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                        REAL CRONICA DE MARZO DE 1631
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                              CRONICA MILITAR
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Denis Lavoisier, viscomte de l'Ille, tuvo un extraño pensamiento al ver llegar la fúnebre comitiva: "Parece un funeral vikingo". En efecto, la estampa de cuatro hombres en medio de la niebla, llevando un cuerpo exánime en unas angarillas levantadas en alto debido a lo accidentado del terreno, hacía pensar en guerreros nórdicos que transportaban sobre el escudo a su jefe caído. Pero Lavoisier no se encontraba en los fiordos noruegos sino en la frontera con el Ducado de Milán, y no era un caudillo vikingo el cadáver objeto del transporte, sino nada menos que su buen amigo Pierre Le Moyne d'Yberville, Mayor de los Mosqueteros del Rey.

Poco a poco se fueron reconstruyendo los detalles del triste suceso: como ya tenía por costumbre en todas sus campañas, D'Yberville decidió salir a dar una batida con un puñado de hombres para buscar posibles huecos en las posiciones enemigas. Después de un buen rato de cabalgar sigilosamente, d'Yberville y su grupo encontraron un pequeño desfiladero que parecía subir a la colina en la que se encontraba la artillería milanesa, pero por la parte de atrás. Sin embargo, la inminente caída de la noche y la consiguiente falta de luz les obligó a interrumpir la exploración.

Sin embargo, el inquieto d'Yberville no supo esperar al amanecer para enviar una patrulla, y volvió, en mitad de la noche, a comprobar sus sospechas, armado solamente con una linterna de mecha y su inseparable rapier. Monsieur d'Yberville pagó muy cara su falta de prudencia: una piedra desprendida produjo un ruido que alertó a una patrulla, la cual dio la voz de alto. Al intentar d'Yberville huir pasando desapercibido, provocó un pequeño desprendimiento que le hizo trastabillar y, además, orientó perfectamente a los patrulleros, quienes dispararon sin vacilar en la dirección del ruido y, tras comprobar que habían dado en el blanco, lo dejaron allí en espera de que el relevo de la mañana recogiese el cadáver.

Al cabo de unas horas, los miembros de la pequeña partida que había acompañado a d'Yberville el día anterior, al encontrarlo a faltar y temiendo el motivo de su ausencia, decidieron ir en su busca en dirección al pequeño desfiladero, justo antes de que despuntara la mañana. Ante el trágico hallazgo, lo único que pudieron hacer fue recoger el cuerpo y llevarlo de regreso a sus líneas.

Grichet des Wardes ha pasado a ocupar el puesto de d'Yberville para conservar la cadena de mando, mientras que el puesto de Teniente Coronel que parecía estar reservado a nuestro difunto héroe ha sido ocupado por Amadis l'Amour.

                                    R.I.P.
                          Rogad a Dios por el alma de
                      PIERRE LE MOYNE D'YBERVILLE, Ch.d'H.