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REAL CRÓNICA DE MARZO DE 1637

Dicebant mihi sodales, si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas.
    Ebn Zaiat

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana
Jacques de la Loire se encuentra en un calabozo húmedo y sin luz. La puerta del mismo se abre chirriando y entran en ella dos figuras. La primera pertenece a un desconocido con túnica de fraile y una bolsa de cuero en la que tintinean algunos objetos metálicos. La otra es la del Comte d'Ille, con una expresión severa y triste, pasándose pulgar e índice por la frente meditabundo. Este último se acerca al prisionero, y le agarra suavemente por la barbilla mientras dice:

  -Barón, amigo, ¿qué me habéis hecho? ¿A qué se debe todo esto? No puedo esconderos mi sorpresa ante lo ocurrido, no sólo esperaba algo más de vos como amigo, como hombre de honor y como compañero de armas... pero aún llegado el caso de que fuérais un sucio traidor, un asaltador y un vulgar delincuente jamás habría pensado que carecierais por completo de inteligencia y criterio. ¿Qué esperábais conseguir con una botella incendiaria y un mugriento trozo de papel? ¿Acaso asustarme? ¿Amenazarme? ¿Hacerme replantear mi posición frente a aquella calaña a la que parece que pertenecéis, pero sin duda, a pesar de vuestra alta condición social ni siquiera tenéis a bien de comandar?

>>Estáis en mis manos, como podéis fácilmente observar, aquí no os ayudarán ni vuestros mosqueteros, que reniegan de vos, ni vuestros sapos, estrechamente vigilados, ni siquiera vuestra posición ante el rey, con quien personalmente he hablado de este asunto y no moverá un sólo dedo para reclamar vuestra libertad. Sois mío. Y de mi depende que veáis de nuevo el sol, que disfrutéis de nuevo de París o de que vuestra dama y vuestro hijo os reconozcan si se diera esa posibilidad... He traído conmigo a un fraile mudo que me ha recomendado cierto amigo bien conocido por todos; como bien sabéis nadie mejor que el clero posee las habilidades necesarias para hacer decir la verdad al prójimo. Sois libre de elegir que las herramientas que suenan en su bolsa no lleguen a tocar vuestra piel, sois libre de salir de este lugar vivo, sin honor, pero vivo, sois libre de decidir qué será de vos el día de mañana. Sin embargo también sois libre de decidir si queréis morir, y cómo hacerlo, sois libre de morir tras un "intento" fallido de fuga, en el que mis hombres, en defensa propia no tuvieron otra opción que clavaros sus espadas, sois libre de morir lentamente y con sufrimiento, sois libre de morir en la horca, tras un juicio legal y justo en el cual seré juez y parte... Os concedo el maravilloso don de la libertad, monsieur. Tan sólo os pido a cambio vuestro testimonio... un testimonio completo. Que me lo digáis TODO, y toda la verdad, acerca de los Trece Sapos, acerca de vuestros compinches... de todas las acciones que habéis cometido en el pasado, de las que planeáis para el futuro, de vuestra organización, de vuestra financiación, de vuestros escondites... TODO. Y os aseguro que sé mucho sobre vosotros, conozco numerosos detalles que no dejaré que paséis por alto, si lo hacéis, daré vuestro testimonio por insuficiente y no podréis acceder a los privilegios que os esperan si quedo complacido.

>>Si lo que me decís es suficiente, si no me escondéis nada y sobre todo, si me reveláis, con nombres y apellidos a aquellos que pertenecen a vuestra organización y testificáis en futuro juicio contra ellos, os ofrezco el perdón. Este perdón implica que entenderé que vuestro ataque fue perpetrado en razón de un chantaje de la banda, que amenaza a vuestra familia. Añadiré lo que sea necesario para legitimarlo y os daré público perdón, no levantaré ninguna denuncia sobre vos y paralizaré las presiones que estoy ejerciendo para que Su Majestad os exija renunciar a vuestro título y que seáis expulsado de vuestro regimiento. Podréis volver a la vida pública intacto, y proseguir vuestra vida como hasta ahora, pero sin los 13 sapos.

>>Ahora bien, si no quedo satisfecho con vuestra declaración, preparaos para vuestro fin.

>>Hablad, Barón, hablad... y no paréis de hacerlo hasta que salga de vos el último detalle que conozcáis, aunque fuera insignificante. Vuestra vida depende de ello...

Un guardia hace entrar dos sillas y un escritorio, el fraile se dispone a transcribir la declaración, mientras le Comte d'Ille se pone cómodo y mira con atención al Barón.

Jacques está confuso,sin saber muy bien que ha pasado,pero a medida que le narran los acontecimientos su cara se torna triste y compungida,pero siempre mirando a los ojos del que fuera su amigo.

  -Monsieur Lavoisier,si lo que me decis es cierto no tengo perdón, no sólo he traicionado a mi país atentando contra uno de sus mas importantes personajes, sino que he puesto en peligro la vida de un fiel amigo, y la de su familia.

>>Creedme si os digo que no sé porque hice lo que decís, realmente no recuerdo qué pasó, ni que yo haya escrito ninguna nota, ni pertenecer a tan abominable organización como son los Trece Sapos.

>>Sin duda no era la persona que conocéis tan bien la que hizo tal acto, por llamarlo de algun modo. Pero de hecho las circunstancias indican que fui yo el malhechor, aun cuando no recuerdo nada de lo sucedido.

>>Como hombre de honor que soy, acepto mi culpa, aceptaré mi castigo, sea cual sea, os digo a vos, con el monje como testigo, que renuncio a mi cargo en el cuerpo de Mosqueteros, pues un cuerpo tan honorable como ése no merece tener a un bellaco como yo en su seno. Si Su Majestad así lo dispone pongo mi título a su merced, pero por favor no dejéis que mi familia se hunda conmigo, no ahora que espero otro vástago, mi amada esposa no sé que será de ella sin mí.

>>Os lo digo siempre mirandoos a los ojos para que veais que no os miento, no recuerdo haber hecho tal acto de forma consciente, lo último que recuerdo es acostarme la noche antes, junto a mi esposa, pero nada más. Soy consciente de que he sido hallado en la escena del crimen, así que no puedo ir contra todo el mundo cuando se me ha detenido, pero quiero que sepais que nunca atentaría contra vos o vuestra familia siendo yo el que dominara mi cuerpo, puesto que os considero un gran amigo, y siempre os he tenido en muy alta estima.

>>Os pido pues que, decidáis lo que decidáis, no permitáis que mi familia salga mancillada, yo asumo mi responsabilidad y mi castigo.

>>Y sabed que, vaya donde vaya, siempre os llevaré conmigo; a vos, a mi rey, a mi país, a mi familia y a todos mis amigos.

>>Ahora por favor si me dejáis un rato a solas,o en la compañía del monje para que sea testigo de que no haré nada, y me dejáais un poco de luz, me gustaría escribir una carta a todo París, y a vos mismo, y me gustaría que la diérais a conocer.

>>Espero aceptéis mis disculpas más sinceras,y con esto no quiero vuestro perdón, sólo que sepáis que nunca os haría daño, a vos, mi amigo.

Denis Lavoisier se acerca al barón cuando este termina su exposición y con un gesto de impotencia le mira a los ojos y dice:

  -Jacques, amigo, no me dejáis otra alternativa. Recordad que cuanto antes recuperéis la memoria antes saldréis de este infierno. Vuestro destino no está en mis manos, sino en las vuestras.

Lavoisier se da la vuelta y se dirije a la puerta pronunciando las siguientes palabras:

  -Monje, es todo vuestro.

  -Lavoisier... os juro por lo mas sagrado que os estoy diciendo la verdad,pero más no puedo hacer... sino acogerme a que Dios os hará ver vuestro error... y lo equivocado que estáis, ahora empiezo a ver las razones de que tengáis gente en contra... torturar de este modo... ¡¡DIOS MIO AYÚDAME A SOPORTAR LO QUE ME VIENE ENCIMA Y GUIAME HACIA LA LUZ ETERNA!!

Haciendo acopio de su fuerza de voluntad, Monsieur de la Loire pone cara inexpresiva, lo tumban en el camastro y le atan pies y manos; cuando ve que el monje saca de la bolsa un gran cuchillo para cortar la ropa, de la Loire no puede dejar de mirar su cara y cree ver una sonrisa en los labios del monje mudo... el terror empieza a formarse en la cara de Jacques de la Loire, aun cuando en su interior sigue sin recordar nada de lo que se le acusa... pero eso ya poco importa... ya no hay vuelta atrás...

La puerta comienza a cerrarse con un chirrido detrás del Comte. Fuera, un grupo de guardias esperan instrucciones en vano mientras M. Lavoisier habla para sí mismo:

  -Recordarás... Claro que recordarás.

. . .

El aleteo de unas palomas hace levantar la vista a Grichet de Wardes, que inmediatamente tiene que cubrirse los ojos del sol, bajándose un poco más el ala del sombrero. Se encuentra, después de tantos años de ausencia, en la Place de Notre Dame. La catedral se alza frente a él, con geométrica majestuosidad. Tras un momento de duda, dirige sus pasos hacia el acuartelamiento de la Guardia Real. Quizás todavía encuentre por allí a algún viejo camarada.

Lili Montparnasse no podía creer el extraño obsequio que acababa de recibir: una enorme vasija de cristal llena de agua, en la que unos peces de colores nadaban sin cesar. Dominique Sanglant, contento con el efecto conseguido, sonreía pensando en que la conquista era cosa hecha. Tras despedirse educadamente de la dama, se encaminó a les Tuiles Bleues. Allí lo esperaban Jean Cricton, Jean Monfort, Villiers Daugé de Chevreuse, Jean-Baptiste de la Tour Noir y Pierre du Fo, estos dos últimos en extremos opuestos del salón y lanzándose miradas asesinas. Por las explicaciones que Cricton le dio, se enteró de que ambos se habían emplazado para batirse la semana siguiente por alguna puntillosa cuestión de honor regimental, pero que por el momento no querían perderse la diversión por nada del mundo. Llegado Dominique Sanglant se comenzó a beber, aunque algunos ya habían tomado ventaja al respecto. Pero el vino es a veces traicionero, y Jean-Baptiste de la Tour Noir acabó llorando estrepitosamente en un rincón, mientras llamaba a una tal Blanche que no sabemos si era su nodriza de la niñez o alguna aventura juvenil. Mientras, Jean Monfort se metió en problemas mayores: al descorchar una botella, el corcho salió rodando y Jean Monfort se empeñó en recuperarlo, saltando tras él. El problema es que el tapón acabó bajo las faldas de Charlotte Pézet, que entraba en ese momento, y el borracho caballero no dudó un momento en zambullirse bajo ellas. Por supuesto, la asustada dama lanzó un chillido, y de nada sirvieron los balbuceos de Jean Monfort intentando disculparse, ni sus intentos de regalarle el rescatado corcho para desagraviarla. Veremos lo que dice Hubert de Béthencourt respecto a tan grosero comportamiento para con su dama; suponemos que pedirá una satisfacción a Jean Monfort.

Satisfacción tuvieron Clément de Cazotte y Jean Parrot tras su asistencia al estreno en le Théatre: la obra, "Perdu dans la traduction", fue un éxito apoteósico, llena de humor inteligente y emocionantes aventuras de un espadachín en un lejano país extranjero.

Segunda semana
Tras las excelentes críticas de la semana anterior, Maurice de La Fontaine, Guillaume de Foix y Pierre Chardin decidieron asistir, en algunos casos llevando a sus damas, al teatro. Grichet de Wardes, continuando con su redescubrimiento de París, visitó L'Epée d'Or, mientras Clément de Cazotte y Jean Cricton también pasaban la semana en sus respectivos clubs. Y, mientras tanto, tres carruajes cruzaban la ciudad a toda marcha: en uno, Jean-Baptiste de la Tour Noir; en otro, Pierre du Fo y, en el tercero, Villiers Daugé de Chevreuse y Guillaume de Foix. Llegaron a un punto apartado en el que todos los caballeros se apearon y, amparados en el crepúsculo, se les vio desaparecer en lo que podría ser una de las entradas de las catacumbas de París. Al rato volvieron a salir, Pierre du Fo muy pálido y apoyándose en Villiers para caminar. Subieron a los carruajes y se perdieron en la temprana noche.

Pero el final de la semana aún había de depararnos una sorpresa mayor: un grupo de encapuchados aparecieron en la mansión del Comisionado de Seguridad Pública, burlando la vigilancia de los criados. Por lo que se ha podido deducir de testimonios posteriores, los malhechores intentaron entrar en el despacho del Comisionado y, al no conseguir abrir la puerta, decidieron colocar un barril de pólvora frente a ella. Sin embargo, fueron vistos por el mayordomo, que dio la alarma obligando a los asaltantes a huir, dejando sin embargo el barril con la mecha encendida. Pero el mayordomo, un viejo artillero retirado, sabía cómo actuar en estos casos y diestramente sacó la mecha evitando de este modo la explosión. Pese a que la guardia no consiguió capturar a ninguno de los asaltantes, se rumorea que se tienen indicios de su paradero, aunque el Comisionado no ha querido revelar detalles para no entorpecer las investigaciones.

Tercera semana
Como ya es habitual por algún desconocido motivo, la tercera semana fue la más parca en acontecimientos. Pierre Chardin llevó a Melissa Gilbert a Le Crapaud et l'Apricot, y Grichet de Wardes, Jean-Baptiste de la Tour Noir y Dominique Sanglant se decidieron por fin, tras dos semanas de escuchar elogios, a asistir a la representación teatral. Por cierto que éste último, a quien ya se vio con Lili Montparnasse la primera semana, la invitó esta vez a un palco situado en un lugar apartado de la vista del resto del público, donde le ofreció su amor. La dama aceptó, y la pareja salió del teatro con el semblante feliz.

Cuarta semana
  No me obliguéis, señor, a usar la vara, pues aunque yo sea criado y vos caballero, mis acciones son en nombre de Su Excelencia el general Picard, y por él serán respaldadas llegado el caso.
Ante esta amenaza, Jean Parrot desesperó finalmente de visitar a Evelyne Garabedien y, tristemente, bajó las escalinatas de la mansión de los Picard. La lluvia gris, chorreando desde las alas de su sombrero hacia su capote, parecía añadir un tinte aún más sombrío a sus pensamientos. Sin siquiera levantar la cabeza, encaminó sus pasos hacia Le Crapaud et l'Apricot, donde tras un breve saludo a Clément de Cazotte pidió una botella y se sumió en una sombría meditación.

Mientras, en les Tuiles Bleues el ambiente era muy distinto: Guillaume de Foix, Maurice de La Fontaine, Hubert de Béthencourt y Pierre Chardin, los tres primeros con sus respectivas damas, se encontraron en lo que en un principio tenía que ser una reunión de mosqueteros, aunque al final la admisión fue bastante menos estricta y cualquiera que no tuviese que ver con la guardia del Cardenal era bienvenido. A destacar la breve aparición de Jean Monfort, que prácticamente no hizo nada más que entrar y salir, no dando tiempo a Hubert de Béthencourt ni tan siquiera a verle llegar. Suponemos que el desafío, si lo hay, tendrá que esperar hasta el mes que viene.

Mientras, L'Epée d'Or contaba con la presencia de sus habituales (le Comte d'Ille y Su Eminencia Cardenal Du Heyn) amén de un viejo amigo del primero: Grichet de Wardes. Celebraron el reencuentro con brindis, risas e historias de su larga ausencia, mas no por ello des Wardes perdió el tiempo, y conquistó el corazón de una amiga de la Comtesse, Christine Daé, que recordaba a Grichet de los viejos tiempos y quiso también darle la bienvenida... y a fe que lo hizo.
Sin embargo, un incidente vino a enturbiar esta entrañable velada: al abandonar el club para dirigirse a su palacete, se encontró le comte con que su carruaje había sido robado, y el cochero atado y amordazado, inconsciente pero vivo, con una nota prendida en la ropa:

LOS TRECE SAPOS CONTINUAMOS VIVOS...

El enfadado comte exigió de inmediato otro carruaje para llevar a su esposa a casa, y no se privó de hacer algún comentario desagradable sobre "el incompetente que Richelieu me ha obligado a nombrar como Comisionado".

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

CARGOS PARA EL MES DE ABRIL

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
----------------------- ----------------------  ------  ----------
Jefes de Division       Tte.General o superior     8    Aide General
Aides de Ejercito       Coronel                    5    Jefes Ejercs.
Mayores de Brigada      Mayor                      3    Jefes Bgdas.
Quartermasters          Brigadier General          6    Jefes Ejercs.

CARGOS PARA EL MES DE MAYO

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
----------------------- ----------------------  ------  ------------
Aides de Division       Teniente Coronel           4    Jefes Divis.

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

En primer lugar, gracias a Johnny y a Alberto por la magistral escena del interrogatorio, que se han currado a medias vía e-mail y de la que me han ido enviando copias puntualmente. Da gusto ver cómo los personajes cobran vida más allá de donde los árbitros podemos llegar. Ahora ya sólo falta que, después del milagro, el monje deje la Orden y se gane la vida como humorista de ésos de micrófono, contando chistes (y los dos implicados ya sabéis por dónde voy ;-))

Como algunos ya sabéis, el próximo sábado 1 de mayo celebraremos el duodécimo aniversario de la partida. Nadie recuerda a ciencia cierta cuándo empezó exactamente, pero la primera crónica que se conserva data del 22 de abril de 1992, de modo que tomamos esa fecha como referencia. El que quiera y pueda venir, ya lo sabe: que nos mande un mensaje, o simplemente que quede con alguien de la lista. Llegar a la finca campestre donde los Reales Secretarios procesan el turno no es fácil si no se conoce la zona, pero los interesados podrán compartir carruaje con le Comte d'Ille o con cualquier otro que ya nos haya visitado anteriormente. Barbacoa, calçotada, arepas... el menú suele improvisarse con bastante éxito, y este año quizás tengamos alguna especialidad del lejano Japón ;-).

La fecha límite para el proceso del turno será el viernes, 30 de abril de 2004. Ojo los que soléis retrasaros unas horitas, porque los secretarios probablemente procesaremos el turno el mismo sábado día 1 de mayo mientras los jugadores preparan algo de comer.


®"En Garde!" es una marca registrada de Margam Evans Limited

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