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REAL CRONICA DE OCTUBRE DE 1632

CRONICA MILITAR

Terminada la campaña de este verano, el otoño nos ha deparado una agradable sorpresa. En el frente, el Tercer Fronterizo fue sorprendido por la aparición de Phillipe la Mochen al mando de un pequeño destacamento de soldados que en paupérrimas condiciones volvían de las líneas enemigas. Aunque en un primer momento los centinelas estuvieron a punto de dispararles, al oírles entonar canciones de batalla francesas se contuvieron hasta enterarse de que eran los fugados de uno de los campos de prisioneros holandeses. Y esta es la historia de su evasión contada de la boca de uno de estos soldados:

Estuvimos toda la noche sin dormir con nuestras esperanzas puestas en que el cocinero hubiese creído en las excelentes virtudes culinarias de cierta hierba silvestre y la hubiese incorporado al rancho, y confiando en los conocimientos obtenidos sobre la zona durante varias semanas de interrogatorios disfrazados de conversación intrascendente. Al amanecer, a la hora que nos hacian abandonar las celdas para ir al trabajo, nos percatamos de la falta de personal y de los numerosos viajes hacia las letrinas que realizaban los pocos que quedaban, así que aprovechando la confusión nos colamos en el polvorín de la guarnición. Algunos de nuestros camaradas fueron allí batidos, pero la sorpresa y el malestar reinante nos permitieron apoderarnos de él. Una vez conseguimos esto pasamos por las armas al resto de los guardias y volamos el fuerte utilizando varios barriles de polvora del polvorín capturado.

Después, por caminos poco frecuentados, seguimos una ruta lo más directa posible hacia nuestra patria. Tuvimos alguna dificultad cuando estuvimos a punto de encontrarnos con una patrulla de flamencos, pero la suerte nos acompañó y conseguimos evitarlos. Sólo al final temimos lo peor, pues pensábamos que seríamos abatidos por nuestros propios compañeros; por suerte, la idea del capitán la Mochen de cantar la marcha de nuestro Regimiento consiguió que nos reconocieran y consiguiéramos volver a nuestra amada Francia. Pues esta es la historia, ahora sólo queda por ver si este bravo capitán será recompensado por la planificación y ejecución de esta espléndida evasión y por sembrar el desconcierto entre la filas de nuestros enemigos.

(Nota: Muchas gracias a Fernando Pascual por redactarme la crónica de su propia evasión.)

ECOS DE SOCIEDAD

El general novato

La entrada en el generalato de le Viscomte d'Ille no ha podido ser más peculiar. Después de volver a París a la cola de sus tropas tal y como había prometido, se personó en el Estado Mayor dispuesto a tomar posesión de su despacho. Al percatarse de la enorme carga de trabajo administrativo que le esperaba, puso un gesto de espanto que no pasó desapercibido a otro Excelentísimo miembro del Estado Mayor, quien le tranquilizó: "Tranquilo, Monsieur, cuando llegue vuestro ayudante se hará cargo de la mayor parte de todo este trabajo". A lo que Lavoisier respondió: "Sí, claro. Tengo ganas de saber quién será. Decidme, Monsieur; en confianza; tengo un amigo con cuya eficacia y dedicación me gustaría contar. ¡Creéis que existe alguna posibilidad de que pueda utilizar mi influencia en su favor para que sea nombrado mi ayudante?" A lo que éste respondió con una risotada: "íPues claro, Monsieur! ¡Queréis decir que todavía no sabeis que vos sois el encargado de nombrar a vuestro propio ayudante? ¡Qué otra cosa esperabais?" Ante lo cual el azorado Lavoisier musitó una excusa y se retiró discretamente pasillo abajo mientras el viejo general sonreía para sus adentros diciendo: "Desde luego, estos novatos..."

Pero no acaban aquí las andanzas de nuestro flamante General. Para celebrar su nombramiento asistió a la representación de le Théatre Royale en compañía de su esposa. Tras una satisfactoria representación que levantó comentarios elogiosos en los palcos, los Viscomtes salían del teatro acompañados por Jean Luc d'Armand, Chevalier d'Honneur, a cuyo palco habían sido invitados, cuando de repente una veintena de mujeres de dudosa reputación se arrojaron sobre él entre risas y chillidos de "íLavoisier, Lavoisier!", apartándolo de su esposa y haciéndolo caer bajo el tumulto. Tras el inicial sobresalto, el divertido d'Armand se abstuvo de intervenir pensando que se trataba de una novatada de sus nuevos colegas del Estado Mayor, y los denodados esfuerzos de la esposa por arrancar a su marido de las garras de las reinas de la noche resultaron en balde. Al final, d'Armand llamó a un carruaje y, entre él y la Viscomtesse consiguieron arrastrar al agobiado Lavoisier hasta el interior del mismo, mientras le Viscomte sujetaba sus huidizos pantalones como buenamente podía y gritaba débilmente: "íMi sombrero! íMi capa! íMi rapier! íSocorro! íQue me desnudan!" Al ver que su presa había conseguido huír, las ardientes damiselas se dispersaron rápidamente mientras, dentro del carruaje, d'Armand hacía esfuerzos sobrehumanos por aguantar la risa para no ofender a le Viscomte, de quien excusaremos describir su miserable estado.

Misa pro defunctis

La segunda semana, fray Martin du Heyn celebró una solemne misa por los caídos en la pasada campaña. Asistieron a ella además del oficiante, fray Jacques de Luc (que ayudó a misa y leyó el siempre emotivo párrafo "Yo soy la Resurección y la Vida"), Grichet des Wardes, Pierre Merlot, Laurent de Boisier, Gaston d'Orange y Antoine de Hautemort. Ausencia destacada la de Armand Jalabert, a quien todo el mundo esperaba ver pero que al final no apareció. Más tarde nos enteramos de que monsieur Jalabert había estado mientras tanto bebiendo en les Tuilles Bleues, quizás porque temió no sentirse cómodo entre tantos miembros del estamento militar, o al menos eso fue lo que le contó a J.Luc d'Armand, Chevalier d'H., con el que coincidió en la barra principal.

Pero no fueron estos dos caballeros los únicos que prefirieron prescindir del servicio religioso: también Joseph de Le Bestier, a quien vimos melancólicamente apoyado en una columna del salón principal de la Garde Montante, y los que ya empiezan a ser conocidos como Los Tres Mosqueteros: Amadis L'Amour, Jean François LaCroix y Jean-Paul Ouedec. También Jean-Luc du Foix pasó el rato en le Cripaud et l'Apricot, pero en este caso tan melancólicamente como Joseph de Le Bestier.

Fiesta en casa de le Viscomte

La tercera semana se celebró en la mansión del general Lavoisier una fiesta para celebrar su ascenso, fiesta a la que asistieron Jean François LaCroix, Grichet des Wardes, Amadis L'Amour, J.Luc d'Armand, Chevalier d'H., Armand Jalabert, Eric du Perpignan, Chev. d'H. y Jean-Paul Le Mound, además de su flamante ayudante Antoine de Hautemort. Al comenzar la misma, aprovechando que todavía nadie había bebido se celebró un pequeño torneo amistoso de esgrima entre los asistentes. Le Viscomte comprobó personalmente que todas las armas estuviesen debidamente embotadas y, de todos modos, su todavía más prudente esposa exigió la presencia preventiva de un cirujano para actuar ante cualquier tipo de accidente. Como de costumbre en los eventos de este tipo que organiza, Denis Lavoisier,Viscmt. d'Ille participó en el torneo aún siendo el anfitrión, pero con la condición expresa, impuesta por él mismo, de retirarse si llegaba a la final, dando por tanto la victoria al que quedase en segundo lugar. Se organizaron grupos, y los combates fueron al tercer toque. J.Luc d'Armand, Chevalier d'H., ganador del torneo, recibió una pistola bellamente adornada (entregada en su debida cajita preciosa), arma que, según palabras del propio Lavoisier, "es de uso impropio entre caballeros, pero muy útil en el frente". Sin embargo, no menos apreciados fueron los regalos que llevó el propio J.Luc d'Armand, Chevalier d'H. a sus anfitriones: una espada de fino acero toledano para le Viscomte, un precioso chal tejido en tierras flamencas para la Viscomtesse, y una muñeca de la más fina porcelana para la pequeña hija de ambos.

Tras la esgrima, los participantes en el torneo tuvieron ocasión de asearse en habitaciones destinadas a ello. La cena consistió en un buffete caliente y bebidas, mientras una orquesta amenizaba la velada con música alegre que acabó incitando al baile a la mayoría de las parejas. Se brindó por los títulos de Chevalier adquiridos por Eric du Perpignan, Chev. d'H. y J.Luc d'Armand, Chevalier d'H., y por el reciente generalato del mismo Denis Lavoisier,Viscmt. d'Ille. Pero la noticia bomba de la noche la dio el propio anfitrión, al comunicar a la concurrencia que su esposa, a la que colmó de atenciones durante toda la noche, volvía a estar en estado de buena esperanza. Tras un brindis final en el que se brindó por que el futuro bebé fuese varón, la fiesta continuó hasta altas horas de la madrugada.

(Nota: Más gracias, esta vez a Jonathan, por la detallada explicación de la fiesta que, como él mismo podrá ver, me ha sido utilísima) (-:@

Animación en los clubs

La cuarta semana fue Pierre Merlot quien anfitrionó una fiesta, esta vez en su club como corresponde a un soltero. La Garde Montante se vio literalmente invadido por Jean-Luc du Foix, J.Luc d'Armand, Chevalier d'H., Eric du Perpignan, Chev. d'H., Adrien Ducroix, fray Martin du Heyn, fray Jacques de Luc, Joseph de Le Bestier y Antoine de Hautemort. El anfitrión regaló una botella de excelente vino a J.Luc d'Armand, Chevalier d'H. para celebrar su título de caballero, y éste insistió en descorcharla allí mismo y compartirla con sus amigos, en un augusto gesto de generosidad. A continuación se brindó, a instancias del propio Merlot, por todos los bravos hombres de Francia, por los que han recibido en el reciente combate el título de Caballero de honor o menciones en la Orden, por los Dragones, "el honor de Francia montado a caballo" según palabras del mismo anfitrión, y por el Coronel Le Bestier, "el mejor superior que pueda uno imaginarse". También se tuvo un recuerdo para los caídos, principalmente para M. de Maurice, "uno de los hombres más valerosos que ha dado Francia", siempre citando a monsieur Merlot. Además, éste hizo donación a Martin du Heyn de 750 Coronas para su noble causa. La fiesta terminó con un improvisado coro militar organizado por Jean-Luc du Foix.

Mientras tanto, aunque sin tanta celebración, otra animada reunión discurría en Les Chasseurs: Jean François LaCroix, Amadis L'Amour y Jean-Paul Ouedec coincidieron con Jacques Lebeau y Jean-Paul Le Mound, con lo que se formó una animada tertulia regada con abundante cerveza.

CRONICA TEATRAL

Una obra que agradó al público. "La Boulangère" fue una obra sin pretensiones, pero correcta y con un planteamiento simple y eficaz que agradó y entretuvo al público. Realmente esta compañía de jóvenes actores promete, y esperamos que monsieur le Directeur vuelva a contratarlos para el solaz de los parisinos en un futuro próximo.

CARGOS PARA EL MES DE NOVIEMBRE

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
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Soldados escolta Real   Soldado Guardia Real       8    Capitan Escolta
Sold.escolta Cardenal   Soldado Guardia Cardenal   8    Capitan Escolta

CARGOS PARA EL MES DE DICIEMBRE

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
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 1 Ministro sin Cartera  Brgder. o Baron           10    Min.Estado

NOTAS DE LOS ARBITROS

Bueeeno, a ver si con este turno y el próximo vamos recuperando la regularidad. Ya sé que nos retrasamos siempre una o dos semanas, pero hay que buscar el momento en que los dos tengamos disponibilidad. Cuando uno no está de viaje lo está el otro, y no siempre podemos coincidir. De todas formas, estamos buscando una solución, de modo que tened un poco de paciencia.

La fecha límite para la entrega del próximo turno es el VIERNES 3 DE DICIEMBRE DE 1999 a las 23:59, de modo que el sábado 4 o el domingo 5 procesaremos el turno.

íGracias a todos!

Atentos saludos del Secretariado de Su Majestad Luis XIII


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