REAL CRONICA DE MARZO DE 1627
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                        EL FIN DE UNA TRAGICA VIDA

El curtido veterano del Regimiento de los fronterizos inclinó la cabeza
apesadumbrado a la vista de la triste escena. A sus pies yacía el cuerpo
destrozado y sin vida de un civil vestido de uniforme, que por culpa de
los azares de la vida perdió lo poco que le quedaba. ¿Dónde está la
solidaridad de que hacen gala las mentes más eminentes de la sociedad
cuando un hombre es obligado a luchar para poder saldar sus deudas?
Para Pascal de Borland, la vida nunca fué precisamente un paseo: sumido
desde el primer momento en las dificultades económicas, tuvo que
soportar la infamia de la bellaquería y el desprecio de sus
conciudadanos por su incomparecencia ante un duelo comprometido.
Su compañera de infortunios, Charlotte Pézet, llora ahora su ausencia
recordando los momentos pasados.
No deja de ser una ironía del destino el que un hombre como Pascal, que
nunca accedió a emprender una carrera militar, haya muerto en el frente
en las circunstancias más penosas.