Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

REAL CRÓNICA DE FEBRERO DE DE 1638

Va a ser interesante este nuevo horizonte, ja ja.
    Su Eminencia el Cardenal Du Heyn

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

  -Aquí me tenéis, Eminencia. ¿O debo decir Monsieur le Comte?
La voz de Armand de la Fère resonó con leves ecos en el amplísimo despacho del Ministro de Estado. Su Eminencia Cardenal Du Heyn levantó la mirada de los papeles de su mesa y se levantó para saludar al Ministro de la Guerra.
  -Sed bienvenido, Excelencia. No, nada de comte por ahora: por el momento Su Majestad no ha tenido a bien concederme tal honor, que por otra parte tampoco creo merecer. Y, aunque su magnanimidad se manifestase más adelante, seguiría siendo un servidor del Señor antes que noble. Pero por favor, tomad asiento. ¿Se os ofrece algo de beber? ¿Una copa de licor, tal vez? ¿O unas galletas de almendra?
  Armand de la Fère no pudo evitar una levísima sonrisa. Ya había tomado la precaución de informarse al respecto, y sabía perfectamente que las aspiraciones del cardenal de convertirse en conde no se habían visto colmadas. Pero no pudo resistirse a la tentación de mortificar levemente a su rival haciendo que él mismo se lo tuviese que confirmar.
  -Os lo agradezco, Eminencia -respondió mientras se sentaba-, pero no me apetece nada en este momento.
  -Como deseéis, Excelencia -el Ministro de Estado hizo un gesto con la mano, y el criado que aguardaba junto a la puerta se retiró. Al mismo tiempo, Armand de la Fère se volvió en su silla como un rayo hacia la puerta, echando la mano al puño del rapier. Se tranquilizó al ver al criado saliendo y cerrando la puerta tras de sí.
  -Estais tenso, Excelencia. ¿Acaso alguien os persigue? No temáis, aquí estaréis seguro -comentó el cardenal con una amabilidad no exenta de ironía.
  -Ya sabéis, Eminencia, que un soldado tiene que estar siempre alerta. Además, mi seguridad está garantizada: aunque por supuesto no dudo de la eficacia de vuestra guardia, me he permitido traer una pequeña escolta.
  -Sois bien libre, Excelencia. Sois bien libre. Y ahora, si os parece, pasemos a tratar los graves asuntos que nos ocupan, críticos para el destino de Francia...

Este mes se estrenó en le Théatre Royale la primera obra de Hubert de Bethencourt. La obra está ambientada en una prisión repleta de dementes peligrosos, cuya locura parece contagiarse incluso a los carceleros, el propio edificio e incluso sus alrededores. Con objeto de solventar este problema, se hace llamar a un pintor conocido por sus paisajes bucólicos, el cual ha de empezar su trabajo por un pasillo sin ningún tipo de iluminación, y que parece concentrar todos los gritos de los reclusos. La obra acaba contagiando al público ese ambiente sobrecogedor con bastante éxito, y el proceso de locura y desesperación en el que poco a poco y de manera gradual va cayendo el peronaje principal acaba por angustiar a los corazones sensibles. El desenlace final sorprende, y el público acabó aplaudiendo una obra ominosa y deprimente, pero excelentemente realizada.
Asistió al estreno una multitud; entre las abigarradas filas de asistentes pudo verse a Dominique Sanglant que, desoyendo los consejos del autor sobre lo poco conveniente de la obra para el corazón de las damas, llevó consigo a Lili Montparnasse, y a fe que ésta se arrepintió de haber insistido a su galán para que la llevase al teatro. También, aunque solos, asistieron Jean-Baptiste Le Rond, Jean Monfort, Chev. d'Honneur y Philippe Du Champagne. Más arriba, en los palcos, se vio a Armand de la Fère que había invitado a su dama Justine de Sade y al cardenal Du Heyn, y en otro palco Jean Parrot departía con Henri Gringoire y Philippe Valmont. En resumen, un éxito de público.

Segunda semana

La segunda semana se celebró en Chasseurs el éxito de la obra teatral de Hubert de Béthencourt. Por deseo expreso del novel autor, se admitió a cualquier caballero que quisiere celebrar el exitoso estreno. Concretamente acudieron Clément de Cazotte, Dominique Sanglant, Grichet des Wardes, Ch.d'H., Henri Gringoire, Jean-Baptiste Le Rond (en la excelente compañía de Mussette d'Envion e Isabelle Girard, cosa que levantó más de una mirada envidiosa), Jean Monfort, Chev. d'Honneur, Jean Parrot, Philippe Du Champagne y Philippe Valmont. Los asistentes se sorprendieron al entrar en un salon decorado como los escenarios de la obra teatral, y viendo a su anfitrión vestido de pintor, con idénticos ropajes a los del protagonista.
Para evitar los problemas entre regimientos tan comunes últimamente, el anfitrión procuró evitar que guardias del Cardenal y mosqueteros del Rey se acercasen, pero evidentemente Hubert de Béthencourt tenía que atender a todos sus invitados, y eventualmente el incidente se produjo. Cuando Grichet des Wardes, Ch.d'H. y Dominique Sanglant se disponían a dirimir sus diferencias, el anfitrión se interpuso y les dijo: "Lo que hoy se celebra aquí es el intento, independientemente del éxito, de alcanzar fama y honor con la palabra más que con la espada. Si acaso vos no sois capaz de arreglar con la palabra los problemas que las palabras causen, hoy no seréis bien recibidos en esta celebración. Por tanto ruego que aplacéis vuestros problemas para otro día o que abandonéis mi fiesta y no volvais al club mientras sea yo el anfitrión."
Tras una breve mirada cruzada entre ambos contendientes, Grichet des Wardes, Ch.d'H. dijo:
  -Esto no puede quedar así.
A lo que Dominique Sanglant respondió:
  -No, no puede.
A lo que el mosquetero repuso:
  -No queda sino batirse.
Y el cardenalicio respondió:
  -No, no queda.
Irritado, Grichet increpó a Dominique:
  -Cuando acabe con vos no hablaréis tanto.
Y éste, sin dejar la chanza:
  -No, no hablaréis.
Tras este diálogo, ambos salieron del club pisando fuerte. Fuera ya había oscurecido, y el duelo tuvo lugar a la luz de las candelas que iluminaban la puerta del club. Muy igualado, el combate se prolongó interminables minutos pero, a pesar de la superioridad esgrimística del cardenalicio, las heridas del mes pasado le cobraron factura. Un lance en segunda, seguido de parada y contragolpe en tercera, dieron con éste en el suelo. Sin embargo, al trastabillar y caer hacia adelante, clavó accidentalmente su daga de mano izquierda en el torso de Grichet, quien también cayó al suelo. El mosquetero se recuperará, pero nada se pudo hacer por el guardia del Cardenal.

R.I.P.
Rogad a Dios por el alma de
DOMINIQUE SANGLANT
Mayor de la Guardia del Cardenal

[Cruz para la tumba]

Sus compañeros de la Guardia del Cardenal agradecerán
UNA ORACIÓN

Tercera semana

Una aburrida semana en la que la monotonía se adueñó de París. La mayoría de parisinos se quedó en casa, o se dedicó a sus obligaciones regimentales o a practicar esgrima. Sin embargo, el miércoles la monotonía invernal se vio rota por una lluvia de octavillas que sembró las calles. Para los que, al no salir de casa, no tuvieron ocasión de recoger una y leerla, copiamos a continuación su contenido:


Los tiempos cambian. Algunos dicen que avanzan, pero el Sol se oculta entre las nubes mientras las pobres gentes viven en la inseguridad, agitadas por la amenazante tormenta, por el desorden que se acerca. Aún así no sólo muchos ciudadanos permanecen ciegos sino que acogen con los brazos abiertos y jubilosos a las fuerzas que les arrasarán.
A mi pesar, no estoy hablando de los enemigos de Francia que los hombres valerosos defienden cada día con su sangre, a diferencia de los que sólo aspiran a algo de gloria que alimente su vanidad y algunas monedas que les permitan satisfacer sus vicios. Hablo de los miserables que se pueden ver cada día en las bulliciosas calles de París, creyéndose príncipes, que han olvidado qué es la humildad, que creen ser criaturas dignas de ejemplo y de ser emulada. Aquellos que aún ostentando cargos de los más altos exhiben su desdén por las leyes de Francia, que proclaman que el edicto anti duelos es una ofensa a sus señorías, que admiten haberlo quebrantado i que lo harán si lo creen necesario. Caballeros y ministros que se enorgullecen de ser los mejores borrachos de Francia (sic), ¿cómo pueden ser ejemplos de caballerosidad?¿Cómo pretenden gobernarnos? Si alguien les recrimina algo se llenan la boca con palabras rimbobantes y exhiben sus dudosos méritos en combate por la Francia como si eso lavara todo. Cómo si no se hubieran alistado en el gran ejército de Francia sólo para poder llevar uniforme y presumir ante las damas y las camareras.
Más preocupante es la aparente cortesía entre enemigos declarados, invitándose el uno al otro a sus clubes respectivos, a charlar, a beber, mientras cada uno trama argucias con que desprestigiar al otro. Son la Serpiente que devora a Francia desde dentro, son la Serpiente que abrirá las puertas a los devoradores que terminarán con el pueblo Francés. Mientras tanto, sólo espero que el Sol vuelva a brillar con fuerza, disipando las negras nubes que lo cubren e ilumine a su pueblo.

S.A.S de l'Argilière

Ajeno a las omnipresentes octavillas, Jean Parrot se afanaba en acondicionar el almacén de la Cofradía de la Caridad, poniendo incluso unas placas de metal a la entrada del mismo.

Cuarta semana

El mes se cerró principalmente con actividad en los clubs: Clément de Cazotte pasó la semana en Le Crapaud et l'Apricot, donde se vio agradablemente acompañado por dos damas: Josephine Bidette y Juliette Declaude. Cazotte no salía interiormente de su asombro viendo a las dos damas desplegar sus encantos compitiendo por conquistarle. Al final, la afortunada que ganó al galán fue Juliette, que fue acompañada hasta su casa por el coronel de Cadetes, quedándose Josephine compuesta y sin novio. Afortunadamente no es costumbre en nuestra civilizada Francia que las damas se batan en duelo entre ellas, o las consecuencias de la velada hubiesen sido imprevisibles...

Como imprevisible fue también el atraco sufrido por Jean-Baptiste Le Rond quien, al salir de Chasseurs ya entrada la noche, sintió un fuerte golpe en la nuca y lo siguiente que recuerda es encontrarse tendido en su buhardilla, atendido por su criado, a quien avisaron unos caballeros que salieron algo más tarde del club y lo encontraron en un charco de sangre. Afortunadamente parece que sus heridas no son graves y el próximo mes estará totalmente recuperado.

Esta última semana fue la que escogió Su Eminencia Cardenal Du Heyn para celebrar su nombramiento como Ministro de Estado, junto con el flamante Ministro de la Guerra Armand de la Fère. Invitaron a sus amigos más directos a L'Epée d'Or, poniendo especial cuidado en que ningún impedimento privase a Jean Parrot de unirse a la fiesta. Hubo comida y bebida abundante, y Jean Monfort, Chev. d'Honneur insistió en pagar una ronda, cosa que al principio Su Eminencia no permitió, aunque acabó cediendo.
Asistieron Armand de la Fère, Grichet des Wardes, Ch.d'H., Jean Monfort, Chev. d'Honneur como ya hemos dicho, Jean Parrot, y por supuesto el anfitrión Su Eminencia Cardenal Du Heyn. A destacar la hostilidad y rechazo con que Armand de la Fère recibió a Grichet des Wardes, Ch.d'H., sin llegar sin embargo la sangre al río. Todo lo contrario fue su actitud con Jean Parrot, a quien desafió a un concurso de bebida con el propósito de quitarle el título de "Mejor Borracho de Francia", aunque la cosa no llegó a mayores gracias a la hábil intervención del anfitrión ofreciéndoles la cena antes de que cayesen redondos. De todas formas, Jean Parrot aún conservó su compostura para dirigirse a los recién nombrados ministros y entregarles unos valiosos anillos con las siguientes palabras:
"Perdonad mi atrevimiento y aceptad, vuestras señorías, estos humildes regalos por vuestros recientes nombramientos para que cuando miréis los anillos, además de su delicada confección, veáis un recordatorio para vuestra labor y deber para con el pueblo de Francia. Mucho se espera de vuestras señorías. No nos defraudéis."
Hacia el final de la velada, un criado entró y entregó a Jean Parrot una carta. Tras leerla, el caballero puso una expresión de contrariedad y se levantó de la mesa con un "Y ahora, si me perdonan sus señorías, asuntos urgentes me reclaman en el cuartel. Buenas noches Su Eminencia, buenas noches Su Excelencia". Al poco de irse Parrot, también el resto de asistentes empezó a retirarse a sus viviendas, dando la celebración por terminada. Fuera, el criado Deuxmont esperaba a su amo Armand de la Fère por si su estado etílico requiriese transportarlo a su casa. También sus dos "criadas", Gulnara y Medora, tuvieron que permanecer fuera del salón en atención a Su Eminencia.

Quinta semana: La Real Calçotada de 1638, o El Extraño Caso del Domingo Sangriento

Empezó el domingo como un domingo cualquiera: sol, un cielo azul, los pájaros cantando, las parejas paseando por las calles y jardines de la ciudad, las patrullas de la Guardia velando por la seguridad ciudadana...
Junto a un tenderete en la Gran Plaza, estaba Marc du Bardine, el Secretario Real, paseando nervioso de un lado a otro, mirando el reloj del campanario. Mientras mordisqueaba su labio se preguntaba "¿Dónde demonios estará ese marsellés? íHabíamos quedado hace diez minutos!".
En respuesta a su pregunta, oyó la bravucona voz de Jean Parrot: "íSecretario Bardine, aquí!". Era el marsellés que en una berlina escarlata y acompañado de una damisela (¿quién sería?) se detenía junto a él.
Tras un par de apretones de manos y tras las presentaciones, el Secretario Real le comentó a Parrot que otro ilustre de la ciudad les acompañaría a visitar al Secretario Real Tirs d'Abril. Y ese ilustre no era otro que el mismísimo Coronel de los Cadetes de la Gascuña, Clément de Cazotte. Al poco, fiel a la puntualidad de los oficiales de alto rango, el Coronel llegó a la Gran Plaza y saludó a su subordinado, al Secretario, y a la dama acompañante de Parrot.
Ante las preguntas de todo el mundo, Parrot sólo contestó "No puedo desvelaros el nombre de la dama, quizás en las próximas crónicas sepáis quién es. De momento, el apelativo de Muntsa será suficiente".
Hechas las presentaciones y subidos todos a la berlina, se dirigieron raudos a la finca en las afueras que tenía el Secretario Real Tirs d'Abril. El camino fue algo tortuoso debido a las obras que por todas partes se están llevando a cabo en las calles y avenidas de la gran ciudad. Pero la conversación, amena y divertida, entre monsieur du Bardine y el Coronel de Cazotte, hizo que el tiempo pasase volando. Tras media hora de viaje llegaron a la finca del Secretario Real.
En la azotea, monsieur d'Abril sonreía por la satisfacción de ver a sus invitados llegar con puntualidad -viniendo con el marsellés la cosa era dudosa-, y ese momento idílico sólo se rompió cuando una voz parecida a un graznido se sumó a la del saludo del Secretario. Era Dominique Sanglant y su "Secretario Tirs, deberíais haberme avisado que también venían los cobardes y traicioneros Pardetes de la Gascuña, y me habría traído el rapier". Por suerte, al tratarse de una celebración improvisada, distendida y en un lugar totalmente seguro, ninguno de los caballeros iba armado, o en otro caso el Coronel Cazotte ya estaría en disposición de desenvainar su acero.
Para romper ese momento de tensión, apareció la espléndida esposa del Secretario Real Tirs d'Abril, Yôko-san, quién con su mera presencia acalló las voces de disputa y devolvió el sentido común a los asistentes. Saludando a todos los presentes, la esposa del Secretario se acercó a la dama de Parrot y con ella estuvo hablando un buen rato.
Mientras tanto, el Secretario Tirs invitó a los caballeros a acompañarles a un rincón de sus jardines, habilitado para el cultivo, donde había plantado una variedad rara de manjar: calçots. Ante el asombro de todo el mundo, el Secretario procedió a desplantar uno de tales "calçots" y mostrarlo al respetable. Boquiabierto, el Coronel Cazotte se sumó a la tarea ayudando al Secretario a desplantar todos los calçots que pudo. Mientras tanto, Sanglant ironizó "Miren a los Pardetes, removiendo la tierra cual cerditos buscando sus bellotas", aunque pronto se sumó al grupo de trabajo encendiendo y avivando una gran hoguera en la que preparar los calçots.
Dejando encaminada la faena, los dos Secretarios Reales se excusaron y entraron en su despacho para tratar las noticias de la ciudad para el mes de febrero. Ya habían recibido la mayoría de informes relacionados con la vida social de la ciudad, y se ponían manos a la obra para obtener los anhelados Turnos.
Yôko-san y la misteriosa Muntsa, muy bien compenetradas, preparaban las mesas donde los invitados probarían los deliciosos manjares preparados para tal efecto. Bebida, unos entrantes ligeros, delicias traídas desde el país del Crisantemo... todo preparado para el disfrute de los comensales.
Frente a la hoguera y sin el concurso mediador de los Secretarios, Sanglant acometía con ironías a los dos Cadetes. El Coronel Cazotte, veterano en estos temas, callaba y dejaba a Sanglant sólo con su verborrea ridícula, aunque el Mayor Parrot, pecando de pardillo, entraba a trapo en todas las provocaciones del Guardia del Cardenal.
De repente, se oyó un alarido surgido del despacho de los Secretarios, un violento cruzar de aceros, unos dados rodando, y un "Oh, Dios mío".
Acto seguido, frente a la hoguera, Dominique Sanglant desencajó su cara a media chanza, y llevándose las manos al pecho empezó a boquear trabajosamente. Ante el estupor de los Cadetes, quienes se miraban unos a otros, perplejos, Sanglant cayó al suelo muerto. Sin heridas, sin ataques, sin golpes, sin envenenamientos... pero muerto.
Iban a brindar los Cadetes por tan sentida pérdida, cuando el cuerpo del cardenalista empezó a moverse. Asustados, el Coronel Cazzote esgrimió un cuchillo de untar pan y se situó junto a Parrot que hacía lo propio con un palillo olivero, y ambos se enfrentaron al terrible ser que se levantaba trabajosamente.
El Coronel fue el primero en hablar: "Dominique, ¿estáis bien?" Pero el ser, ya incorporado, no le prestaba atención. De pie ante los dos Cadetes, con sus ojos vacíos de expresión, miraba con interés sus propios miembros, sus manos, el lugar en el que estaba... y con la voz chirriante de siempre empezó a hablar.
-¿SANGLANT? YA NO. NO SÉ QUIÉN SOY. DOMINIQUE SANGLANT HA MUERTO. AHORA, YO SOY...
Y cuando el secreto más secreto del Universo iba a desvelarse, un perro alsaciano ladró y aparecieron los secretarios reales con las dos damas, y teniendo hechos los calçots empezó una de las mayores comilonas jamás vista por esos lares. Comida, bebida, charla... los tres ingredientes para una buena comida pre-primaveral.
Entre los platos, a destacar el cuerpo principal de la comilona: los calçots que, para los que no lo sepan, son una variedad de cebolla tierna que se asa sobre fuego vivo de sarmientos, se sirve sobre una teja y se come mojada en una salsa hecha de almendras, aceite y tomate. Pero antes de ello, la esposa del Secretario Tirs les agasajó con una relación de entrantes gustosos y suculentos. El propio Secretario les ofreció una conserva de queso, hecha por él mismo, sazonada con una mezcla secreta de hierbas que él mismo cultiva en su jardín. Y para finalizar, con una amplia sonrisa de satisfacción, el Coronel Cazotte desmintió los comentarios del difunto Du Fo sobre la pésima calidad de la cocina de los Cadetes, haciendo degustar un delicioso, suave y turgente pastel de manzana elaborado por él mismo.
Tras la comida, y aún con el espectro de Sanglant revoloteando por la finca, Secretarios, Caballeros y Damas entraron en el Gran Salón, y se inició una salvaje y despiadada sesión de juegos de cartas ("Lunch money" y "Munchkin"). Por suerte, no queda constancia gráfica de las sesiones de juego, o de las acciones que allí se sucedieron, aunque aún resuenan en los oídos de los presentes unas palabras proferidas por la etérea voz de una dama: "íMÁTALE! íARRÁNCALE LA CABEZA! íACABA CON ÉSE! íA POR ÉL!".

Los calçots recién cosechados El proceso de asar los calçots
Los calçots recién cosechados. El asado de los calçots. Como no había sarmientos a mano, se utilizaron ramas de pino y una silla.

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

CARGOS PARA EL MES DE MARZO

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
----------------------  ----------------------  ------  ----------
Ministro del Bienestar  Brgder. o Baron           10    Min.Estado
Ayudante General        General o superior         8    Marechal F.
Jefes de Ejercito       General o superior        10    Marechal F.
Aide camara Marechal    Teniente Coronel           6    Marechal F.
Jefes de Brigada        Brigadier General          6    Insp.Grles.

CARGOS PARA EL MES DE ABRIL

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
----------------------- ----------------------  ------  ----------
Jefes de Division       Tte.General o superior     8    Aide General
Aides de Ejercito       Coronel                    5    Jefes Ejercs.
Mayores de Brigada      Mayor                      3    Jefes Bgdas.
Quartermasters          Brigadier General          6    Jefes Ejercs.

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Gracias a Enric por la crónica de la quinta semana. La cosa fue MUY improvisada; de hecho se organizó todo el día anterior (sábado), y vino quien pudo. Es posible que volvamos a organizar algo de cara al verano, ya con más tiempo, para que la gente de fuera de Barcelona pueda reservarse un fin de semana y venir si quiere. Obviamente no serán calçots, porque la temporada está terminando, pero supongo que tampoco le haréis ascos a una buena "Pierna de cordero a la Sanglant", je je...

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes 1 de abril de 2005, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

®"En Garde!" es una marca registrada de Margam Evans Limited

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