casos, pasaba a través de la mirilla un cuenco de caldo que el visitante siempre aceptaba agradecido.

Tercera semana

A medida que los ánimos se van calmando (o los van calmando las tropas comandadadas por el Gobernador Militar), la vida parisina va volviendo a la normalidad. Esta semana Henri Daralan ha acompañado a Isabel d'Artois a misa, y no han tenido problemas en buscar calles tranquilas por donde pasar sin ser molestados. En la iglesia han coincidido con Le Viscomte du Morcenx, que había ido a rezar unas oraciones por el alma de su difunto padre, y éste les ha confirmado que él tampoco se había visto envuelto en ningún incidente.

Cuarta semana

...Y, como tantas otras veces, se cierra el mes con una fiesta, lo que demuestra que la revuelta está empezando a ser un recuerdo. Aún quedan zonas de París y de las afueras donde es peligroso aventurarse sin escolta, pero los barrios más céntricos ya respiran tranquilidad y normalidad. En L'Epée d'Or, por ejemplo, se encontraron Henri Daralan e Isabel d'Artois, Le Viscomte du Morcenx, Olivier d'Arzac y le Baron d'Alembert; obviamente el tema de conversación fueron los altercados callejeros. Se habló también de los ausentes, como por ejemplo Philippe Valmont, que todavía se encuentra comandando las tropas movilizadas, o Jean Parrot, acuartelado y comiéndose el yeso de las paredes de pura desesperación.

Quien también agradeció la tranquilidad fue Marcel du Calais, que terminó el mes en un solitario Le Crapaud et l'Apricot meditando sobre la justicia e injusticia social.

CARGOS PARA EL MES DE FEBRERO

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
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Ministro de Justicia    Brigadier o Baron          8    Min.Estado
Canciller de Finanzas   Brigadier o Baron         10    Min.Estado
Comis.Seguridad Publ.   Coronel o Chevalier        6    Min.Estado
Marechal de France      General o superior        12    Rey
Inspector Gral.Infant.  Tte.General o superior    10    Min.Guerra
Inspec.Gral.Caballeria  Tte.General o superior    12    Min.Guerra

CARGOS PARA EL MES DE MARZO

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
----------------------  ----------------------  ------  ----------
Ministro del Bienestar  Brgder. o Baron           10    Min.Estado
Ayudante General        General o superior         8    Marechal F.
Jefes de Ejercito       General o superior        10    Marechal F.
Aide camara Marechal    Teniente Coronel           6    Marechal F.
Jefes de Brigada        Brigadier General          6    Insp.Grles.

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

París se va calmando. Después de la rebelión que provocó el mes pasado nuestro querido Gobernador Militar, el siguiente turno debería ser más "normalito". Veremos si se cumplen las previsiones, o los pobres árbitros volvemos a tener un montón de trabajo extra. Hay que decir que este turno le ha caído casi íntegramente a Marc, que además ha tenido que ponerse al día (el mes pasado no pudo participar en la resolución del turno) e interpretar (bueno, descifrar) mis notas. ¡Una ronda de aplausos para él!

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes 27 de febrero de 2009, a medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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