Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

REAL CRÓNICA DE ENERO DE 1638


    

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

Un lujosísimo despacho. Unos troncos arden en dos chimeneas que, colocadas en paredes opuestas, mantienen una temperatura agradable en este crudo mes de enero. En él, dos figuras discuten sobre el destino de Francia. Una de ellas, de largos cabellos negros y bigote, está sentada en un cómodo butacón; la otra, delgada y vestida de rojo púrpura, permanece respetuosamente de pie.
  -Es un hombre poderoso, Majestad. Y no se le conoce otra lealtad que la de sí mismo.
  -Pero es un hombre capaz, amigo Richelieu. Capaz y útil. Y recordad cómo actuó cuando el incendio del pabellón: dirigió las operaciones y mantuvo el orden. Se puede confiar en él en los momentos de crisis.
  -Sí, Sire, pero ¿se podrá confiar en él cuando llegue su momento de crisis? ¿Quién nos dice que no dará un golpe cuando esté seguro de vencer?
  -Opinamos que vuestra caución es excesiva, amigo mío. Vuestra caución, o tal vez vuestros celos. Pero os concederemos el beneficio de la duda: El cardenal Du Heyn se ocupará del Ministerio de Estado, pero el peso que ponemos en su platillo de la balanza vendrá compensado por otro de parecida magnitud en el lugar contrario: Armand de la Fère será el Ministro de la Guerra. La rivalidad de ambos es de sobras conocida, de tal manera que, como perros puestos uno frente a otro a vigilar un filete, los colmillos de cada uno mantendrán a raya la voracidad del otro. ¿Qué os parece?
Viendo la partida perdida, el cardenal se inclinó.
  -Como siempre, Vuestra Majestad ha tenido una sabia idea. Con vuestra venia, iré a tomar las oportunas disposiciones.

Cambio de escena. Nos encontramos ahora en Le Crapaud et l'Apricot. Constance Lacroix y Lili Montparnasse charlan animadamente, siendo el tema principal de la conversación las críticas a sus respectivos amantes, que las han traído a la fiesta organizada por Jean Parrot sin molestarse en comprobar si era una reunión oportuna para damas. Mientras, una animada reunión de bebedores tiene lugar en el resto del salón. Se bebe de todo: vino, ambrosía, cognac, una extraña especie de vino blanco con burbujas, fruto de las fermentaciones experimentales de un tal Dom Perignon, unas cervezas mutadas con frutas y, en general, las bebidas alcohólicas más extravagantes, que reciben desigual acogida entre los asistentes. Los presentes son Dominique Sanglant, Clément de Cazotte, Grichet des Wardes, Ch.d'H., Hubert de Béthencourt, Henri Gringoire, Jean-Baptiste Le Rond, Jean Monfort, Chev. d'Honneur, Jean Parrot y Marcel du Calais. El propio Parrot se encarga personalmente de que todos prueben de todo, ofreciendo incluso unas cervezas de moras y melocotón, de regusto dulzón, a las dos damas del rincón.
De pronto, lo inevitable sucede: gritos, ruido de aceros que se desenvainan, y gente que sale a la calle. La presencia de Dominique Sanglant solivianta a los Mosqueteros presentes, y por supuesto es Grichet des Wardes, Ch.d'H., por cuestión de rango, el primero en desafiar (o aceptar el desafío, pues ya sabemos que los duelos regimentales se sabe cómo acaban pero nunca cómo empiezan).
Al rato vuelven ambos contendientes, uno de ellos sin capote y apoyado en el otro. Jean-Baptiste Le Rond, al ver la camisa ensangrentada de Dominique Sanglant, comenta: "Al final creeré que tenéis algo personal contra mí, Mayor. O vos o el Teniente Coronel siempre me pisáis los duelos". El Mayor responde al capitán con una sonrisa: "Tranquilo, amigo mío; cuando el Comisionado me aprese, vos sois el siguiente en la lista". Obviamente, el resto de Mosqueteros del Rey se quedarán este mes con las ganas de batirse con Dominique Sanglant, dado que las heridas de éste le impiden batirse en condiciones. Al llegar a la puerta del salón, un indignado Jean Parrot les cierra el paso momentáneamente: "Messieurs, os ruego que en lo sucesivo dejéis los asuntos regimentales a un lado cuando gocéis de mi hospitalidad que, por modesta que sea, os es ofrecida de corazón. No voy, sin embargo, a negárosla a causa del incidente: pasad, y me ocuparé de que monsieur Sanglant sea atendido en debida forma".

Segunda semana

El acontecimiento de la semana fue, sin duda, el juicio a Guillaume de Foix por la muerte en duelo de Henri Lacroix. El Palais de Justice se encontraba a rebosar, y tanto Mosqueteros del Rey como Guardias del Cardenal habían asistido en pleno a la vista. Afortunadamente fueron acomodados en extremos opuestos de la sala para evitar enfrentamientos.
Comenzó la vista con los interrogatorios a los testigos. Veamos algunos de ellos:


>  - Nombre, título, rango y lugar de nacimiento.
Phillipe Valmont, hijo del Viscompte Valmont, Subalterno de la Guardia 
Real, Abanderado de la Guardia Real, Marsella.

> - ¿Dónde os encontrabais en el momento de los hechos?

En el propio club, festejando el rescate de Frederic Dupont

> - ¿Os acompañaba alguien? ¿Quién?

Estaban presenten los siguientes caballeros: Cézare Malenfant, Hubert de Béthencourt, Henri Lacroix, Marcel du Calais, Guillaume de Foix, Maurice de La Fontaine, Frédéric Dupont y yo mismo. También se hallaban las damas de los caballeros presentes, más Isabel d'Artois.

> - ¿Podríais resumir que sucedió entre Guillaume de Foix y Henri Lacroix?

Como siempre que se reúnen Regimientos rivales, en este caso los Mosqueteros del Rey y un Guardia del Cardenal, acaba habiendo algún duelo. Maurice de la Fontaine cedió el honor de batirse a su Teniente Coronel Guillaume du Foix. El duelo fue igualado e intenso, y estimo que no hubiera pasado nada más grave que algún rasguño a primera sangre si no fuera porque M. Henri Lacroix perdió la serenidad. Cuando tiró en cuarta al mismo tiempo que Guillaume de Foix intentaba realizar una estocada de lado se tambaleó. Dicha falta de equilibrio le hizo perder la paciencia, algo indeseable en un esgrimista, e intentó propinarle una patada a su rival. Si se hubiera preocupado más por recuperar el equilibrio y guardar la defensa no habría acabado, dado su envite, con el rapier del mosquetero entrándole por el ojo hasta el cerebro, rompiéndose la punta del arma dentro del craneo. A mi parecer en ningún momento tuvo el caballero Guillaume de Foix intención alguna de matarle. Fue el propio guardia del cardenal quien buscó su muerte, invadido por la rabia.

> - ¿Habían bebido los anteriormente mencionados? ¿Cuánto?

No lo suficiente como para considerarles ebrios. Me imagino que no más de dos o tres vasos de vino. Disculpe mi inexactitud, pero estaba más pendiente de la agradable charla de M.Isabel d'Artois que de la cuenta de los vasos.

> - ¿Habíais bebido Vos? ¿Cuánto?

Solo había bebido un vaso de vino.

> - ¿Hubo ofensas o insultos entre ambos? ¿Quién comenzó la disputa?

Me imagino que los habituales entre enemigos regimentales. Como mencioné, al estar más ocupado en atender a M. d'Artois restaba importancia a los quisquillosos comentarios entre los mosqueteros y el cardenalista.

> - ¿Quién desenvainó primero?

Se pusieron de acuerdo en el duelo, por lo que ambos desenvainaron al unísono, como caballeros.

> - ¿Alguno de los dos utilizó triquiñuelas o malas artes durante el lance?

En ningún momento. El combate fue justo.


A continuación, Hubert de Bethencourt se dirigió al estrado. Preguntado sobre su versión de los hechos, respondió:


A lo largo de la noche conversé con diversos caballeros de entre los
asistentes aquella noche al club, mas en el momento mismo de los hechos
me encontraba en compañía exclusiva de mi dama, Charlotte Pézet, en un
reservado en el interior del local. De los hechos, tan sólo puedo
recordar una discusión entre miembros de regimientos rivales, como tantas
otras ha habido antes, a la que no presté demasiada atención. No estoy seguro
de si bebieron o no, pero el hecho de que se encontrasen en un club hace
pensar que sí, mas no sabría decir cuanto; eso sí, en ninguno de los dos
observé los rasgos característicos de quien ha bebido en exceso, como
pérdida de la fluidez en el habla o en el caminar, aunque he de insistir
en que no les presté demasiada atención. Si preuntais por mí, he de reconocer
que probé el vino, aunque con moderación dado que iba acompañado de mi dama,
citada anteriormente.
á
Con respecto al cruce de insultos, no creo recordar más de los habituales
entre Mosqueteros y Guardias del Cardenal y, una vez más, me resulta
imposible decir quién comenzó. Poco después ambos salieron del local,
supongo que por respeto a los asistentes, en especial a las damas,
y estoy casi convencido que no desenvainó ninguno hasta hayarse fuera del
local, lugar donde yo permanecí durante el lance, por lo cualá mi información
acaba aquí.
á
Tan solo he de añadir que cuando monsieur de Foix volvió al local, no se le
vio especialmente contento,más bien con cierto pesar, aunque tampoco apenado.
Por último y como apreciación personal, a pesar de no ser ningún experto de
la conducta ni pertenecer al círculo más próximo a de Foix, aseguraría que
la intención del caballero no era acabar con la vida de monsieur Lacroix,
sino más bien darle una lección y demostrar su superioridad como espadachín
y así preservar tanto su honor como el de su regimiento, tantas veces puesto
en duda por los Guardias del Cardenal, y no se sintió orgulloso del desenlace,
aunque tampoco considero que le causase demasiado dolor.


Declaró a continuación Marcel du Calais:


> - Nombre, título, rango y lugar de Nacimiento.

Marcel Du Calais, nacido en Calais, Regimiento de los Cadetes de la Gascuña

> - ¿Dónde os encontrabais en el momento de los hechos?

en el club Les Chasseurs celebrando el rescate feliz de M. Dupont

> - ¿Os acompañaba alguien? ¿Quién?

si os referis a mi persona en particular, no habia dama alguna que me acompañara, en cambio, departiendo y compartiendo un buen vino se encontraban Cézare Malenfant, Hubert de Béthencourt, Henri Lacroix, Isabel d'Artois, Guillaume de Foix, Maurice de La Fontaine y Philippe Valmont

> - ¿Podríais resumir que sucedió entre Guillaume de Foix y Henri Lacroix?

Conforme avanzaba la noche los animos se fueron caldeando por las viejas rencillas de siempre entre regimientos rivales y al final las palabras subieron de tono y los dos citados caballeros se citaron en duelo allí mismo para salvaguardar su honor.

> - ¿Habían bebido los anteriormente mencionados? ¿Cuánto?

todos habiamos bebido unas cuantas jarras de vino, pero nadie estaba ni de lejos ebrio por ello

> - ¿Habíais bebido Vos? ¿Cuánto?

aproximadamente lo mismo que los demas, el suficiente vino para que la velada fuese agradable sin que por ello los sentidos se vieran en modo alguno embotados por el liquido elemento.

> - ¿Hubo ofensas o insultos entre ambos? ¿Quién comenzó la disputa?

simplemente comenzaron a aflorar las viejas rencillas y las cuentas pendientes entre los regimientos de ambos y de ahi partio el motivo de la discusion en cuanto a quien comenzo la disputa no podria decirlo ni creo que nadie pueda puesto que ambos la iniciaron

> - ¿Quién desenvainó primero?

no puedo saberlo puesto que ambos caballeros salieron del salon para dirimir sus diferencias con la espada

> - ¿Alguno de los dos utilizó triquiñuelas o malas artes durante el lance?

tampoco puedo saberlo puesto que el lance no se desarrollo en el salon donde nos encontrabamos, pero conociendo a ambos caballeros, tanto M.Guillaume, como M.Henri, que en paz descanse serian incapaces de cometer esas tropelias por las que me preguntais en un duelo de honor.


El siguiente fue Fréderic Dupont:


    - Nombre, título, rango y lugar de Nacimiento.
 Frédéric Dupont, soldado del 27 Regimiento de Mosqueteros, Nacido en Lyon.
    - ¿Dónde os encontrabais en el momento de los hechos?
 Me encontraba en Les Chasseurs.
    - ¿Os acompañaba alguien? ¿Quién?
 En realidad yo habia invitado a todos los presentes para agradecerles por haber acudido a mi rescate.
    - ¿Podríais resumir que sucedió entre Guillaume de Foix y Henri Lacroix?
 Escapa a mi conocimiento si estos dos caballeros tenian algun asunto pendiente, pero si mal no lo
recuerdo ya habian tenido con anterioridad algun enfrentamiento por el hecho de pertenecer a
regimientos rivales. A mi entender fue esto lo que ocasiono la disputa que causo el fallecimiento
de Monsieur Lacroix.
    - ¿Habían bebido los anteriormente mencionados? ¿Cuánto?
 Honestamente no estoy seguro si habran bebido y si lo hicieron no se cuanto, pero a mi entender
no creo que hayan bebido mucho debido a que el duelo que llevaron a cabo fue excepcional,
cosa que no se si sea posible bajo los efectos del alcohol.
    -¿Habíais bebido Vos? ¿Cuánto?
 Tengo que admitir que habia bebido, lo que no puedo asegurar es si fue mucho ya que me
encontraba distraido hablando con los caballeros que se encontraban en el club. Tal vez haya bebido
un botella de vino, no se si mas.
    - ¿Hubo ofensas o insultos entre ambos? ¿Quién comenzó la disputa?
 Esa es una pregunta en la que creo no estoy en posicion de contestar, ya que no estaba con
ninguno de los dos cuando comenzo todo.
    - ¿Quién desenvainó primero?
 A mi entender fue un duelo acordado ya que ambos, Guillaume de Foix y Henri Lacroix, se retiraron
del salon para concretar el duelo.
    - ¿Alguno de los dos utilizó triquiñuelas o malas artes durante el lance?
 Agradeceria si pudieseis aclararme a que tipo de triquiñuelas o malas artes haceis referencia.


A continuación, un murmullo llenó la sala. Era el turno de declarar del acusado.


- Nombre, título, rango y lugar de Nacimiento.

Guillaume du Foix, Teniente Coronel de los Mosqueteros del Rey, nacido en Foix.

-          ¿Dónde os encontrabais en el momento de los hechos?
 
En mi club, Les Chasseurs, celebrando el exitoso rescate del caballero Dupont.
 
-          ¿Os acompañaba alguien? ¿Quién?
 
Todos los caballeros que participaron en dicho rescate, además del propio Dupont. Y
también vino conmigo Georgette d'Avignon.
 
-          ¿Podríais resumir que sucedió entre Vos y Henri Lacroix?
 
Fue una disputa regimental Vuestra Excelencia. Decidimos que hablaran los rapiers para
decidir quién tenía razón.
 
-          ¿Había bebido M. Lacroix? ¿Cuánto?
 
Supongo. Desconozco la cantidad de alcohol que ingería, pues no solía acudir con él a beber.
 
-          ¿Habíais bebido Vos? ¿Cuánto?
 
Sí. Estábamos celebrando un rescate, y supongo que Vuestra Excelencia sabrá que en dichas
celebraciones se bebe. En cuanto a cantidad, no suelo llevar la cuenta de lo que bebo cuando
celebro algo.
 
-          ¿Hubo ofensas o insultos entre ambos? ¿Quién comenzó la disputa?
 
No sabría deciros Vuestra Excelencia. Las ofensas fueron hacia el regimiento del otro, pero no
sabría decir quién habló antes.
 
-          ¿Quién desenvainó primero?
 
Lo hicimos a la par, según mandan las reglas del duelo entre caballeros.
 
    - ¿Alguno de los dos utilizó triquiñuelas o malas artes durante el lance?
 
Evité una entrada en cuarta mientras preparaba mi asalto por el lado, lo que enfureció a Lacroix,
que lanzó una patada al aire. Tuvo mala fortuna y perdió el equilibrio, cayendo sobre mi rapier.
Cuando lo vi no pude frenar mi impulso y evitar la desgracia.
 
Si necesitáis más de mí, estoy en la celda que conocéis, arruinándome a manos de un carcelero
que juega a las cartas como el mismísimo demonio (risas en la sala).


Tras lo cual, la Acusación presentó su alegato:


Con la venia de Su Señoría,
	tras concluir con los interrogatorios a los testigos y al acusado, yo, Armand de La Fère,
	Gobernador Militar de París y magistrado de la Acusación, afirmo:

Primero: Guillaume du Foix se encontraba en compañía de la víctima así como de los testigos celebrando el rescate de Frederic Dupont en el Club 'Les Chasseurs'.

Segundo: Guillaume du Foix, Maurice de la Fontaine y Henri Lacroix, iniciaron un intercambio mutuo de insultos y comentarios hirientes con motivo de la rivalidad regimental entre ellos. M. du Foix y M. de la Fontaine son Mosqueteros del rey, mientras que M. Lacroix, servía en la Guardia del Cardenal. Es conocida de sobra la manifiesta enemistad existente entre los miembros de ambos regimientos.

Tercero: A pesar de estar inmersos en una celebración, no hay testimonios concluyentes de que ninguno de los presentes estuviese ebrio, incluyendo al acusado y a la víctima.

Cuarto: Encendidos y airados tras el intercambio de insultos, Maurice de la Fontaine y Guillaume du Foix por una parte y Henri Lacroix por la otra decidieron retarse mutuamente a duelo. M. de La Fontaine, ofreció al acusado la oportunidad de batirse primero con M. Lacroix. M. du Foix, aceptó.

Quinto: Guillaume du Foix y Henri Lacroix salieron al patio trasero del Club y se enfrentaron en duelo. Todos los testigos presentes en el lance afirman que el golpe que le ocasionó la muerte a Henri Lacroix fue meramente fortuita y accidental y que ambos contendientes se comportaron de forma correcta durante todo el envite, hasta su desafortunado final.

Sexto: Hay testimonios que afirman que tras la muerte de M. Lacroix, Guillaume du Foix se comportó con gran frialdad y sin dar muestras de consternación o alegría por la muerte de su contendiente, regresó al club y continuó bebiendo como si nada hubiese pasado.

Conclusión: Queda demostrado que Guillaume du Foix, causó muerte a Henri Lacroix, que ambos accedieron a entablar combate precedido este por un cruce de insultos y acusaciones. Así mismo, nada prueba que ambos pudiesen estar bajo los efectos de la bebida, ya que todos los testimonios afirman que la cantidad de vino ingerida no fue suficiente como para nublar el juicio de ambos contendientes. La Acusación no ha encontrado pruebas de que se produciese un Asesinato, ya que Acusado y Víctima combatieron en igualdad de oportunidades y no hay pruebas de manifiesta intencionalidad por parte del Acusado en dar muerte a Henri Lacroix. Tambien cabe señalar la buena disposición y pronta entrega voluntaria de Guillaume du Foix a las Autoridades para proceder a su detención y encarcelamiento preventivo. A pesar de todo esto, existe un caso de flagrante violación del edicto Anti-duelos con gravísimas consecuencias y una manifiesta irresponsabilidad por parte de un Oficial del Ejército de Su Muy Cristiana Majestad Luix XIII.

Con todos estos datos, pruebas, testimonios y conclusiones, la Acusasción se siente en obligación de solicitar a Su Excelencia el Ministro de Estado, Presidente de este Tribunal, una Pena de Seis Meses de Cárcel para Guillaume du Foix. Tambien se pide a éste Tribunal que, la buena disposición de M. Du Foix así como su posterior arrepentimiento público sean tenidos en cuenta y dicha pena pueda ser sustituída por Un Año de Servicio en el Frente, en un Regimiento Fronterizo y una Multa de Cinco Mil Coronas a pagar al regreso de dicho Servicio.


Concluyó la vista con el alegato de la Defensa:


Estimados miembros del Tribunal y Parte acusadora.Aqui estamos 
nuevamente para contemplar el cruel desenlace del ojo por ojo y diente 
por diente. Nada mas lejos de mi intencion disertar sobre lo divino y 
lo humano en tan noble sala, pudiendo hacerles perder el tiempo de 
grosera manera.

El Caballero Guillaume, aquí presente de manera voluntaria, ha mostrado su arrepentimiento de manera publica y privada.Ha dado muestra de su valor y coraje haciendo frente a lo que la Ley pueda depararle.Y yo, como amigo suyo, me presto voluntariamente ha hablar en su nombre.

Muerto en duelo el no menos noble Henri Lacroix, es de recibo que la Justicia actue e intervenga para equilibrar la balanza. Pero no menos cierto es que la Justicia no es tan ciega como algunos señalan, sino que participa de las ideas de equidad y templanza.

No pedire la absolución ni la libertad sin cargos, pero sí la posibilidad de conmutar la pena de mi defendido por un período voluntario de servicio en los Regimientos Fronterizos. Una vida ha sido sesgada. Otra vida se dedica a enmendar el daño causado a Dios, al Rey y a Francia.

Espero que el tribunal atienda al ruego de un buen hombre, mejor caballero y soldado de Francia.

Gracias.


Tras lo cual, puesta en pie la sala, el Tribunal abandonó la misma para deliberar.
Al cabo de una media hora, se facilitó el veredicto y la sentencia:


OÍDOS en este Tribunal los hechos acaecidos durante la celebración del rescate de M.Dupont, se consideran probados los siguientes hechos:

PRIMERO: El acusado terminó con la vida de la víctima en un duelo cuya motivación por ambas partes era causar daño al contrincante, con independencia de la magnitud o reversibilidad del mismo.

SEGUNDO: El combate fue igualado y ambos contendientes se enzarzaron de manera libre y voluntaria, sin existir coacción sobre ninguna de las dos partes. El duelo no fue alterado por el uso de triquiñuelas o tretas contrarias a la lucha noble y honorable.

POR CONSIGUIENTE: Se declara al acusado, Guillaume de Foix, INOCENTE del delito de asesinato, por cuanto no existió indefensión ni ausencia de voluntad de lucha por parte de la víctima.

SIN EMBARGO: Se declara al acusado CULPABLE de transgredir el Edicto Contra el Duelo dictado por Su Cristianísima Majestad Luis XIII de Francia, con el resultado de la pérdida para el Reino de un valeroso soldado e hijo de Francia.

POR TODO LO CUAL: se condena a Guillaume de Foix a una pena de SEIS MESES de servicio en un Regimiento Fronterizo y al pago, a su regreso del mismo, de una multa de CINCO MIL CORONAS. En caso de no poder hacer frente al importe de la multa, deberá permanecer en el mismo Regimiento Fronterizo hasta que sus éxitos en combate le reporten beneficio pecuniario suficiente. Asimismo, durante los seis meses que dure la condena, quedará imposibilitado para todo ascenso, si bien se le podrá reducir la condena, que no la multa, en UN mes por cada DOS menciones en la Orden que su valor le reporte.

Dado en París, a diez de enero de 1638.


Tercera semana

Esta semana ha sido una de las más sosas y aburridas de las que se recuerdan en mucho tiempo: la mayoría de caballeros, afectados tal vez de "resaca judicial", se han dedicado a asuntos tranquilos como practicar esgrima o cumplir con sus obligaciones regimentales. Solamente Hubert de Béthencourt y Dominique Sanglant, éste último acompañado de Lili Montparnasse y en un palco, se dirigieron al teatro para disfrutar de la obra que, sin ser una gran maravilla, resultó entretenida y amena.

Cuarta semana

Arrellanados en los cómodos asientos de L'Epée D'Or, Su Eminencia Cardenal Du Heyn y Armand de la Fère departían sobre el resultado del juicio de dos semanas atrás.
  -¿Qué os pasa, mon ami? Os veo decaído.
  -Eminencia, he obrado de oficio en este caso, en contra de mis convicciones más íntimas, y con la esperanza de doblegarme ante vuestra superior oratoria y de esa forma perder un caso en el que, honestamente, no creía. Pero con el resultado obtenido no sé si debo alegrarme por la derrota o entristecerme por el triunfo.
  -En igualdad de condiciones, os recomiendo un corazón alegre, mon ami. Dado el curioso resultado del juicio, en el que ambas partes, acusación y defensa, acabamos pidiendo la misma pena, ¿qué otra garantía queréis de que se ha hecho lo justo?
  -No dudo que el castigo es justo, Eminencia, pero ¿lo es la fechoría? ¿Es delito defender el buen nombre y honor de uno mismo? ¿Dónde termina la legítima defensa personal (pues el nombre es parte de uno) y empieza la agresión criminal? ¿Existe crimen cuando ambos contendientes se baten libre y voluntariamente, y en igualdad de condiciones?
En ese momento llegó Grichet des Wardes, Ch.d'H., quien de inmediato invitó a una ronda al cardenal y a su acompañante.
  -Vuestras preguntas, mon ami, trascienden el terreno puramente jurídico para entrar en el filosófico. Y, aún si me apuráis, en el teológico, con cuestiones como el libre albedrío y la potestad del hombre para juzgar al hombre. Pero en nuestro limitado entendimiento humano, debemos interpretar los designios divinos de la manera que veamos mejor. Tranquilizad, pues vuestra conciencia.
  -Antes que tranquilizarla, prefiero embotarla-dicho lo cual agarró la jarra que Grichet des Wardes, Ch.d'H. le ofrecía y la vació de un trago.

Mientras todo esto ocurría en el interior, Jean Parrot esperaba infructuosamente en la calle a que alguien le franquease el paso al club para acudir a la cita que le habían dado. Al final, hastiado de esperar y de insistirle al portero, decidió irse a casa.

Mientras, un Dominique Sanglant acompañado de su dama y todavía cubierto de vendajes pasaba el tiempo en Chasseurs, donde Hubert de Béthencourt tuvo la prudencia de acomodarse entre él y Jean-Baptiste Le Rond para evitar males mayores, precaución elegante pero innecesaria ya que el estado de Sanglant no le hubiese permitido batirse con el mosquetero. Clément de Cazotte, por su parte, pasó la semana solo en Le Crapaud et l'Apricot.

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

CARGOS PARA EL MES DE FEBRERO

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
----------------------  ----------------------  ------  ----------
Ministro de Justicia    Brigadier o Baron          8    Min.Estado
Canciller de Finanzas   Brigadier o Baron         10    Min.Estado
Comis.Seguridad Publ.   Coronel o Chevalier        6    Min.Estado
Marechal de France      General o superior        12    Rey
Inspector Gral.Infant.  Tte.General o superior    10    Min.Guerra
Inspec.Gral.Caballeria  Tte.General o superior    12    Min.Guerra

CARGOS PARA EL MES DE MARZO

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
----------------------  ----------------------  ------  ----------
Ministro del Bienestar  Brgder. o Baron           10    Min.Estado
Ayudante General        General o superior         8    Marechal F.
Jefes de Ejercito       General o superior        10    Marechal F.
Aide camara Marechal    Teniente Coronel           6    Marechal F.
Jefes de Brigada        Brigadier General          6    Insp.Grles.

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Una consideración importante sobre los duelos
Quisiera hacer una puntualización importante: a pesar del famoso "Edicto contra el duelo", la celebración de un lance a espada no implica necesariamente la detención de los participantes. Para que tal cosa ocurra, tienen que ser atrapados in-fraganti por la patrulla. Si no es así, nadie ha visto nada, nadie sabe nada, y nadie dirá nada. La delación está en contra del código de honor de cualquier caballero... y no contemplada en las reglas de la partida. Otra cosa muy distinta, por supuesto, es que un caballero decida entregarse.

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes 25 de febrero de 2005, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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