Preux et audacieux: Una partida de En Garde!® por e-mail

REAL CRÓNICA DE AGOSTO DE 1636

Aquí no queda sitio para nadie.
Joaquín Sabina

GACETA MILITAR

Jaca
El general De Guer decidió cerrar la campaña de verano con un festival de fuegos artificiales. Un ataque nocturno a Jaca, con toda la División, puso contra las cuerdas a la guarnición de la ciudad, aunque no puede decirse que los pillase desprevenidos. Si bien el resultado no fue definitivo para el destino de Jaca, sí que fue satisfactorio para algunos de los participantes en el combate, como le Baron de la Papillotte, Maurice de La Fontaine y Laurent Etcheverry, que obtuvieron ascensos, Dominique Sanglant, que vio confirmado su rango, o el general Picard, que obtuvo una mención. La otra cara de la moneda la presentó la muerte de Patrice de Lautreamont, abatido al intentar trepar por uno de los muros. En su caída, además, tuvo tan mala fortuna que golpeó a Guillaume de Foix, que dirigía a un destacamento de los Mosqueteros para tomar el torreón norte, aunque éste último pudo contarlo.

R.I.P.
Rogad a Dios por el alma de
PATRICE DE LAUTREMONT
Capitán de los Coraceros del Delfín

[Cruz para la tumba]

Sus compañeros de los Coraceros del Delfín agradecerán
UNA ORACIÓN

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana
  -Nunca os he amado.

Tal fue la única razón que Armand de la Fère dio a la desconsolada Charlotte Pézet para romper su relación. Tras lo cual, sin mirar atrás, éste salió de la residencia de la dama y se dirigió a su casa sin aparentar darle la más mínima importancia al suceso, mientras Charlotte seguía llorando en su alcoba sin que su doncella pudiese hacer nada por consolarla.

Ajenos a tales desgracias, Laurent de Boisier y su querida Christine disfrutaron de un excelente estreno teatral en un palco del Royale. Jean Parrot, por su parte, también declaró haberse entretenido con la obra, aunque en su caso fue desde la platea. Estuvo esperando, en vano, a Pierre du Fo, y cuando fue evidente que éste no iba a venir, se encogió de hombros y musitó: "Él se lo pierde".

Segunda semana
Las calles vieron pasar, una vez más, el ya habitual carruaje del padre Martin du Heyn, dirigiéndose como de costumbre a su cena mensual con le Comte d'Ille. Sin embargo, la cena revistió esta vez un cariz bien diferente:
  -He traído lo que me dijisteis, monsieur le duc.
  -Estupendo, estupendo, Excelencia. Vereis que no es en vano que os he pedido el engorro de traerlo -la voz del Duc sonaba más jovial que de costumbre-. Pasad por aquí y os mostraré mi último capricho.
El "capricho" en cuestión era ni más ni menos que un espaciosísimo salón de esgrima, con las paredes totalmente cubiertas de espejos y, en un rincón junto a la puerta, varias panoplias de armas, máscaras, botones de cuero, y demás accesorios y protecciones.
  -Dado que el duelo es ilegal, he pensado que el noble arte de la esgrima no debería perderse, puesto que mantiene en forma cuerpo y espíritu. Como podeis ver, aquí se puede practicar privadamente, sin dar mal ejemplo a las clases bajas, y además con las debidas protecciones que impidan cualquier desgracia.
  -Me habeis dejado sin habla, Duc -la respuesta de S.E. el Arzobispo du Heyn vino acompañada de un breve destello en los ojos-. ¿Debo inferir del hecho de que me hayais insistido tanto en que traiga mi florete que debo considerarme vuestro, ejem, invitado?
  -¡Pero por supuesto, Excelencia! Preparémonos y, después de los lances, disfrutaremos de un refrigerio.

Ajeno a tales lances, Armand de la Fère disfrutaba de una excepcional racha de suerte en Chasseurs, abandonando el local con una buena cantidad de dinero. Pierre Chardin, animado por las buenas críticas, se dirigió al teatro, y Gerard Ampourdan por su parte acudió a visitar a Villiers Daugé de Chevreuse, que se recupera en su casa de la herida sufrida durante su rescate. Al mostrar Gerard Ampourdan su interés, Villiers le leyó algunos fragmentos de la obra que ya tiene prácticamente terminada.

Tercera semana
No tuvo tanta suerte Hubert de Béthencourt al intentar imitar la racha de Armand de la Fère de la semana anterior: se dirigió a les Tuiles Bleues, y salió enfadado y sin un luis en el bolsillo.
Y poco más que contar: la semana fue tan soporífera como el sermón de la misa a la que Jean Parrot asistió y en la que acabó quedándose dormido. Solamente destacar que Villiers Daugé de Chevreuse ya pudo salir a la calle, y se dirigió a le Théatre Royale para hablar con su director, seguramente para intentar convencerlo de que estrene su obra.

Algo que sorprendió a todo París, especialmente a las clases más necesitadas: los hombres del Comisionado de Seguridad Pública efectuaron una redada en la Cofradía de la Caridad fundada por el difunto fray Pierre Duval. No contento con llenar la ciudad de patrullas como viene haciendo últimamente, S.E. el Arzobispo du Heyn sospecha que el levantamiento armado del mes pasado podría haberse fraguado en los comedores de la Cofradía, punto de encuentro habitual de las clases más bajas de la ciudad. Desconocemos si el registro llevado a cabo ha dado algún fruto, pero sabemos que las escasas detenciones realizadas han durado apenas unas pocas horas, y los detenidos han sido puestos en libertad casi sin interrogatorio.

Cuarta semana
A todos nos da la impresión de que Gerard Ampourdan es un caballero poco confiado: cuando habla o escucha, no deja de mirar en su derredor, nunca deja la mano lejos de la empuñadura de su rapier, sus movimientos siempre son ágiles y cautos a la vez y, en general, parece muy acostumbrado a cuidar de sí mismo. Por eso debió parecerle una broma que cuatro sujetos se pasasen la semana siguiéndole, atropellándose unos a otros y, en general, estorbándose mútuamente de tal manera que Gérard dudó bastante rato de si realmente le estaban siguiendo o se trataba de la troupe de payasos de Villiers ensayando algún nuevo número cómico. Finalmente se llegó a la iglesia de la Madeleine, se sentó en un guardacantón de la plaza, la espalda contra la fachada y la mano en la empuñadura, y dijo en voz alta:
  -Señores, si me están espiando les advierto que pueden ahorrárselo porque no tengo planes de hacer nada interesante esta semana; si se trata de una emboscada les aconsejo que antes se pongan de acuerdo entre ustedes, no sea que se les escape alguna estocada fuera de lugar, y si lo que quieren es espectáculo les recuerdo que mis honorarios son tan válidos para alquilar mi talento artístico como para alquilar mi espada, de modo que igualmente les recomiendo que se dispersen cada uno por su lado si no quieren que les pase factura después. Y tengo muy mal talante para con los morosos.
Al oír estas palabras, y sabiéndose ya descubiertos, los espías partieron avergonzados cada uno por su lado y Gerard Ampourdan pudo dedicarse tranquilo a sus asuntos.

La semana abundó en reuniones (más convencionales que la que tuvo lugar alrededor de Gerard Ampourdan), y sin lugar a dudas la más divertida fue la que celebraron en Philippe le Rouge Jean Parrot, el casi recuperado Villiers Daugé de Chevreuse y Pierre Chardin; éste último, echando mano del inagotable repertorio de chistes que la bebida le inspiró, causó verdadera sensación entre propios y extraños. La otra cara de la moneda la puso Armand de la Fère en L'Epée d'Or; la cena informal de ministros convocada por le Comte d'Ille no tuvo mucha asistencia, debido seguramente al poco tiempo con que avisó a Sus Excelencias, y solamente él mismo, S.E. el Arzobispo du Heyn y el antedicho Armand de la Fère asistieron a la misma. Éste último, que abusó sin medida del excelente vino servido con los primeros platos, acabó vomitando sobre el faisán, con el consiguiente disgusto del resto de los asistentes, que se levantaron y abandonaron la mesa enfadados.
Mejor espectáculo tuvo Hubert de Béthencourt, quien casi por los pelos llegó a la última representación teatral del mes.

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES